Violencia Obstétrica

Violencia obstétrica: qué es y por qué genera tanto debate

La violencia obstétrica es un tema que genera mucho debate y posturas contrapuestas. Analizamos por qué y explicamos en qué consiste. Además, hablamos de las cifras en España, cosa que sin duda hace necesario debatir sobre el tema.

violencia obstétrica
Foto Istock

El Gobierno plantea incluir la violencia obstétrica como un tipo de violencia de género: el Ministerio de Igualdad quiere incluirla como delito en la reforma de la Ley del Aborto, por considerarla un tipo de violencia machista. El término “violencia obstétrica” levanta ampollas entre numerosos profesionales y colectivos médicos.

¿Qué es la violencia obstétrica?

Para poder entender el debate que se está generando en torno a la violencia obstétrica hay que tratar, en primer lugar, de acercarnos a una definición sobre lo que implica. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) “La violencia obstétrica se define como una forma específica de violencia ejercida por profesionales de la salud (predominantemente médicos y personal de enfermería) hacia las mujeres embarazadas, en labor de parto y el puerperio. Constituye una violación a los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres”.

Desde el Observatorio de la Violencia Obstétrica, la definen como “la apropiación del cuerpo y de los procesos reproductivos de las mujeres por prestadores de salud, que se expresa en un trato jerárquico deshumanizador, en un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, trayendo consigo pérdida de autonomía y capacidad de decidir libremente sobre sus cuerpos y sexualidad impactando negativamente en la calidad de vida de las mujeres”.

Por tanto, se entiende por violencia obstétrica aquella ejercida sobre la mujer durante todo el proceso de embarazo, en el trabajo de parto y posparto, fundamentalmente.

La OMS hacía referencia en su documento Prevención y erradicación de la falta de respeto y el maltrato durante la atención del parto en centros de salud a que la existencia de “un número cada vez mayor de investigaciones sobre las experiencias de las mujeres en el embarazo y, en particular, el parto, plantean un panorama alarmante” especificando también que “en los informes sobre el trato irrespetuoso y ofensivo durante el parto en centros de salud, se hace mención a un evidente maltrato físico, una profunda humillación y maltrato verbal, procedimientos médicos sin consentimiento o coercitivos (incluida la esterilización), falta de confidencialidad, incumplimiento con la obtención del consentimiento informado completo, negativa a administrar analgésicos, violaciones flagrantes de la privacidad, rechazo de la admisión en centros de salud, negligencia hacia las mujeres durante el parto[...]”.

Ejemplos de violencia obstétrica

Algunos ejemplos de lo que se considera violencia obstétrica son recibir la epidural sin haberla solicitado, ser obligadas a dar a luz sin haber dilatado lo suficiente, haber sido sometidas a cesárea, cuando se dan las condiciones para el parto natural, sin obtener el consentimiento voluntario, expreso e informado de la mujer, dificultar el piel con piel sin causa justificada, tacto realizado por más de una persona, recurrir a la episiotomía como rutina, utilizar fórceps o la maniobra de Kristeller sin haber consultado previamente a la madre…También se considera violencia obstétrica dar un trato infantil, paternalista o humillante a la mujer durante el embarazo, el parto o el posparto.

En general, haber recibido una práctica que haya supuesto no tener un parto respetado también se considera violencia obstétrica. Puedes consultar las situaciones que se consideran parto no respetado aquí.

¿Por qué genera tanto debate?

La violencia obstétrica genera mucha polémica y levanta ampollas entre muchos profesionales médicos. Por un lado, los que aseguran que negar la existencia de la violencia obstétrica es una falacia y consideran que es necesario dar visibilidad, poner nombre, denunciar públicamente la incidencia de las prácticas que constituyen este tipo de violencia y legislarla. Por otro lado, los que consideran que el término “violencia obstétrica” es injusto, abusivo y falso, ya que consideran que utilizar la palabra violencia es, por las connotaciones que esta tiene, identificar al “profesional sanitario como agresor, equiparándolo a un maltratador por violencia de género o un torturador”. Defienden que se trata de mala praxis o negligencia médica.

Tal y como expresa, por ejemplo, Blanca Herrera Cabrerizo, Matrona Hospital Universitario “San Cecilio” de Granada, en el blog de El Parto es Nuestro, la polémica está servida: “De una parte, quienes reconocen (o reconocemos) que la “Violencia Obstétrica” es una realidad que cohabita con nosotros desde hace décadas, que interfiere con el proceso del parto y que afecta de forma severa tanto a la salud física como psicológica de las madres y sus criaturas, así como a las familias y a los propios profesionales que la “ejercen” o de la que son partícipes. De otra parte, aquellos que se niegan a aceptar el término como tal, “VIOLENCIA OBSTÉTRICA”, porque les parece agresivo y ofensivo que se incluya a los profesionales que acompañan al parto y nacimiento (un hecho tan hermoso) dentro de la categoría de criminales como violadores, agresores, homicidas, misóginos, etc., que identifican la “violencia obstétrica” como algo “puntual”, que por supuesto ellos no ejercen, y que puede considerarse como “mala praxis”. 

