Posibles complicaciones

¿Qué pasa si el feto se queda sin líquido amniótico?

El ginecólogo, tras detectar el problema, hará una valoración del caso y decidirá si hacer un seguimiento exhaustivo del embarazo pero dejarlo seguir su curso, o bien optar por provocar el parto si dadas las circunstancias esta fuera la mejor solución.

Embarazada (Foto: Pexels)
Embarazada (Foto: Pexels)

El líquido amniótico es aquel que rodea y protege al embrión primero, y al feto después, dentro del saco amniótico. Es fundamental su presencia porque amortigua el entorno del pequeño de posibles traumatismos, evita que el cordón umbilical se comprima, le protege contra infecciones y también ayuda a mantener una temperatura constante en el útero, entre otras funciones. 

El líquido amniótico es también un fluido que los fetos tragan a partir del segundo trimestre del embarazo. Como te contamos aquí, una vez lo traga, pasa a través de sus riñones y lo expulsa en forma de orina, que de nuevo tragará el feto. De esta forma, se recicla el volumen total del líquido amniótico cada pocas horas, y esto también explica por qué la composición del líquido es, sobre todo, orina del feto. 

Es fundamental, como ya puedes imaginarte después de leer algunas de las funciones del líquido amniótico durante la gestación, que el feto no se quede sin la cantidad suficiente de esta sustancia a su alrededor. 

Para que tengas una referencia aproximada, el líquido amniótico llega a su máximo volumen entre la semana 34 y 36 del embarazo. En dicho momento, la mujer embarazada lleva alrededor de un litro de líquido en su interior. Desde este momento, y hasta el parto, la cantidad va disminuyendo de forma controlada. Pero hay veces en las que se conserva líquido insuficiente para el desarrollo del bebé. A este fenómeno se le conoce como oligohidramnios clínicamente -cuando hay de más se llama hidramnios o polihidramnios-, y sus consecuencias pueden ser graves, pero el ginecólogo se ocupará de que no lo sean.

¿A qué se debe?

Gracias a los controles periódicos a los que una mujer embarazada se somete a lo largo del proceso, el médico detectará que el útero no es del tamaño que debería en ese momento del embarazo y a raíz de ello hará las pruebas convenientes para saber si se debe a que se ha retenido una cantidad insuficiente de líquido amniótico y a qué se debe.

Esto se puede deber a una rotura en las membranas amnióticas,  a un problema de la placenta, a afecciones previas en la gestante, como por ejemplo la hipertensión arterial crónica, a alguna anomalía fetal, o a que el embarazo sea múltiple, entre otras causas. 

Independientemente del motivo por el que la embarazada presente un nivel bajo de líquido amniótico, el médico llevará un control exhaustivo desde el momento en el que detecte el problema. Los pasos que dé a partir de ese instante dependerán de lo avanzado del embarazo y también de cómo se encuentre el bebé y de si hay complicaciones o riesgos graves de que se produzcan en la salud de la mamá. 

Qué hacer

A rasgos generales, si el término del embarazo está cerca, lo habitual es que el ginecólogo opte por inducir el parto. Pero si el bebé está creciendo bien y todavía quedan semanas por delante de gestación, es probable que el médico prefiera controlar de cerca la evolución y esperar para provocar el parto. 

En este caso, te recomendará la ingesta de mucho líquido y que le comuniques con urgencia si el bebé deja de estar activo o cualquier otra anomalía que se produzca. 

Además, durante el parto, una cantidad insuficiente de líquido amniótico también conlleva riesgos, sobre todo que las contracciones o los movimientos del bebé compriman el cordón umbilical. Por eso, hay veces en los que el ginecólogo pasa una sonda por la que pueda bombear de forma constante una solución salina tibia al saco amniótico que haga las veces de líquido amniótico. Y también puede ocurrir que, para evitar riesgos, decida acometer una cesárea

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