Lo que necesitas saber

Hipotiroidismo y embarazo, ¿qué debo tener en cuenta?

Esta trastorno provocado por la actividad insuficiente de la glándula tiroides se puede desarrollar durante el embarazo, en cuyo caso debe ser tratado para evitar riesgos asociados a él tanto en la salud de la madre como en la del feto.

Hay una enfermedad habitual en la población femenina, el hipotiroidismo, que puede presentarse durante el embarazo. Cuando lo hace, es una especie de trampa, ya que muchos de sus síntomas son similares a los propios de la gestación, de ahí que en ocasiones se detecte tarde o incluso pase desapercibida. 

El hipotiroidismo es un trastorno que tiene lugar en el organismo cuando la glándula tiroides mantiene una actividad insuficiente, lo que se traduce en la producción insuficiente de hormonas tiroideas -es el más habitual, pero no la única clase de hipotiroidismo, como luego veremos-. Dado que algunos de sus síntomas frecuentes son el aumento de peso, la fatiga, el estreñimiento, la anemia, o la menstruación anormal e irregular, y que no siempre aparecen de forma evidente, se puede no llegar a diagnosticar e incluso confundir causas ajenas a ella tan dispares como un embarazo o una depresión. Así lo explican desde el sistema de atención médica californiano Stanford Children’s Health en un texto divulgativo sobre esta patología.

Las voces autorizadas en España también han publicado diversos artículos para que la población conozca de cerca esta enfermedad que también puede aparecer en los niños. De hecho, tal y como recoge aquí la Asociación Española de Pediatría, hay dos tipos de hipotiroidismo: desde el nacimiento (congénito) y el que aparece a lo largo de la vida (adquirido).

Por lo tanto, en caso de que se presente durante el embarazo, se trataría de un hipotiroidismo adquirido. A su vez, tal y como explican desde Salud Savia, se pueden diferencias entre tres tipos de hipotiroidismo adquirido durante el embarazo: primario, secundario y terciario. El más frecuente es el primero de los tres, es el que se produce por la mencionada falta de producción de la glándula tiroides. Pero también se puede presentar por dos motivos más: por falta de hormona hipofisaria, conocida como la hormona TSH (secundario), o por la falta de la hormona tirotropina, la cual es producida en el hipotálamo (terciario). En este último caso, la consecuencia es la falta de producción de TSH y T4.

Cómo diagnosticarlo

Para diagnosticarlo, es fundamental consultar al médico especialista -el endocrino es el experto es los trastornos del tiroides- si se detecta alguno de los síntomas asociados, algo que no es sencillo como ya hemos explicado anteriormente. Es más, los expertos coinciden en afirmar que este es un problema de salud que muchas veces se detecta al hacer un análisis de sangre de control o por algún otro motivo de salud que nada tiene que ver con ella. 

No ocurre así en los casos más graves que están asociados a cuadros clínicos más complejos, con síntomas asociados como el descenso de los glóbulos rojos, la anemia o la preeclampsia, que es el aumento de la presión arterial durante el embarazo. 

Cómo afecta al feto y cómo se trata

En los primeros meses de embarazo, el feto depende de la madre para recibir hormonas tiroideas, cuya función es fundamental para el correcto desarrollo del cerebro y del crecimiento. Si se produce una ausencia de las mismas en la madre, es muy probable que tenga consecuencias en el feto de forma directa. Entre estas consecuencias hay riesgo de que pese poco al nacer y sufra distress respiratorio, además de problemas de desarrollo y aprendizaje, entre otras. 

En la madre, además de la preeclampsia y la anemia mencionadas anteriormente, también hay mayor riesgo de parto prematuro, desprendimiento de placenta, hemorragia posparto y, en el peor de los casos, aborto espontáneo.

Afortunadamente, a comienzos del embarazo se hace un primer análisis de sangre -en caso de hipotiroidismo previo, se repiten de forma periódica- y durante el proceso se hace un control exhaustivo y periódico de la salud de la gestante y del feto, por lo que tras ser diagnosticado el hipotiroidismo se puede diseñar un tratamiento que consista en una terapia de reemplazo de la hormona tiroidea. Es un tratamiento seguro tanto para la mamá como el feto, que al nacer será sometido dentro de los exámenes de rutina a un análisis de sus niveles de hormona tiroidea para descartar que sufra hipotiroidismo congénito, aquel que se desarrolla ya desde el nacimiento. 

Por otro lado, prevenir el desarrollo del hipotiroidismo es uno de los motivos por los cuales los ginecólogos recomiendan el aporte suplementario de yodo a las pacientes embarazadas, ya que, tal y como advierten desde Salud Savia, la falta de aporte de este mineral es un factor de riesgo para el desarrollo de esta enfermedad durante la gestación. 

Continúa leyendo