Test de embarazo

Cuando la rayita dice sí...¿y ahora qué?

Nunca una rayita tan diminuta, de apenas unos milímetros, ha marcado una diferencia tan grande. Estar o no estar, esa es la cuestión. Y, si la rayita dice que estás, ¡tu vida ya no volverá a ser como antes!

Cuando la rayita dice sí...¿y ahora qué?

Estupor, incredulidad, alegría, pánico, inseguridad, preocupación, entusiasmo, ansiedad, euforia, negación… sientes tantas cosas en ese momento que el test de embarazo sale positivo, tal vez, ni siquiera tú puedas describirlo con una sola emoción. Una batería de preguntas te bombardea la mente. ¿Estaré a la altura? ¿Qué dirá el padre? ¿Podré seguir trabajando? ¿Me pondré muy gorda? ¿Y si el test está equivocado? 

«En cuanto vi el resultado, lo que más me preocupaba era estar segura. Me agobiaba mucho creérmelo y que luego fuera un falso positivo. También tenía una amiga que hacía poco había tenido un embarazo ectópico y me aterrorizaba que me pasara lo mismo. Tanto era mi agobio que convencí a mi pareja para que me acompañara al hospital a las dos de la madrugada. La ginecóloga de guardia me echó la bronca, diciendo que no era una urgencia, pero me vio tan alterada que accedió a hacerme una ecografía. Al ver allí el latido de mi bebé, conseguí respirar y relajarme. Estaba embarazada», nos cuenta Ana. Aunque no de urgencias, «muchas mujeres acuden a la consulta después de haberse hecho la prueba en casa, para confirmar con el médico que están embarazadas. A veces, es demasiado pronto incluso para escuchar el latido del feto en una ecografía, por eso, suelo recomendarles que esperen», afirma Javier Rodríguez, ginecólogo del Hospital Riotinto, de Huelva.

 

Ya lo intuía

Ahora bien, la «culpa» de nuestro estado no la tiene la pequeña rayita. Si has decidido hacerte el test de embarazo es porque estabas con la mosca detrás de la oreja. Muchas madres notan los síntomas incluso antes de la primera falta, dependiendo de lo sensible que seamos a los cambios de nuestro cuerpo. «Sé que parece una locura, pero yo supe que me había quedado embarazada la misma noche que concebimos a mi primer hijo. Noté algo muy extraño, como si estuviera “llena”, como si algo hubiera prendido en mi vientre. Los días siguientes, no tenía ganas de tener relaciones, era como si tuviera que proteger algo muy delicado en mi interior. Enseguida empecé a sentirme rara, distinta y, poco a poco, fui teniendo los síntomas normales del embarazo. Cuando me hice la prueba y dio positivo, fue hacer consciente lo inconsciente, ponerle palabras. Me dio mucha tranquilidad, pues confirmaba que no estaba loca, que era verdad lo que yo había estado sintiendo», nos confía Ana.

En el caso de Macarena, de 41 años, fue su pareja, que ya había sido padre en una relación anterior, quien le propuso que se hiciera la prueba. «Él insistía en que me estaba portando como si estuviera embarazada, aunque yo solo sentía los síntomas normales de la llegada de la regla un poco exagerados, tal vez. Yo no pensaba que pudiera estarlo, porque solo llevábamos un mes buscándolo y tenía entendido que, a mi edad, la cosa lleva mucho más tiempo. Así que me la hice para darle gusto, con solo un par de días de retraso de la regla, y salió positivo».

Yani, con 22 años, no había estado buscándolo, ni siquiera había tenido pareja estable. «Un día me armé de valor, me fui a una farmacia de otro barrio, donde no conocían a mi familia, me compré la prueba y me la hice. Recuerdo que estaba sudando y temblando en el cuarto de baño, contando los segundos para mirar el resultado. Al ver el positivo, me entró el pánico. Estaba tan bloqueada que no podía pensar en el bebé, solo en las consecuencias, en que todavía vivía con mis padres, no tenía trabajo, en lo que me diría el padre. Me acosté sin cenar y me dormí empapada en lágrimas y en sudor. Creo que mi ángel de la guarda se apiadó de mí porque esa noche soñé con mi bebé y, al despertarme, poco a poco, empecé a ver las cosas de otra manera».

 

En estado de shock

El pánico es una reacción más frecuente de lo que podemos pensar, también en los embarazos muy deseados, como apunta la psicóloga Leonor Monterrey. «Necesitamos tiempo para asimilarlo y hacernos a la idea de la revolución física y emocional que vamos a vivir en los próximos meses, por no hablar de la revolución total que asaltará nuestro hogar después del nacimiento. Vamos a convertirnos en contenedores de un nuevo ser humano que va creciendo en nuestro interior, de un futuro hombre o mujer que vivirá entre nosotros», señala.

