El camino más bonito

Embarazo paso a paso desde la concepción hasta el parto

No hay semana de transición en un proceso de gestación, ya que siempre se producen cambios a ritmo frenético, tanto en el desarrollo físico como cerebral del embrión; te contamos de forma resumida qué pasa en esas 38-40 semanas.

Embarazada
Embarazada (Foto: iStock)

280 días de gestación, 38 semanas desde la fecundación del óvulo y 40 desde la última menstruación. Tres cifras que indican lo mismo: la duración de un embarazo, etapa inolvidable en la vida de cualquier mujer que la experimente en primera persona. 

Las diferencias entre 38 y 40 semanas se dan porque realmente, en las dos primeras semanas no existe el embarazo tal y como lo tenemos en la cabeza. Es en la tercera cuando se produce la fecundación del óvulo por el primer espermatozoide que llega hasta su núcleo, de ahí que estimen 38 semanas desde este momento, que sí es el paso decisivo para poder hablar de gestación. 

Primeras semanas

Durante el primer trimestre, se producen cambios constantes a un ritmo vertiginoso. La implantación del embrión en el útero, que a veces genera un sangrado vaginal que puede confundirse con la menstruación, a los cuatro o siete días de la fecundación; y en la sexta semana, el latido del corazón se estabiliza hasta funcionar de forma regular, de ahí que si se hace una ecografía a partir de este momento es muy probable que se pueda escuchar el latido. Al mismo tiempo, de la semana 4 a la 8, se desarrolla el cerebro y los órganos del cuerpo, de ahí que se hable de este período como organogénesis. 

Es al final de esta octava semana desde la última menstruación, seis desde la fecundación, cuando el embrión ya tiene apariencia de ser humano, si bien pesa apenas 3 gramos. Su estructura diminuta no deja de ser supercompleja, y apenas dos semanas más tarde, en la octava desde la fecundación, ya podrá hablarse de feto porque sus órganos estarán completamente formados y funcionando. Por este motivo, y porque en la semana siguiente las membranas que unían sus dedos se separan, en la primera ecografía de control, alrededor de la semana doce, los futuros papás son capaces de reconocer perfectamente la forma humana de su futuro hijo, que mide aproximadamente seis centímetros y pesa 14 gramos. 

Dos semanas después, habrá doblado su tamaño y empezará a tener actitudes propias de un bebé, como puede ser chuparse el dedo. Ya orina dentro del vientre y agita sus extremidades, al mismo tiempo que su cabeza y su cuerpo se proporcionan en tamaño. 

Segundo trimestre

Poco a poco, pero sin pausa, el bebé sigue formándose y creciendo camino del ecuador del embarazo. En la semana quince aparece el lanugo, en la dieciséis se empiezan a diferenciar las articulaciones y sus piernas se alargan con respecto a las piernas. Además, empieza a mostrar reflejos, de ahí que cierre y abra las manos, por ejemplo, y aparecen también las uñas de las manos y de los pies. 

A la semana veinte, el feto llega cada vez con sus órganos más maduros y desarrollados, ya ha empezado a nacer el pelo en su cabeza, y sus movimientos en el vientre de su madre ya pueden ser lo suficientemente bruscos como para que se noten desde el exterior. Esto también se debe a que su tamaño suele alcanzar ya los 350 gramos y los dieciséis centímetros. 

En la semana veintidós, veinte desde la fecundación, el aspecto del feto es el de un bebé perfectamente formado que necesita, eso sí, ganar mucho peso. Pero ya tiene incluso detalles como los párpados, las uñas completas y cejas, si bien estas últimas no está formadas del todo ya que entre otras cosas no tienen el color que tendrán al nacer. 

En el mes y medio siguiente el crecimiento que experimenta es enorme, puesto que en la semana veintiocho medirá alrededor de unos 36 centímetros en total y su pesa sobrepasa ya el kilo. Entre medias, además, sus órganos han madurado mucho, se han terminado de formar los ojos, y todo ello se traduce en que sus posibilidades de sobrevivir a un parto prematuro a estas alturas aumentan considerablemente. Eso sí, sus pulmones no están lo suficientemente maduros para respirar por sí solos en el exterior.

Recta final

Al comienzo del último trimestre del embarazo, se dispara por un lado el crecimiento corporal del feto y su desarrollo cerebral por otro. Por eso cada vez responde con más nitidez a estímulos recibidos desde el exterior, ya sea música, ruidos bruscos e incluso las voces que conoce. 

En la semana treinta, el feto acumula hierro, calcio y fósforo para fortalecer sus huesos, que pese a estar formados son todavía flexibles y frágiles. En la treinta y dos, el peso está cerca ya de los dos kilos y el tamaño es de 42 centímetros, lo que unido a su desarrollo cerebral casi completo hace que las posibilidades de que viva en un parto prematuro a partir de este momento sean altísimas. 

Alrededor de la semana treinta y cinco, su peso ya se sitúa sobre los dos kilos y medio, su longitud sobre los 46 centímetros, el lanugo va desapareciendo, y órganos como los riñones y el hígado que ya estaban formados, empiezan a funcionar con normalidad. Queda un mes por delante de seguir cogiendo peso, hasta los tres kilos y medio aproximadamente si no nace hasta la semana cuarenta. Además, sus pulmones y sus órganos continúan madurando, de ahí que no sea recomendable el nacimiento antes de la semana treinta y ocho. 

En el último mes también notarás como en algún momento, si todo va bien, tu tripa baja, lo cual es síntoma de que el pequeño se ha encajado en la pelvis, paso previo fundamental para que tenga medio camino hecho en el momento del parto. 

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