Segundo embarazo

En el primer y el segundo embarazo, ¿diferencias abismales?

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¡De nuevo papás! Un abismo que no se atrevería a cruzar ni el mismísimo Philippe Petit, el funambulista que inspiró el documental Man on Wire, separa al primer y al segundo embarazo.

En el primer y el segundo embarazo, ¿diferencias abismales?
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Sí, hay una espermatozoide que fecunda un óvulo, hay una barriga que crece y hay un bebé que se cuece a fuego lento en su interior, pero ahí terminan las semejanzas entre ambos embarazos y se abre el abismo de las diferencias. Porque esperar a un hijo mientras el otro tiene 2 o 3 años y está en plena ebullición, en el apogeo de la formación de su personalidad, lo cambia todo. Y el embarazo también, por supuesto.

Recuerdo con cariño los meses previos al nacimiento de nuestra hija: los largos paseos en pareja para mantener la forma, los días tranquilos y sosegados, el agotamiento puntual que se solucionaba con una siesta en silencio en el sofá, las noches dormidas del tirón, el convencimiento de estar seguros de lo que hacíamos, la sensación de que todo fluía y de que la vida, cuando quiere, puede ser maravillosa.

La percepción del segundo embarazo

En este segundo embarazo la percepción (y también la realidad, para qué nos vamos a engañar) son totalmente opuestas, lo que demuestra que la vida muta con facilidad y también puede ser muy perra cuando quiere. Con una niña de casi tres años que no para ni un segundo y duerme de aquella manera, con mucho trabajo (laboral y doméstico) y con poco y mal descanso, la sensación en este segundo embarazo es de agotamiento máximo, de no llegar nunca a tiempo o hacerlo siempre tarde, de tener siempre cosas por hacer en una lista de tareas pendientes que no parece acabarse nunca y que cansa solo de mirarla.

Así, atareados como estamos, con este segundo embarazo también nos entran las angustias y las inseguridades que no aparecieron en el primero: ¿Vamos a poder con dos si nos cuesta con una? ¿Hemos hecho lo correcto? ¿Estamos muy locos? ¿Saldremos vivos de ésta? Sí, está bien, somos un poco dramáticos, pero las dudas son justificadas. Seguro que más de un@ (y de dos) me entienden.

Con todo ello, al final, te das cuenta de que te has plantado en el séptimo mes de embarazo, que estás apenas a unas semanas de ver la cara de tu hijo, y que en todo este tiempo (que se nos ha hecho tan largo como corto) apenas has reparado en él; que ni se te ha pasado por la cabeza ir a comprarle ropita; que eres incapaz de recordar las fechas de las ecografías; que no has acariciado con la frecuencia que lo hiciste hace tres años la barriga de tu mujer; que no has utilizado su ombligo como altavoz para comunicarte con tu hijo; que aún no le has dicho, a través de él, que estás afuera, esperándole, deseando demostrarle que ha habido muchas diferencias con el embarazo de su hermana, pero que su padre le quiere igual, porque como escribiría Sam McBratney, él también va a ser nuestro favorito.

Adrián Corbellat es autor del blog unpapaenpracticas.com.  Periodista, padre de una niña de 2 años, tiene 31 años y es valenciano. Desde 2012 vive en Madrid, donde ejerce de padre y de periodista. 

Etiquetas: embarazada, embarazo, primer embarazo, primer hijo, segundo embarazo, segundo hijo

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