Complicaciones del embarazo

Hidramnios: qué es, por qué se produce y cómo se trata

Conocida también como polihidramnios, consiste en una acumulación excesiva de líquido amniótico alrededor del feto, la cual suele aparecer a mediados o al final del embarazo, y, aunque rara, es diagnosticada como una complicación.

Hidramnios
Foto: Istock

Durante el embarazo, el líquido amniótico juega un papel esencial tanto para el bienestar como para la propia salud del bebé. Sin embargo, la existencia de demasiado líquido amniótico, al igual que su falta, puede acabar siendo perjudicial.

El líquido amniótico se encuentra formado por distintos elementos, principalmente agua rica en sales minerales, células fetales y proteínas, entre otros. Es esencial para el embarazo, ya que protege al bebé de las infecciones, ruidos y golpes, lo mantiene a una temperatura constante, participa en su crecimiento y desarrollo proporcionándole distintos nutrientes, y promueve la maduración de su sistema respiratorio.

La cantidad de líquido amniótico, normalmente, tiende a aumentar hasta el quinto mes de embarazo, con un promedio a las 31 semanas de embarazo de entre 800 a 1000 ml. A partir de ahí, empieza a disminuir poco a poco hasta el final del embarazo, llegando a los 700 ml de media.

Producido tanto por la futura mamá como por su bebé, y posteriormente reabsorbido por él, el líquido amniótico se convierte en el reflejo de los buenos intercambios entre la madre y su bebé y, también, del buen desarrollo de este último. De ahí que, con cada visita, el médico esté muy atento al volumen existente de líquido amniótico a través de las ecografías.

¿Qué es hidramnios?

Conocido también médicamente con el nombre de polihidramnios, hablamos de hidramnios cuando la cantidad de líquido amniótico es demasiado grande en comparación con lo considerado como normal. Puede aparecer durante el segundo trimestre de embarazo, y se diagnostica cuando el volumen de líquido se sitúa entre 1 y 2 litros, o supera incluso los 2 litros.

Dependiendo de su origen, el hidramnios puede ocurrir de forma repentina o aparecer poco a poco para mantenerse hasta el final del embarazo. Esto significa que este exceso también puede acabar siendo transitorio, por lo que la cantidad de líquido amniótico fluctúa a lo largo de los días.

En cualquier caso, tiende a ser considerado como una complicación bastante rara, que solo ocurre en un 0,4 a 1,2% de los embarazos.

¿Cómo se diagnostica?

A diferencia de la falta de líquido amniótico (oligoamnios), que es más difícil de detectar en el examen clínico, el hidramnios sí puede mostrar síntomas o signos mucho más visibles. Por ejemplo, es habitual que la altura del útero sea mayor de lo normal. Y que, además, a la palpación el médico perciba la existencia del propio flujo.

Un aumento de peso repentino, o la aparición de edemas suelen ser también señales de advertencia. 

En cualquier caso, la ecografía será finalmente útil para confirmar el diagnóstico. Para ello, el especialista mide las áreas negras que encontramos en la pantalla, y que se encuentran ubicadas alrededor del bebé: son las que se corresponden con el líquido amniótico. Así, con estas diferentes medidas, puede establecer el índice amniótico. A partir de ahí puede hacer el diagnóstico: hidramnios moderado o hidramnios severo.

¿Cuáles son las causas?

Cuando ocurre esta condición, existe un desequilibrio entre la producción de líquido amniótico y su reabsorción. Dicho de otra forma, el bebé no elimina suficiente líquido amniótico, en comparación con lo que produce.

La diabetes gestacional en la mamá suele ser una de las causas más comunes. En caso de existir desequilibrio glucémico, el feto puede tener macrosomía fetal (más grande de lo normal), y tener, además, una mayor cantidad de líquido amniótico. 

Causas del hidramnios
Foto: Istock

Una infección materno-fetal también puede provocar una producción excesiva de líquido amniótico, como ocurre en caso de rubéola o toxoplasmosis.

Por otro lado, también puede surgir como consecuencia de algún problema a nivel de la absorción del líquido amniótico. Por ejemplo, una anomalía digestiva en el bebé, una anomalía cérvico-torácica, una anomalía de la pared abdominal, una anomalía del sistema nervioso, una anomalía cromosómica o una cardiopatía fetal.

¿Cuáles son los riesgos?

El principal riesgo es el parto prematuro. Esto se debe a que la existencia de un exceso de líquido amniótico, a presión, puede originar la rotura temprana de membranas, causando contracciones.

Durante esta ruptura, también existe un riesgo mucho mayor de procidencia del cordón; es decir, que el cordón umbilical se comprima por la cabeza del bebé, lo que puede aumentar las complicaciones. 

Pero puede igualmente causar complicaciones en la mamá. Por ejemplo, trastorno respiratorio, hematoma retroplacentario o atonía uterina, la cual puede impedir la curación del útero.

¿Se puede tratar?

En el caso de diagnosticar hidramnios, se debe vigilar de cerca la evolución del embarazo. El tratamiento es diferente en función de cuál sea la causa que haya originado esta anomalía. 

El médico, por ejemplo, puede prescribir reposo para la embarazada. También puede realizar una punción de parte del líquido amniótico.

Además, si sus síntomas resultan muy molestos, es posible que el médico también administre medicamentos antiinflamatorios, con la finalidad de aliviarlos. 

Eso sí, la clave está en tratar la causa. Así, cualquier condición que pueda contribuir a su aparición, como podría ser el caso de la diabetes gestacional, debe ser atendida, tratada y controlada.

Pero, ¿y si no se ha identificado la causa? En este caso es posible que el médico prescriba un tratamiento médico a base de antiprostaglandinas, que podrían ser útiles a la hora de reducir la cantidad de líquido amniótico.

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Contenidos en Gaia Media Magazines, especializado en maternidad, salud, ciencia y nutrición.

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