Desarrollo del embarazo

Qué es la placenta y en qué consiste

La placenta es un órgano importantísimo en la gestación, que permite un intercambio de oxígeno y de sustancias nutritivas entre la madre y su bebé. De hecho, cuando se produce el nacimiento del bebé inmediatamente se procede al alumbramiento o expulsión de la placenta.

Mientras el bebé crece y madura a lo largo de los nueve meses de embarazo, también hay algo más creciendo en el interior de tu útero, y es responsable de que el pequeño se mantenga vivo, se desarrolle y evolucione durante toda la gestación. Es la placenta, sobre la que probablemente ya hayas oído hablar, pero ¿en qué consiste realmente? ¿qué es lo que hace y por qué es tan importante?

¿Qué es la placenta? ¿En qué consiste?

Podríamos identificar la placenta como una “línea de vida” entre el bebé (o bebés, si estás embarazada de más de uno) y el suministro de sangre. Es, como manifiestan muchos especialistas, un órgano increíble que se forma y crece con el bebé, y que ayuda a sostener completamente su vida.

Pero lo cierto es que no se trata de una hazaña pequeña, ni mucho menos se trata de un órgano pequeño. Al finalizar el embarazo, la placenta mide aproximadamente 17 centímetros de ancho y casi 5 centímetros de grosor, mientras que pesa alrededor de 450 gramos.

Básicamente consiste en una membrana gruesa, especialmente rica en vasos sanguíneos. Su importancia deriva, como veremos próximamente, en que ayuda a suministrar nutrientes tremendamente valiosos y oxígeno al bebé, además de retirar productos de desecho con el fin de mantenerlo sano.

¿De dónde viene y cómo se produce?

Después de que el óvulo se libera para poder ser -o no- fertilizado por un espermatozoide, el folículo en el ovario del que proviene, conocido con el nombre de cuerpo lúteo, tiende a colapsarse, comenzando a producir la hormona progesterona y proporcionando alimento y soporte para el embrión a lo largo del primer trimestre de embarazo

Mientras, aproximadamente siete u ocho días después de que el espermatozoide fertiliza el óvulo, algo que ocurre alrededor de la semana 4 de embarazo, una masa de células (la forma más temprana de un embrión) se implanta en la pared del útero. Algunas células de esta masa se separan, estando destinadas a formar un órgano con forma de disco lleno de vasos sanguíneos, y que se hará cargo del cuerpo lúteo en el segundo trimestre. Es la placenta.

Así, durante los siguientes dos meses la placenta se desarrolla. Los capilares aún pequeños se convierten en vasos sanguíneos más grandes, proporcionando al bebé los nutrientes y el oxígeno que tanto necesita para su crecimiento.

Alrededor de la semana 12 de embarazo la placenta tiene ya todas las estructuras necesarias, para sostener al bebé a lo largo del resto del embarazo, aunque continuará creciendo a medida que el bebé también se desarrolla, evoluciona y crece.

¿Dónde la encontramos y cómo lleva a cabo sus funciones?

La encontramos adherida a la pared uterina, y contiene no solo vasos sanguíneos pertenecientes a la madre, sino también al propio bebé. Así, en el caso de gemelos idénticos, se da el caso de que la placenta puede ser compartida; mientras que si nos encontramos ante un embarazo de gemelos no idénticos o trillizos, cada uno de los bebés tendrá su propia placenta.

El feto se encuentra conectado a ella a través del cordón umbilical, el cual está formado por un total de una vena y dos arterias.

Los distintos vasos sanguíneos de la placenta se entrelazan, pero permanecen separados. De esta forma, la sangre de la mamá y la del propio bebé nunca llega a mezclarse en realidad, y todo lo que tiene que pasar de una corriente sanguínea a la otra se hace mediante un proceso de difusión.

¿Cómo? Tanto los nutrientes, como los anticuerpos y el oxígeno que el bebé necesita para desarrollarse, crecer y seguir viviendo, pasan de la sangre de la madre a la suya, fluyendo a su cuerpo mediante la vena umbilical. Luego, tanto los desechos como la sangre baja en oxígeno son finalmente eliminados por las arterias umbilicales, pasando a la sangre de la madre y siendo excretados por sus riñones. 

Esto significa que, en definitiva, tanto el crecimiento como la evolución y el desarrollo del bebé dependen totalmente de la madre. Así, todo lo que la embarazada ingiere, el bebé también lo recibe. De ahí que sea imprescindible evitar cualquier sustancia que pueda perjudicarlo, y seguir una alimentación saludable y equilibrada. 

Incluso recientes investigaciones han señalado que tanto los olores como los sabores de la comida que la madre consume o ingiere pueden transferirse al bebé a través de la placenta.

¿A partir de qué semana de embarazo puede empezar a envejecer?

Finalmente, la placenta alcanza su plenitud hacia las 34 semanas de embarazo, momento en el que comienza a envejecer. No obstante, en ocasiones (por diferentes circunstancias), puede ocurrir que la placenta envejezca mucho tiempo antes, pudiendo convertirse en un problema. 

De hecho, desde el instante en el que empieza su proceso natural de envejecimiento, dos o tres semanas más tarde ya es menos eficiente en la nutrición del feto, volviéndose fibrosa y apareciendo puntos calcificados -señal de que los vasos sanguíneos también están envejeciendo- y coágulos de sangre. 

Ya a partir de la semana 40 de embarazo la placenta comienza a deteriorarse, existiendo el riesgo de que deje de producir el suministro adecuado al bebé no solo de nutrientes, sino sobre todo de oxígeno, aumentando por tanto el riesgo de muerte fetal.

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Natursan.

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