Embarazo

9 meses con las emociones a flor de piel

¿Pasas de la euforia al decaimiento? ¿Tienes las emociones a flor de piel? Es normal, estás embarazada. Este vaivén de sentimientos es una consecuencia más de los cambios que experimenta el cuerpo para adaptarse al bebé que alberga.

9 meses con las emociones a flor de piel

 Y ¿a quién podemos echarle la culpa? Pues a las hormonas.

En la gestación los niveles de estrógenos y progesterona se disparan y no solo te preparan físicamente para ser madre, también psicológicamente. No te asustes si no logras controlar tus emociones, si a veces incluso temes el momento de tener a tu bebé en brazos. Todo tiene una explicación médica (o casi todo).

 

Un volcan de hormonas

Las hormonas son unas sustancias que se producen en diferentes glándulas del cuerpo y llevan órdenes a todo el organismo a través del torrente sanguíneo. Al intervenir en casi todas las funciones corporales, influyen en la salud y también, en el estado de ánimo. ¿Recuerdas cuando te sentías una incomprendida en la adolescencia? Pues si ahora en la lejanía, aún te sorprende pensar que las hormonas fueran responsables de tal algarabía, piensa que las propias del embarazo y la lactancia también hacen de las suyas.

 

A las dos o tres semanas de la fecundación, comienzan a mandar señales a la futura mamá para advertirla de que algo está cambiando en su interior. Es más, la embarazada suele sentir cierta fragilidad emocional incluso antes de sufrir las primeras náuseas, uno de los síntomas más tempranos de la gestación. Pero no todo es confusión. El aumento de los niveles de progesterona y estrógenos también son las responsables de que estos nueve meses sean la etapa más gratificante de la mujer.

 

Hoy ríes, mañana lloras

El humor es absolutamente cambiante. La futura mamá pasa de la risa al llanto y de la amabilidad absoluta al mal humor sin motivo aparente. ¿O si lo hay? Pues sí, hay una razón y se llama progesterona, una hormona que influye en el cerebro de las embarazadas, sobre todo durante el primer trimestre de gestación. Por eso, la mujer no debe alarmarse ni avergonzase por su comportamiento: estos cambios de humor son tan solo una forma de asimilar las incontables transformaciones que sufre su organismo.

Una montaña rusa de sentimientos

Sobre todo al comienzo de la gestación, es normal que la gestante se sienta contenta por estar embarazada y, al mismo tiempo, haya ocasiones en las que quisiera no estarlo e incuso dude de su capacidad como madre. Después, según va avanzando la gestación, la ansiedad se va a atenuando y va ganando terreno el deseo de conocer al pequeñín que crece en su interior.

No será hasta el final, al acercarse la fecha del parto, cuando la futura mamá se verá de nuevo asaltada por las dudas y temores por la salud del bebé y la responsabilidad que se avecina: el miedo a no saber cuidar bien a su hijo. A la vez, le asustará el dolor del parto, pero los consejos de la matrona y el apoyo de su pareja le ayudarán a superar esta etapa.

Quizás estas inseguridades provoquen noches agitadas que, unidas a las molestias físicas típicas del embarazo, hagan que la mamá se sienta aún más cansada. Un consejo: una tisana o un baño caliente antes de acostarse ayudan a conciliar el sueño.

 

Deseo sexual muy variable

La mayoría de las futuras mamás comparan su deseo sexual con ¡un volcán en erupción! Durante el primer trimestre, más de la mitad experimentan un descenso de su apetito sexual debido a los cambios físicos y molestias que experimentan. Pero a partir del cuarto mes de gestación, con el cuerpo ya habituado y cargadito de hormonas, la líbido de la embarazada suele dispararse. Desde entonces y hasta el sexto o séptimo mes, la mujer tiene una gran actividad sexual y nota cómo se excita con más facilidad y rapidez.

 

De repente, caprichosa compulsiva

El deseo irrefrenable de comer un alimento concreto puede deberse a un estado de ansiedad, normal durante el embarazo. Pero la mayoría de las veces no se trata de un capricho sino de una necesidad física. Durante los nueve meses que dura el embarazo, el cuerpo femenino cambia y aparecen nuevas necesidades. Por un lado disminuye la cantidad de ácido clorhídrico que se segrega en el estómago para digerir la comida y el cuerpo pide alimentos ácidos, como el pepinillo o el limón. Pero como también son comunes las bajadas de azúcar durante la gestación, la apetencia de ingerir dulces está a la orden del día.

 

¡Más que relimpia!

En el octavo mes de gestación el corazón late más deprisa, la sangre circula más rápido, los órganos funcionan al máximo rendimiento y la embarazada siente unas ganas irrefrenables de ordenar y limpiar toda la casa. Es lo que se conoce como el síndrome del nido. Los expertos interpretan este comportamiento como una estatregia de la futura mamá para controlar lo que le rodea, dado el caos emocional en el que está inmersa y sobre el que no tiene poder alguno, como el miedo al parto.

 

Después de la tormenta, llega la calma

Poco antes del parto, bajan los niveles de progesterona y entra en acción la oxitocina, responsable de contraer el útero y hacer que las mamas produzcan leche. Esta hormona es también la responsable de la conducta maternal y de los sentimientos de amor hacia la pareja. Se dice que es la hormona del amor. Alcanza sus niveles máximos durante la hora siguiente al parto. También se libera cada vez que el bebé se pone al pecho, lo que favorece que la lactancia sea tan placentera para la mamá. La influencia hormonal no termina con el nacimiento del niño. El nivel de estrógenos cae en picado tras el parto, lo que provoca el abatimiento que sienten muchas mujeres tras dar a luz. Entonces aparece en escena la prolactina, que además de estimular la producción de leche favorece el instinto de protección y cuidado del bebé.

Pero, a pesar de la gran influencia que parecen tener las hormonas durante toda la vida de la mujer, el cariño entre una madre y su hijo se desarrolla día a día, a través del contacto personal. Cuando estas hormonas desaparezcan del organismo de la mamá, está seguirá llevándose por su instinto y sentimientos para garantizar el bienestar de su hijo.

 

Asesor: Dr. Jackie Calleja, ginecólogo y obstetra del Hospital Universitario Quirón Madrid

 

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