Salud de la mamá

Mastitis y lactancia: qué es, por qué aparece y tratamiento

Especialmente al comienzo de la lactancia materna, la mastitis suele convertirse en una complicación bastante común, que surge en muchas ocasiones como consecuencia de un estancamiento de la leche materna, lo que produce el crecimiento de bacterias que originan una infección, o por la existencia de grietas en el pezón o heridas en la piel de los senos.

Mastitis y lactancia
Foto: Istock

Durante el embarazo, es normal que los senos estén más sensibles e incluso que lleguen a doler al tocarlos. Se trata de algo muy común; un síntoma típico de la gestación, especialmente durante las primeras semanas y meses, aunque a medida que pasa el tiempo, lo más normal es que esas molestias desaparezcan ligeramente. 

Aunque esto no significa que el cuerpo no siga trabajando con la finalidad de seguir con la evolución del embarazo. De hecho, los senos se preparan para la producción de leche materna, de tal manera que los distintos tejidos mamarios se encuentran en un desarrollo continuo, hasta el momento en el que el bebé nace, cuando el calostro se convierte en su primer alimento.

Tras el parto, es común que los senos estén más sensibles e hinchados, sobre todo cuando se comienza a amamantar. Después de todo, no debemos olvidar que se están llenando de leche, de ahí que al principio incluso puedan surgir algunas molestias típicas, como ocurre con la conocida como ingurgitación mamaria.

Pero cuando se nota que alguno de ellos se vuelve más doloroso, o que de repente surge una sensación similar a la gripe, es posible que las molestias hayan acabado convirtiéndose en una dolorosa mastitis.

¿Qué es la mastitis?

La mastitis consiste en la inflamación del tejido mamario, pudiendo cursar con infección o sin ella. Cuando la inflamación aparece sin que exista originalmente una infección, por lo general suele ser causada por la estasis de la leche, que consiste en la acumulación de leche en el interior del tejido mamario. 

No obstante, lo más habitual es que la inflamación generalmente acabe progresando a una infección, debido a que la leche acumulada se convierte en un entorno excelente para el crecimiento de las bacterias. Por este motivo, es muy común que la mastitis causada por una infección sea por lo general la forma más común.

De acuerdo a los expertos, además del propio estancamiento de la leche, también es posible que en ocasiones se desarrolle una ruptura en el pezón o en la piel de los senos. Cuando esto sucede, las bacterias, como la Staphylococcus aureus, pueden terminar entrando a través de esta ruptura, e infectar el tejido mamario.

Finalmente, una vez se produce la infección, con la finalidad de combatirla el cuerpo libera una serie de sustancias químicas, que son las responsables de la inflamación.

El riesgo de mastitis suele ser mayor durante las primeras seis o siete semanas después del parto. Aunque es cierto que puede ocurrir en cualquier momento a lo largo de la lactancia. Por lo general, la infección suele afectar únicamente a un solo seno, pero también es posible que se presente en ambos senos a la vez.

¿Qué causa la mastitis?

Como te hemos mencionado anteriormente, cuando la causa de la mastitis es una infección, esta generalmente ocurre cuando las bacterias dañinas quedan atrapadas en el tejido mamario. La mayoría de las veces esto sucede cuando un conducto de leche presente en el seno se obstruye, y no se drena adecuadamente. 

En cualquier caso, también puede desarrollarse cuando los gérmenes entran al seno a través de uno de los conductos de la leche o por la existencia de una grieta en el pezón. Una vez ocurre, las bacterias comienzan a multiplicarse, y terminan provocando la infección.

Síntomas de la mastitis durante la lactancia materna
Foto: Istock

Aunque cualquier mamá puede verse afectada durante la lactancia materna, se han identificado algunos factores que pueden hacer que se tenga una mayor propensión a la mastitis:

  • Haber tenido mastitis en el pasado. Se ha encontrado que haber tenido mastitis en el pasado puede hacer a la mujer más propensa a volver a contraerla de nuevo. No obstante, los expertos no saben exactamente por qué ocurre esto.
  • Pezones agrietados. Cualquier grieta, llaga o herida en la piel (como la piel abierta en sí) facilitan la introducción de las bacterias en el tejido mamario.
  • Pasar demasiado tiempo entre las sesiones de lactancia. Esto podría originar el estancamiento o la acumulación excesiva de leche, pudiendo provocar un conducto obstruido.
  • Pestillo o posicionamiento deficiente. Tanto la posición deficiente como la existencia de un pestillo pueden dificultar que el bebé sea capaz de drenar adecuadamente ambos senos, lo que podría provocar también la formación de obstrucciones.

¿Cuáles son los síntomas de la mastitis?

Además del dolor, el enrojecimiento y la hinchazón, cuando existe una infección mamaria es tremendamente común que el seno se sienta caliente al tacto. También es posible que se desarrolle fiebre, así como otros síntomas similares a los que surgen cuando se tiene gripe, como escalofríos y falta de energía, con un mayor cansancio y mucha debilidad.

Durante la lactancia, es común experimentar una sensación muy incómoda, que puede ser dolorosa o de ardor. Mientras que también puede sentirse la aparición de un bulto duro y de textura gruesa. Cuando esto ocurre, lo más habitual es que se deba a la presencia de un conducto obstruido.

¿Cómo se trata?

La mastitis es fácil de tratar cuando se detecta de forma temprana, por lo que es imprescindible acudir al médico desde el primer momento en el que surjan algunos síntomas poco comunes. En caso de que el tratamiento no se aplique rápidamente, y la infección continúe, es posible que se forme pus alrededor del tejido infectado, que podría necesitar se drenado quirúrgicamente.

Los antibióticos orales se convierten en uno de los tratamientos médicos de elección, ya que ayudan a tratar y eliminar la elección, consiguiendo incluso reducir los síntomas con bastante rapidez. Por otro lado, es posible que el médico también recomiende la administración de algún analgésico leve con la finalidad de aliviar el dolor y las molestias relacionadas.

Por otro lado, también se aconseja continuar amamantando tanto como sea posible, empezando siempre por el seno infectado. Se trata de una opción total y completamente segura, que en absoluto afectará al bebé. Además, ayudará positivamente a la hora de desbloquear cualquier obstrucción, eliminando la infección.

Eso sí, es imprescindible acabar con el ciclo completo de antibióticos tal y como lo ha prescrito el médico, y no dejar nunca de tomarlos aún cuando los síntomas mejoren.

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Natursan.

Vídeo de la semana

Continúa leyendo