Sal de dudas

Probióticos en el embarazo, ¿son recomendables?

A medida que las evidencias científicas crecen en su favor, aumentan también los especialistas médicos que los recomiendan en determinados cuadros clínicos de mujeres gestantes.

Embarazada (Foto: iStock)
Embarazada (Foto: iStock)

Una de las consecuencias naturales que el embarazo tiene en el cuerpo de la mujer gestante es la alteración de la microbiota, llamada disbiosis, algo que se produce a raíz de los cambios hormonales, bioquímicos y físicos. De producirse este fenómeno, aumenta el riesgo de desarrollar infecciones en distintas zonas del cuerpo, entre ellas la vagina. Los probióticos entran en juego para regular este desequilibrio, pero ¿son recomendables durante el embarazo?

Qué dice la ciencia

Definidos por un comité mixto de la OMS y la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) como “microorganismos vivos que, cuando son administrados en cantidades adecuadas, confieren beneficios para la salud del huésped”, no existen estudios científicos concluyentes que avalen que su uso sea contraindicativo durante la gestación. Sí existen, según esta revisión reciente de la investigación publicada sobre la incidencia de los probióticos en el embarazo, alguna sugerencia “de calidad limitada y pendiente de confirmar con más estudios”, de que pueden tener efectos maternos beneficiosos. El texto cita tres en concreto: “un menor riesgo de eventos antiinflamatorios y preeclampsia -hipertensión inducida por el embarazo-, y un mejor metabolismo de la glucosa”.

Es cierto, y así lo corrobora la revisión mencionada de la investigación sobre probióticos y embarazo, que el consumo de suplementos de este tipo es cada vez más habitual, también en mujeres embarazadas, pero conviene ser cautos a la hora de afirmar que son 100% recomendables porque la ciencia tiene todavía trabajo por hacer en este sentido. De hecho, actualmente se suministran habitualmente solamente en contextos concretos y según el criterio del equipo médico de cada centro hospitalario. Por ejemplo, es común su uso tras sufrir infecciones urinarias o vaginales; tras un proceso que derive en sangrado vaginal y alteración de su flora; y en gestantes con antecedentes de rotura prematura de membrana. 

Pros y contras

Uno de los estudios analizados en el artículo sobre el que hemos vertebrado este texto, titulado Probiotics and Pregnancy, concluye sobre el impacto de la suplementación con probióticos durante el embarazo y la infancia que estos sugieren “un papel protector en la preeclampsia, la diabetes mellitus gestacional, las infecciones vaginales, el aumento de peso materno infantil y las enfermedades alérgicas”. Pero acto seguido recuerda la necesidad de que se lleven a cabo ensayos clínicos aleatorios de gran tamaño para confirmar lo que cataloga como sugerencia.

Del mismo modo, otra investigación más reciente, del año 2017, Prenatal and postnatal administratios of prebiotics and probiotics, coincide en que parece una práctica segura para regular la microbiota en la mujer gestante, aumentar sus defensas, y mejorar así su embarazo. Además, también han aumentado recientemente las evidencias de que la administración de probióticos entre gestantes con obesidad puede ayudar a prevenir patologías como la diabetes gestacional.

En definitiva, de lo que se sabe hasta la fecha, se extrae una conclusión moderada sobre que efectivamente no hay efectos negativos y sí un posible impacto positivo la ingesta de probióticos por las embarazadas con la microbiota alterada de forma natural. De todos modos, en el caso concreto de los probióticos, aunque su nivel de seguridad es alto, es necesario que sean siempre recomendados por el médico que conoce las circunstancias de la mujer gestante -no se recomiendan en pacientes con el sistema inmune debilitado, entre otras excepciones- y del embarazo en curso. Por este motivo, como siempre hacemos en estos casos relacionados con la salud y el embarazo, lo recomendable es ponerse siempre en manos del ginecólogo y no tomar ninguna decisión al respecto motu propio porque el experto es él.

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