Es algo que ocurre todos los días, sí, y en todo el mundo, sí. Pero, por muy mentalizados que estemos, experimentarlo en primera persona es todo un shock. Por otra parte, no siempre respondemos como esperábamos en el momento clave. «Sobre todo, si la mujer tiene muchas ganas y alberga grandes expectativas, es posible que, cuando descubra que está embarazada, no reaccione solo con sentimientos positivos y se sienta culpable por eso. Entremezclado con la alegría y la felicidad, es humano sentir también rechazo, ya sea por miedo, por inseguridad, etc.», apostilla Leonor Monterrey. Algo así le pasó a Catalina: «Llevábamos dos años intentándolo y siempre había imaginado que cuando llegara el momento, cuando viera un positivo en la prueba, me pondría loca de alegría. Pero, cuando llegó el gran día, me pasó todo lo contrario. No podía parar de llorar. Me sentía triste por sentirme incapaz, porque pensaba que no iba a estar a la altura de las circunstancias».

Elena también se quedó bastante anonadada cuando decidió hacerse la prueba en su habitación de hotel, donde estaba sola por viaje de trabajo. «Desde que empezamos a buscarlo, llevaba cuatro o cinco meses notando síntomas: se me hinchaban los pechos, se me agudizaba el olfato, incluso empezaron a salirme gotitas de leche de los pezones. Cada mes, estaba segura de que había llegado el momento, me compraba un test, esperaba a mi marido, preparaba una cena especial en casa, con velas y todo, y me hacía la prueba con él. A la cuarta vez que salió negativo, me llevé tal chasco que decidí no volver a hacerme ilusiones y pasar un poco del tema. Al siguiente ciclo, cuando se me volvió a retrasar la regla, me hice la prueba sola, para salir de dudas, pero no le dije nada a mi marido, porque me daba vergüenza que volviera a repetirse lo mismo de las otras veces. Entonces, cuando dio positivo, quise llamarle pero estaba en una reunión. Como necesitaba decírselo a alguien, llamé a mi hermana. Él nunca me ha perdonado no ser el primero en saber la noticia», confiesa Nuria.

Y es que, «aunque el hombre y la mujer recorren caminos emocionales muy distintos durante el embarazo, es importante dar siempre al padre la oportunidad de sentirse parte de lo que está pasando. Por eso, es recomendable hacerle partícipe desde el primer momento», apunta Leonor Monterrey.

 

Un momento íntimo

 De todos modos, con pareja o sin pareja, el momento de hacer la prueba suele ser muy íntimo. El escenario más común es el cuarto de baño, tal vez, el lugar más privado de la casa y donde además es más cómodo recoger la orina. «Habíamos comprado la prueba hacía días y ella lo había estado retrasando, hasta que, un día, me despertó en medio de la noche y me dijo que no podía esperar más», nos cuenta Pablo. «Mi mujer se metió en el baño y me pidió que la esperara despierto en el salón. Yo estaba medio dormido y ni siquiera me puse nervioso, me quedé en el sofá una eternidad, mirando la tele para que no se me cerraran los ojos. Cuando salió, solo me miraba, no decía nada. Le pregunté qué había pasado, pero se había quedado muda. Entonces, se fue al baño y me trajo la barrita famosa, me la enseñó, pero me quedé igual. Yo no entendía de barritas. Ella seguía ausente, con los ojos muy abiertos y como si estuviera en otra parte. Así que fui a por las gafas, leí las instrucciones varias veces y comprendí que dos rayitas significaban que sí estábamos embarazados. Entonces, me quedé mudo yo también. Y así estuvimos un buen rato. Nos dormimos abrazados y creo que no fuimos capaces de articular palabra hasta el día siguiente».

 

 

¿Estará todo bien?

¿Y si se malogra? ¿Estará todo bien? Son dos preguntas inevitables para la futura madre en el minuto uno. Incluso si eres atea puede que te sorprendas a ti misma rezando porque todo salga bien. «Al principio, no me lo creía. No me entraba en la cabeza. Pero lo peor para mí fue la contradicción. Estaba contenta porque estaba embarazada. Y angustiada porque significaba que, en cualquier momento, podía perderlo. No sabía si era la mujer más feliz del mundo o la más angustiada”, recuerda Rocío, que había tenido un aborto espontáneo meses atrás. «Nada más saberlo, me puse a repasar si había hecho algo que hubiera podido dañar al bebé. Ese mes, me había fumado algunos cigarrillos. Había bebido alguna copa. Había tomado ibuprofeno. Sentía una ansiedad terrible y, cuando se lo conté a una amiga, me dijo que lo que hacemos antes de saber que estamos embarazadas no puede afectar al bebé. Aunque suene una tontería, me lo dijo tan segura que me tranquilizó», recuerda Jazmín.

De todas maneras, ese miedo a que pueda torcerse el embarazo cederá cuando escuches su corazón con la primera ecografía y tu hijo se convierta en algo más real para ti. Entonces, podrás relajarte un poco y prepararte para entrar en una nueva fase del intenso viaje al centro de la vida que es ser padres.

 

 

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