Lactancia materna y nuevo embarazo

Lactancia materna y nuevo bebé: cómo reducir el malestar asociado en el embarazo

Mantener y seguir con la lactancia materna durante un nuevo embarazo es perfectamente compatible y posible. Pero no está exenta de ciertas incomodidades, especialmente cuando la gestación avanza.

Lactancia materna y nuevo bebé
Foto: Istock

¿La lactancia materna es cien por cien compatible con un nuevo embarazo? Como ya te hemos mencionado en distintas ocasiones, la respuesta es positiva. Aunque es cierto que a muchas mamás y papás primerizos les preocupe cómo el embarazo y la lactancia pueden funcionar juntos.

Por ejemplo, algunas personas creen que continuar amamantando durante la gestación puede aumentar el riesgo de aborto espontáneo y / o parto prematuro. Pero, en realidad, se trata de un mito que se deriva del hecho de que la lactancia materna libera oxitocina, la misma hormona que ayuda a que se produzcan las contracciones durante el trabajo de parto y el propio parto en sí.

No hay evidencia de que esto pueda ser perjudicial durante el nuevo embarazo, ya que los distintos estudios publicados hasta el momento han demostrado que el útero no responde a estos efectos, ni es tan sensible a la oxitocina hasta que llegan las últimas semanas del embarazo, como de hecho tiende a ocurrir siempre y normalmente.

Dicho de otra forma, al igual que mantener relaciones sexuales no pone en riesgo al bebé por nacer (a menos que esté contraindicado), tampoco lo hace continuar amamantando al hijo mayor.

Por tanto, la lactancia materna es compatible con el embarazo. Y no existe ningún riesgo asociado, aunque esto no significa que no puedan producirse algunos cambios.

¿Cómo puede cambiar la lactancia materna con el nuevo embarazo?

La mayoría de las madres que están amamantando durante el embarazo tienden a notar cierta disminución en el suministro de leche, algo que ocurre a mitad de la gestación en muchas ocasiones, aunque también puede producirse desde el primer mes.

No obstante, esto no significa que la leche materna sea menos nutritiva. Es más, la leche materna seguirá proporcionando al niño los nutrientes que necesita, a pesar de que sea más probable que su producción se reduzca a medida que avanza el embarazo.

Pero, ¿por qué ocurre esto? El nivel de progesterona aumenta de forma gradual durante el embarazo. Una teoría, publicada en el año 2003, sostiene que esta hormona hace que los alvéolos sean permeables o “goteen”, por lo que no pueden almacenar la leche bien. 

Tras el nacimiento del bebé, y la expulsión de la placenta, el nivel de progesterona disminuye drásticamente, lo que permite que sea la prolactina la que se haga cargo ahora. Esta hace que los alvéolos sean impermeables, preparando con ello el escenario para el retorno de la abundante producción de leche materna.

La lactancia y nuevo embarazo
Foto: Istock

Durante la gestación, además, la leche madura lleva a cabo un cambio gradual para volver a producir calostro, el cual se encuentra presente en el momento del nacimiento del nuevo bebé. Así, el suministro puede incluso aumentar hacia el final del embarazo, especialmente a medida que la producción de calostro comienza.

También es necesario tener en cuenta otro aspecto importante: el calostro actúa como un laxante natural, por lo que es posible que la caca del niño mayor pueda ser algo más líquida de lo normal (efectivamente, no hay de qué preocuparse). 

Cómo disminuir el malestar

Aunque la lactancia materna durante el embarazo tiene sus beneficios, también puede presentar algunos desafíos que deben ser tenidos en cuenta. Por ejemplo, es posible que surjan náuseas debido a la bajada de la leche, además de un mayor dolor y sensibilidad en los pezones. En este sentido, se estima que alrededor del 75 por ciento de las madres experimentan una mayor sensación de dolor en los pezones. 

Por tanto, centrar la atención en algo que no sea la incomodidad o el dolor puede ser de muchísima ayuda a la hora de sentir cierto alivio.

Senos y pezones más sensibles y doloridos

Se trata de uno de los síntomas más habituales. Cuando la mamá está amamantando en el momento de la concepción, es común que se produzca un cambio repentino en el seno que origina una mayor sensibilidad del pezón, haciéndolo más doloroso.

En estos casos, los expertos aconsejan intentar hacer otra cosa con la finalidad de mantener la cabeza ocupada y no centrar la atención en el dolor. Poco a poco, y a medida que avance el embarazo, las molestias se reducirán.

Incomodidad

Es normal sentir mayor malestar durante la lactancia, dado que la gestación provoca muchos cambios físicos que afectan la capacidad de la mamá para amamantar con comodidad. Al principio, como hemos visto, podría deberse al dolor en los pezones, y seguidamente al crecimiento del abdomen. 

Además, a medida que el útero crece, puede volverse muy complicado encontrar una posición cómoda para amamantar. La clave está en intentar encontrar una posición práctica y cómoda.

En muchos casos, las recomendaciones a seguir son prácticamente las mismas que se seguirían durante la lactancia materna sin embarazo. Esto significa que es necesario cuidarse alimentándose bien, asegurándose de estar bien hidratada, así como descansar lo suficiente.

Desde un punto de vista nutritivo, los expertos aconsejan tomar alrededor de 500 calorías suplementarias por día si el niño come otros alimentos además de leche materna, o a 650 calorías más si tiene menos de seis meses

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Contenidos en Gaia Media Magazines, especializado en maternidad, salud, ciencia y nutrición.

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