Psicología

Estoy embarazada y no sé si quiero estarlo

6 minutos

¿Estas embarazada y piensas que igual no es buena idea ser madre? ¿Te sientes tan culpable que no te atreves a hablar de ello? ¡No te angusties! Es un sentimiento muy normal.

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Rechazo maternidad

«Aunque el embarazo sea deseado, es normal que la mujer tenga algún tipo de ambivalencia con respecto a él en el primer trimestre», tranquiliza la psicóloga perinatal Lina Martín. Pero la futura madre suele vivir la situación con angustia y le cuesta trabajo aceptarla. Resistirse no sirve de nada, todo lo contrario: cuando se reprime una emoción, se hace más fuerte; así que la solución al problema pasa por aceptar lo que se siente para poder contarlo. Es el primer e indispensable paso para desenmarañar la maraña.

«Hay muchas mujeres que no se atreven ni a nombrarlo, pero la ambivalencia es normal, y es importante compartir el miedo o las dudas con la pareja, una amiga, la matrona o un psicólogo llegado el caso. Libera mucho estrés y con solo expresar la emoción la mujer empieza a sentirse mejor», cuenta Lina Martín.

A veces reconocer las dudas sobre el propio embarazo será suficiente y se irán diluyendo a medida que este avanza. Hay que recordar que la futura madre establece el vínculo afectivo con su hijo lenta y progresivamente con el paso de los días, al ver las ecografías o al sentir las pataditas. Otras veces, la situación requerirá bucear un poco más en lo que parece que dificulta que establezca un vínculo con el pequeño ser que crece en su interior.

Tiempo de cambios

La gestación pone en marcha muchos procesos físicos y psicológicos, conscientes e inconscientes. Y a menudo eso que se interpreta como rechazo hacia el bebé es, en realidad, otra cosa que está interfiriendo en el establecimiento del vínculo. Hay varias razones por las que un embarazo que se considera fuente de alegría pueda llevar al replanteamiento de toda la situación:

  • Una vez embarazada, la mujer toma conciencia de los cambios irreversibles que se producirán en su vida. La gestación puede ponerla en contacto con un sentimiento de hiperresponsabilidad difícil de manejar.
  • El malestar físico de los primeros meses suele influir: con lo bien que estaba, y ahora no puede dejar de sentir esa insoportable náusea y no le apetece ni bajar a la esquina. ¿Y si las cosas, el resto del embarazo, el parto, el bebé, no son como ella esperaba? Los cambios físicos que conlleva la gestación suelen chocar con la presión social por estar guapa y delgada, algo que afecta a muchas mujeres, generándoles malestar con su estado.
  • Durante el embarazo se abre un periodo de ‘transparencia psíquica’ y la futura madre se pone en contacto con sus emociones, especialmente las de su propia niñez. «Si hay duelos no resueltos de la infancia o etapa adulta, si en la niñez se vivieron situaciones traumáticas como abusos, o momentos difíciles, van a aflorar con más facilidad en este periodo», afirma Lina Martín. Todo esto puede aparecer como un malestar inespecífico que, en realidad, pide ser resuelto.
  • A veces lo único que ocurre es que la realidad ha chocado con unas expectativas desproporcionadas: la futura madre había pensado que la embargarían el amor y la emoción y quizá no siente nada (no sabe que es pronto), lo que la aterra. Muchas veces el embarazo saca a la luz una situación familiar o de pareja inestable: la mujer empieza a sentirse sola y piensa que no podrá llevarlo todo adelante. 

De hecho, si ha pasado el primer trimestre y persiste el malestar por el embarazo, si el deseo de vincularse con el hijo sigue sin aparecer, lo primero que hay que preguntarse, afirma Lina Martín, es si la mujer cuenta con suficiente apoyo en su familia y pareja. También habría que determinar si lleva un ritmo de vida frenético que le impide conectar con la nueva situación y respetar las necesidades del momento. «No se trata solo de un problema de la mujer, la sociedad está implicada en la medida en la que no favorece el bienestar de la mujer, por ejemplo, si tiene que trabajar muchas horas ahora que está siempre cansada. La familia también está implicada, porque cuando la mujer se siente bien sostenida y apoyada por los suyos es más fácil que pueda desarrollar un vínculo con el bebé que espera», afirma Lina Martín. Sea lo que sea, la embarazada necesita hablar de su emoción. «Hay que ofrecerle una escucha que le permita llorar, desahogarse y expresar todo lo que siente. A menudo no necesita consejos, ni ser tranquilizada, solo espacio para expresarse, sin ser juzgada», afirma Lina Martín.

 

¿Y si la futura mamá no encuentra alivio?

«Las dudas sobre el propio embarazo no son un proceso patológico sino normal», recalca Lina Martín. «Pero no hay que esperar a que sea patológico para buscar ayuda: si los pensamientos crean mucha ansiedad en la mujer y hablarlos con el entorno no conlleva alivio, o si no se encuentra apoyo, es motivo de sobra para acudir a un profesional», afirma la psicóloga. Para llegar al fondo de la cuestión. «Tras poder expresar abiertamente las dudas sobre el embarazo sin ser juzgada, la mujer a menudo empieza a sentirse liberada», explica la psicóloga. Y su postura puede evolucionar hacia la aceptación de dicho embarazo. «También hay que contemplar la posibilidad de que la mujer quiera poner fin al embarazo», reflexiona Martín, «y en ese caso también puede necesitar un profesional que la apoye y la acompañe en ese proceso, que es duro».

Cuando lo que hay en juego son antiguos traumas sin resolver, la transparencia psíquica que caracteriza a esta época agiliza mucho la terapia: «En pocas sesiones se resuelven muchas cosas porque la mujer está muy en contacto consigo misma», afirma Lina Martín. Es cierto que el embarazo no es la época que una eligiría para sacar los trapos sucios, pero si estos han empezado a flotar en las aguas de la consciencia, es el momento de atender lo que la mujer necesita.

Aunque la ambivalencia en principio no es un proceso patológico, puede llegar a serlo. «A menudo se minimizan los síntomas de la mujer embarazada, todo se achaca a las hormonas, pero si no se la escucha, se pueden pasar por alto cosas como una depresión», apunta la psicóloga. Si a la futura madre la embarga un fuerte sentimiento de angustia o tristeza, si empieza a desvalorizarse y de repente se ve incapaz e impotente, si los sentimientos de culpa no desaparecen, es una señal clara de que necesita urgentemente la ayuda de un profesional.

 

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