Desde la Federación de Asociaciones de Matronas de España (FAME), consideran que “Nadie puede decir que no conoce la existencia de violencia obstétrica en los sistemas sanitarios público y privado en España, ya que ha sido reflejada en distintos informes: Prevención y erradicación de la falta de respeto y el maltrato durante la atención del parto, realizado en 2019 por la Relatora Especial sobre la violencia contra la mujer de las Naciones Unidas, Resolución 2306 de 2019, del Consejo de Europa y Estrategia de la Unión para la igualdad de género, del Parlamento Europeo” y añaden que “queda demostrado que en nuestro país se ha ejercido, se ejerce y se seguirá ejerciendo violencia obstétrica si no actuamos de forma contundente y firme. Es hora de dejar de mirar para otro lado y que todos los profesionales implicados en la obstetricia atajemos de raíz el problema, llamando a la violencia obstétrica por su nombre, sin eufemismos”.

Por su parte, la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (S.E.G.O.) ha manifestado su postura mediante un comunicado: “Nos parece inapropiado, tendencioso e injusto el término “violencia obstétrica” por su significado jurídico doloso, como intención de causar daño, ánimo de lesionar, empleo de fuerza o amenazas, tipificable penalmente, que debemos rechazar por completo. No debe confundirse en modo alguno la praxis inadecuada con las expectativas de parto no cumplidas. Sin embargo, es un término que ha permitido poner de manifiesto las experiencias desagradables de muchas mujeres y posicionarlo en el debate público”. También añaden la necesidad y posibilidad de mejorar la asistencia obstétrica: “La S.E.G.O., contando con la colaboración de todos sus socios y la opinión de las mujeres y de otros colectivos sanitarios, ha desarrollado y trabaja en la actualización de guías clínicas para que, con el fin de mejorar en la asistencia al embarazo, parto y puerperio, adaptarlas al conocimiento y la sociedad actual. Así mismo, considera importante escuchar a las mujeres y a sus parejas, e incorporar su participación en las políticas de salud, establecer puntos de reflexión y de intercambio, reclamar medios suficientes a la administración sanitaria y a las entidades aseguradoras, y denunciar sus carencias, para proporcionar una atención respetuosa con la maternidad, enfocada a conseguir que el nacimiento sea una experiencia positiva, en el marco de nuestro compromiso con la EXCELENCIA”.

Desde otros organismos como el Colegio de Médicos de Sevilla (RICOMS) consideran que “Relacionar la asistencia en el embarazo con una manifestación violenta es injusto, falso e irresponsable por parte de las autoridades, que crearían así una alarma social innecesaria” y defienden “la labor de ginecólogos y obstetras, siempre en pos del bienestar de la mujer y del feto, ejerciendo un trato humanizado alejado de prácticas inadecuadas como se pretende trasladar con la posible inclusión de este término”.

Los datos en España

Y entre posturas contrapuestas se encuentran cientos de mujeres que denuncian haber sido víctimas de violencia obstétrica en alguna ocasión. Tanto es así que un reciente estudio que analiza la percepción de la violencia obstétrica en España y que fue publicado en el International Journal of Environmental Research and Public Health se pone de manifiesto que el 38,3 % de las madres percibió haber sufrido violencia obstétrica; el 44,4 % percibió que se habían sometido a procedimientos innecesarios o dolorosos, de los cuales el 83,4 % no fueron aceptados en un consentimiento informado”. Estos resultados se obtuvieron analizando más de 17.500 cuestionarios realizados entre enero de 2018 y junio de 2019.

Otro reciente estudio para determinar la prevalencia de violencia obstétrica en el sistema sanitario español e identificar los factores asociados, titulado The magnitude of the problem of obstetric violence and its associated factors: A cross-sectional study, también revela datos alarmantes: “La violencia obstétrica fue reportada por el 67,4% de las mujeres; 25,1% verbal, 54,5% físico y 36,7% psicoafectivo”.
 
Observando los datos y las diferentes opiniones, lo que está claro es que este tema merece ser debatido, analizado en profundidad y se debe trabajar de manera conjunta para mejorar y avanzar todo lo posible en la atención y en el trato que reciben las mujeres durante el embarazo, el parto y el posparto.

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Cristina Cantudo

Soy periodista y mi pasión es comunicar, conectar con la gente y convertir en palabras las ideas. Soy amante de la lectura, la poesía, me encanta viajar, descubrir y aprender. Intentaré compartir con vosotros todo lo que me resulte interesante y emocionante.

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