Pruebas del embarazo

¿Qué riesgos tiene la amniocentesis?

Aunque la amniocentesis es una prueba diagnóstica muy común, que se suele llevar a cabo por recomendación médica entre las 16 y las 20 semanas de embarazo, no está exenta de riesgos, pudiendo producirse algunas complicaciones, aunque por lo general son extremadamente raras.

La amniocentesis consiste en un procedimiento en el que el médico extrae una pequeña cantidad de líquido amniótico de la matriz (aproximadamente 30 centímetros cúbicos) que rodea al bebé durante el embarazo, en el interior del útero. Este líquido contiene algunas células del bebé, y habitualmente es utilizado desde un punto de vista médico, con el fin de detectar o determinar si el feto presenta alguna anomalía genética

Y, además, también se utiliza como medio para determinar si, por ejemplo, los pulmones del bebé son lo suficientemente maduros para poder sobrevivir fuera del útero (por ejemplo, cuando existe el riesgo de parto prematuro por diferentes complicaciones). Pero, ¿su práctica supone algún riesgo para la mamá y/o el bebé?.

¿Cuáles son las complicaciones que se pueden producir?

Se recomienda que la amniocentesis se lleve a cabo generalmente entre las semanas 16 y 20 de embarazo (durante el segundo trimestre). No obstante, sí pueden producirse algunas complicaciones relacionadas con la prueba como:

  • Riesgo de aborto espontáneo. Durante el segundo trimestre, el riesgo de aborto espontáneo es del 0,.6 por ciento. Si la prueba se lleva a cabo antes de las 15 semanas de embarazo, se estima que el riesgo es ligeramente mayor.
  • Calambres y sangrado. Después del procedimiento puede ser posible que la embarazada sienta algunas molestias, como calambres, y que también pueda tener una pequeña cantidad de sangrado vaginal.
  • Parto prematuro. Al igual que puede producirse un aborto espontáneo, también existe cierto riesgo de parto prematuro, aunque en realidad es raro que ocurra.

Por otro lado, también existen otras complicaciones o riesgos, aunque igualmente son consideradas como extremadamente raras. Por ejemplo, puede ocurrir que una pequeña cantidad de líquido amniótico se filtre fuera del cuerpo, o que se produzca una infección uterina. 

En casos raros esta prueba puede hacer que algunas células sanguíneas del bebé entren en el torrente sanguíneo, una complicación importantísima si la mamá y el bebé tienen diferente Rh, ya que si esto ocurre puede producirse una reacción que puede ser grave. Si esto ocurre, el médico administrará un medicamento con el fin de evitar que el cuerpo de la embarazada produzca anticuerpos que acaben atacando las células sanguíneas del feto.

También puede producirse alguna lesión al bebé o a la madre, aunque como ocurre con el resto de complicaciones, es igualmente raro que ocurra.

¿Cómo se realiza la amniocentesis?

Se trata de un procedimiento ambulatorio, lo que significa que no es necesario permanecer en el hospital. En primer lugar, el médico llevará a cabo una ecografía con el fin de determinar la ubicación exacta del bebé en el útero. Consiste en un procedimiento no invasivo en el que se utilizan ondas sonoras de alta frecuencia con el fin de crear una imagen del bebé.

Durante la realización del ultrasonido será necesario que la embarazada tenga la vejiga llena, por lo que en la mayoría de las ocasiones se prescribe a la futura mamá que tome muchos  líquidos antes de hacerla.

Una vez realizada la ecografía, el médico puede administrar medicamentos anestésicos en un área del abdomen, sirviéndose de las pruebas obtenidas por el ultrasonido para conocer la ubicación más segura donde insertar la aguja, la cual se introducirá con cuidado en el abdomen, dentro del útero, para así extraer una pequeña cantidad de líquido amniótico.

Por lo general, la amniocentesis se realiza en dos o tres minutos, de manera que se tarda más en su preparación que en llevarla a cabo.

¿Cuándo se recomienda llevarla a cabo?

La amniocentesis es útil para confirmar, o descartar, cualquier indicación de anomalías que hayan podido encontrarse en cualquier otra prueba anterior, o que se sospeche, especialmente si existe algún factor de riesgo asociado.

Por ejemplo, si la embarazada tiene 35 años o más, el bebé tiene un riesgo mayor de sufrir alguna anomalía cromosómica, como por ejemplo podría ser el caso del síndrome de Down. De esta manera, la amniocentesis permite identificar la existencia -o no- de estas anormalidades cromosómicas.

Por otro lado, si la embarazada o su pareja es portador conocido de algún trastorno genético, como la fibrosis quística, la amniocentesis también brinda la posibilidad de detectar si el feto tiene este trastorno.

También es posible que la amniocentesis sea necesaria si el médico sospecha que el feto tiene una infección o anemia, o si existe algún tipo de infección uterina. De esta forma, si es necesario, mediante este procedimiento también es posible disminuir la cantidad de líquido amniótico presente en el útero.

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Natursan.

Continúa leyendo