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Cuáles son las infecciones más frecuentes que aparecen en el embarazo

Urinarias y vaginales son, junto a las respiratorias, las más habituales en la población gestante, que las padecen más debido a los cambios hormonales que experimentan.

Debido a los cambios hormonales y físicos que se dan lugar en el embarazo es normal que las mujeres gestantes tengan problemas de salud similares más allá de las circunstancias concreta de cada una.

Son comunes síntomas como las náuseas, los mareos y los vómitos durante el primer trimestre, y también los dolores lumbares al final del proceso. Además, la anemia, la diabetes gestacional o la gingivitis son enfermedades que aparecen con asiduidad en las gestantes, que tampoco se libran de las enfermedades infecciosas. 

Estas, favorecidas por los mencionados cambios hormonales, pueden tener consecuencias graves en algunos casos -no así la mayoría-, tanto en el devenir del embarazo como en la salud del feto y la mamá, de ahí que el control prenatal las vigile muy de cerca. Del mismo modo, su proliferación explica por qué se recomienda a las embarazadas mantener sexo seguro, llevar una dieta saludable y equilibrada, no entrar en contacto con las heces de perros y gatos, lavar muy bien las verduras y la fruta, o evitar alimentos crudos y quesos sin pasteurizar. 

Las infecciones comunes no tienen por qué ser las más peligrosas. Son cosas distintas, y tiene todo el sentido del mundo de hecho que tengan menos incidencia las más graves porque el objetivo con ellas no es otro que prevenirlas. Por eso no vamos a hablar de la clamidia, la candidiasis vaginal, la listeria o la toxoplasmosis, cuatro de las que seguramente más hayas oído hablar y leído si has estado o estás embarazada.

Las más comunes de las enfermedades infecciosas, causadas por gérmenes microscópicos que penetran en el organismo, se dividen fundamentalmente entre vaginales, urinarias y respiratorias. 

Estas últimas no son noticiables puesto que afectan a toda la población. La gripe, los resfriados y patologías similares de carácter infeccioso no aumentan su incidencia en las embarazadas, pero tienen un impacto sensible en este grupo de la población, osea que cuanto menos se deben mencionar en un tema como este. 

Urinarias y vaginales, las más habituales

Son las infecciones vaginales una de las que con más frecuencia afectan a la población gestante. Siempre se deben resolver clínicamente, de la mano del especialista médico, y sus síntomas más frecuentes son la fiebre, las micciones frecuentes, la orina de color oscuro, turbio y mal olor, el dolor abdominal y en la zona baja de la espalda, o la sensación de que la vejiga no se vacía completamente, entre otras. 

Ocurren a menudo en las gestantes porque los cambios hormonales y la nueva estructura pélvica conlleva que no sean suficientes las defensas para impedir el paso a las bacterias que llegan a la uretra. 

Una de las infecciones vaginales más peligrosa y frecuente es la vaginosis bacteriana, que tiene consecuencias graves como la mayor probabilidad de parto prematuro. Se produce por un cambio en el equilibrio de bacterias que se desarrollan en la vagina, y están más expuestas a padecerla aquellas mujeres que tengan relaciones sexuales sin protección. Uno de síntomas más característicos es el abundante flujo fluido con mal olor que produce. 

Por su parte, las infecciones urinarias, que aumentan en la población gestante por el mismo motivo que las vaginales, están muy relacionadas con estas. Es característico el dolor o malestar al orinal y la presencia de sangre en la orina, y algunos síntomas son compartidos con las infecciones vaginales, como por ejemplo el flujo vaginal abundante y maloliente. Además, también las puede detectar la embarazada si al tener relaciones sexuales siente una sensación de ardor. 

En todos los casos, como decíamos antes, se debe consultar al especialista médico para que diagnostique la infección y diseñe el tratamiento que considere más oportuno para proteger a feto y mamá y al mismo tiempo acabar con el problema de salud de esta. En ningún caso, y más teniendo en cuenta lo desaconsejables que son los fármacos durante el embarazo, se debe optar por el camino de la automedicación. 

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