Molestias habituales

Hemorroides y embarazo:todo lo que debes saber

Son un tema tabú de forma incomprensible porque afectan a un porcentaje altísimo de la población gestante, e incluso siguen provocando muchas molestias en el posparto, así que vamos a poner un poco de luz sobre uno de esos temas de los que es necesario hablar con naturalidad.

A nadie le gusta hablar de hemorroides. Seguramente existen varios miles de temas sobre los que apetece charlar más que de esta lesión dolorosa y muy molesta, pero no podemos dejar que siga siendo tabú un problema de salud que afecta a tantísimas personas, entre ellas un porcentaje alto de la población gestante. Y es que las hemorroides son una de las consecuencias más habituales de la tormenta de cambios que se produce con el embarazo. 

Hay quien conoce como almorranas a este conjunto de venas inflamadas, muy similar a otro problema habitual durante la gestación, las varices. Ambas son de hecho los trastornos relacionados con la circulación sanguínea más comunes en las embarazadas. Si no se conoce en profundidad que son, al verlas o palparlas, es difícil que en realidad sea lo que porque tienen apariencia de almohadilla acolchada y sensible, pero esto lo que indica es que han producido un coágulo de sangre alrededor de las venas inflamadas. Son las hemorroides más grandes y generalmente las más dolorosas. 

¿Cuántos tipos hay?

De esto último se desprende algo que no todo el mundo conoce, que hay dos tipos de hemorroides. Las que todos tenemos en mente son las externas, que son las que más inconvenientes causan en muchas tareas rutinarias, sobre si todo si existe un coágulo de sangre, como hemos explicado recientemente. En esos casos, hasta sentarse puede ser un problema en alguien que las padece por los dolores que provocan en la zona del ano, si bien cuando más molestias se sienten es la hora de hacer las necesidades y limpiarse al acabar. 

Este tipo de almorranas se diferencian de las que aparecen en la zona inferior del recto, de forma interna. No quedan a la vista salvo que sean muy grandes y salgan ligeramente, y no generan tantos problemas como las externas, aunque provocan habitualmente sangrado en las deposiciones.

¿Por qué aparecen?

Como las varices, las hemorroides se originan como consecuencia directa de la presión que recibe la zona del ano en el final del embarazo y también de los problemas circulatorios que suelen producirse en este tramo, y por supuesto están íntimamente relacionadas con el estreñimiento, otra causa directa del embarazo. Con las venas varicosas tienen en común muchas características por lo tanto, también que suelen aparecer sobre todo en el tercer trimestre de la gestación, y no desaparecen inmediatamente tras el parto necesariamente, por lo que pueden generar todavía muchas molestias en el posparto a la mamá.

¿Qué consecuencias tienen?

Es importante tener en cuenta que las hemorroides provocan sangrados muy a menudo durante las deposiciones. Ya lo hemos mencionado en el caso de las internas pero también puede ocurrir con las externas. Esto, si no se conoce, puede provocar un susto muy grande en la gestante, que ya sabe de sobra en el tercer trimestre del embarazo que la sangre puede ser síntoma para preocuparse durante el proceso. No en este caso, ya que es completamente normal que pase, pero si tienes dudas de si el sangrado tiene que ver con este problema de salud o no, no está de más consultar con tu médico de confianza. 

Ya te imaginarás, porque ocurre así hasta con un simple resfriado, que durante el embarazo no se pueden tratar con fármacos, que es una forma eficaz de acabar con ellas, aunque a veces dan tanta guerra que pueden requerir una intervención quirúrgica. Una mujer embarazada lo único que puede hacer, que no es poco, es retrasar al máximo su aparición y, sobre todo, limitar al máximo las molestias.

¿Cómo pueden prevenirse?

Para ello, los dos consejos sagrados son la hidratación permanente y la dieta rica en fibra y alimentos que se puedan etiquetar como “ligeros” en lo que a la digestión se refiere, de modo que las heces estén lo más blandas posibles y se evite todo lo posible el estreñimiento, y la higiene íntima. Limpiar muy bien la zona, especialmente después de defecar, es fundamental, pero como son muy sensibles al contacto las hemorroides, es recomendable utilizar alguna toalla o gasa húmeda antes que el papel higiénico, cuyo tacto áspero es realmente desagradable y doloroso al contacto con las almorranas. 

El vidé, si lo tienes en casa y no lo quitaste en su día, te puede ayudar mucho en este sentido porque, además, a muchas personas que las sufren les alivia aplicar agua fría en la zona, y también hay quien prefiere caliente. Es cuestión de probar cómo te sientes más cómoda, ya que puede ser que a ti te vaya mejor la alternancia de temperaturas. Y siempre, insistimos, limpiar muy bien la zona no solo con el agua, sino también con un jabón íntimo. 

Por último, puede sumar su granito de arena a que estés más aliviada si padeces hemorroides en el embarazo la postura que adoptes al dormir. Trata de aligerar en todo lo posible la presión sobre el ano colocándote de lado y ayudándote de cojines o de cualquier otra cosa que te permita estar relativamente cómoda. 

Lo dicho, responsabilidad en la higiene íntima, conciencia para beber mucha agua y comer de forma saludable, evitar asientos duros y descansar aliviando la zona anal… y mucha paciencia. No queda otra cuando las hemorroides hacen acto de presencia en el embarazo. 

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