Saber si estás embarazada (antes del test)

Cómo saber si estás embarazada

Muchas mujeres no sienten ningún síntoma pero en cambio muchas otras incluso antes de hacerse un test notan con claridad que están embarazadas. Existen cambios importantes, sobre todo hormonales, que te ayudan a saber si estás embarazada.

cómo saber si estás embarazada

Comienzan las sospechas, ¿estaré embarazada? Algunas mujeres lo tienen claro enseguida, incluso antes de hacerse el test de embarazo. Somnolencia, cansancio, náuseas... son algunos de los síntomas  que anuncian un embarazo. Algunas mujeres sencillamente sienten que están «distintas». Pero el indicio más evidente de que se espera un bebé es la amenorrea, es decir, la falta de la regla. Hay mujeres que enseguida lo tienen claro: «En el segundo y tercer embarazo, en cuanto se me retrasó el periodo un par de días sabía que estaba en estado porque con mis reglas soy como un reloj», explica María Isabel, de 37 años, que espera a su tercer hijo.

Sin embargo, otras futuras mamás siempre han tenido ciclos menstruales irregulares, con largos retrasos o incluso con ausencia de regla durante algunos meses. Por este motivo no sospechan nada hasta que empiezan a «notarse raras». Incluso hay quienes no llegan a confirmar el embarazo hasta la tercera falta. Esto no es muy recomendable, ya que los controles que se hacen en el primer trimestre son esenciales. Por eso, es aconsejable que ante la duda de un posible embarazo, las mujeres con ciclos irregulares vayan al médico para confirmarlo o descartarlo.

Para saber si estás embarazada el único método fiable es el test de embarazo. Aclarado esto, existen síntomas de embarazo comunes que te darán pistas sobre si estás embarazada: naúseas, mareos, apetencia por algunos alimentos, repulsión por olores o alimentos, mayor sensibilidad de los pechos, mucho sueño, agotamiento, cansancio, leve sangrado vaginal o aumento de ganas de ir al baño.

Naúseas, ascos y mareos

Las sensaciones de desagrado, asco, náuseas y vómitos, especialmente a primera hora de  la mañana, son normales al comienzo del embarazo. Se ha comprobado que son más frecuentes en la primera gestación que en las siguientes.

La aparición de estas molestias se debe sobre todo a la hormona gonadotropina coriónica (HCG)–la misma que miden los tests de embarazo–, que también aumenta la sudoración y la salivación. También se cree que pueden influir otros factores no fisiológicos, como la personalidad de la mujer (se ha comprobado que tienen más náuseas las gestantes que están excesivamente protegidas por su familia o las futuras madres que consciente o inconscientemente no deseaban ese embarazo).

Suelen producirse al levantarse de la cama, muchas veces antes de desayunar, y también pueden desencadenarse por un olor más o menos fuerte (el de la cocina, especias, una colonia...). Es bueno hacer muchas pequeñas comidas, evitar los alimentos pesados o ricos en grasas y tomar aquellos que más apetecen. Lo más probable es que con esas medidas los vómitos disminuyan. Cuando, a pesar de esto, siguen siendo frecuentes, la embarazada debe tomar líquidos para compensar lo que pierde cuando vomita. Si son muy persistentes, el médico prescribirá un fármaco antiemético que alivie la situación. Y si provocan deshidratación, la embarazada tendrá que ser hidratada con suero en un hospital.

Suelen desaparecer hacia la 18ª o 20ª semana de gestación, aunque cinco de cada cien mujeres siguen padeciendo náuseas y vómitos todo el embarazo.

Apetencia por algunos alimentos y repulsión por olores o alimentos

Cómo saber si estás embarazada

Durante el primer trimestre se suele engordar muy poco y, aunque algunas mujeres tienen mucho apetito y satisfacen todos sus antojos, otras pierden peso porque son incapaces de probar bocado o tienen vómitos muy a menudo. En cualquier caso, conviene que la alimentación sea desde el principio saludable, equilibrada y ordenada.

La carne debe tomarse muy hecha, a no ser que se congele previamente durante al menos 48 horas (también tienen que congelarse los embutidos) para destruir el toxoplasma. Con la cafeína también hay que tener cuidado (no solo está en el café) ya que su consumo elevado puede aumentar el riesgo de aborto en el primer trimestre.

Mayor sensibilidad de los pechos

El pecho no para de transformarse durante los nueve meses que dura el embarazo; se tiene que preparar para una labor esencial: amamantar al bebé. A los pocos días de la fecundación los senos se notan hinchados e hipersensibles (como les ocurre en los días que preceden a la menstruación).

La areola de los pezones puede oscurecerse y agrandarse y las venas superficiales suelen hacerse más visibles. La tensión irá cediendo mes a mes.

Mucho sueño, agotamiento y cansancio

Para algunas mujeres, el primer trimestre se convierte en un período de noches agitadas. La ansiedad por el desarrollo del embarazo puede perturbar el sueño, aunque lo habitual es que la embarazada se sienta muy cansada y necesite más horas de sueño para sentirse bien. Es algo totalmente normal y está causado por las modificaciones hormonales que sufre el organismo,
como el aumento de la progesterona.

Lo mejor es no intentar luchar contra la necesidad de descansar y concederse, en la medida de lo posible, largas noches de sueño y, también momentos de reposo a lo largo del día.

Leve sangrado vaginal

La semana quinta de la gestación suele ser el momento en el que muchas mujeres se cercioran de su embarazo. Ya se ha sucedido la primera falta de la regla, aunque puede que se confundiera con el sangrado de implantación, aunque este es bastante menos abundante que la menstruación normal.

Es el momento en el que el embrión ya se puede ver en una ecografía y ha crecido hasta el doble de su tamaño, llega casi a medir un centímetro desde la cabeza hasta la cola.

De la risa al llanto

El embarazo no solo ocasiona modificaciones en el cuerpo o en el modo de vida de la mujer; afecta también, y en gran medida, a sus emociones. En las primeras semanas, como consecuencia de las alteraciones hormonales, es frecuente que la futura madre note cambios de humor, que esté cansada, nerviosa, llore por nada y se sienta agresiva o más irritable.

Ocurre muy a menudo: por un lado está contenta de estar embarazada, pero hay veces que quisiera no estarlo y duda de llegar a ser una buena madre. No hay que alarmarse, es un sentimiento común. Según avance el embarazo, los mecanismos de rechazo se ven atenuados por el deseo de ser madre.

Puede ayudar mucho que el padre sepa por lo que está pasando mamá. Por eso es bueno que ella le transmita sus vivencias,
preocupaciones y expectativas para que, desde el principio, participe del embarazo.

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