Enfermedades en el embarazo

Síndrome de rubéola congénita en el embarazo: toda la información

Aunque lo más común es que la futura mamá haya pasado la rubéola en la infancia, o esté vacunada, en unos pocos casos en los que no haya ocurrido así puede contagiarse durante el embarazo. Y uno de los riesgos es que el bebé tenga rubéola congénita.

La rubéola es una infección viral que afecta la piel y los ganglios linfáticos. Esto significa que es causado por un virus. Aunque en cualquier etapa de la vida no supone un riesgo para la salud, cuando el contagio se produce durante el embarazo y la futura mamá no está vacunada o no ha pasado la enfermedad, sus consecuencias sí pueden ser graves, debido a su posible efecto sobre el feto.

De hecho, por lo general, la rubéola es una enfermedad leve en los niños. Lo más común es que incluso puedan no tener síntomas, pero, aún así, pueden transmitir la enfermedad. Sin embargo, cuando surgen síntomas, incluyen: fiebre leve y molestias y dolores leves, en ocasiones el enrojecimiento de los ojos, una erupción de manchas pálidas o rosadas (que se forman en la cara y se extienden al resto del cuerpo), sensibilidad e hinchazón en los ganglios linfáticos, especialmente detrás de las orejas.

Dado que la mayoría de las mujeres están vacunadas contra la enfermedad, la rubéola se ha vuelto muy rara durante el embarazo, especialmente en nuestro país. No obstante, si una embarazada contrae rubéola durante las primeras 20 semanas de embarazo, por lo general la enfermedad se transmite al feto. Si esto ocurre, surge la rubéola congénita.

Pero sus consecuencias pueden variar en función de la etapa de la gestación en la que se produce la infección. Si el feto contrae la rubéola durante las 12 primeras semanas de embarazo, es probable que el bebé tenga muchos problemas permanentes cuando nazca, como problemas cardíacos y trastornos oculares y auditivos. Si la contrae entre las semanas 12 y 20 de embarazo, los problemas tienden a ser menos graves.

¿Qué es la rubéola congénita? ¿En qué consiste este síndrome?

Se estima que un 94 por ciento de las mujeres están protegidas por los anticuerpos que produjeron durante la infancia, cuando contrajeron la rubéola, o después de la vacuna. Sin embargo, en nuestro país se estima que la frecuencia de la conocida como rubéola congénita es de 1 a 4 por cada 10.000 embarazos. Por tanto, la prevención se basa principalmente en la vacunación.

La rubéola congénita es una enfermedad que puede ocurrir en el bebé cuando la infección de la madre, en las primeras etapas del embarazo, se transmite al feto, el cual puede originar una serie de síntomas clásicos, como cataratas, enfermedades cardíacas, sordera y muchas otras afecciones o trastornos.

Rubéola congénita
Foto: Istock

Se estima que la infección de la futura mamá en el primer trimestre del embarazo se transmite al feto en aproximadamente la mitad de los casos, mientras que, cuando la embarazada se infecta al comienzo del segundo trimestre, la infección del feto se observa en alrededor de un tercio de los casos. También se sabe que las molestias fetales también tienden a ser cada vez más graves cuanto antes se transmita la infección al feto.

Sin embargo, las manifestaciones del síndrome de rubéola congénita pueden retrasarse de 2 a 4 años de edad. Por otro lado, se estima que la mortalidad en los primeros 18 meses de vida del bebé es del 13 por ciento, aproximadamente.

¿Qué síntomas puede tener el bebé?

En los recién nacidos, la rubéola congénita puede manifestarse como múltiples malformaciones que pueden ocurrir de forma aislada, así como un síndrome septicémico. Pero, ¿cuáles pueden ser las malformaciones más comunes?: principalmente bajo peso al nacer, malformaciones oculares (microftalmía y cataratas), cardiopatías congénitas, microcefalia, sordera de percepción y retraso psicomotor. 

El síndrome progresivo puede tener relación con la persistencia del virus en la sangre, el cual puede persistir durante algunos meses, motivo por el cual se cree que los bebés pueden continuar transmitiendo la infección durante algunos meses tras el nacimiento (hasta un año después). Además, el cuadro clínico puede combinar la aparición de ictericia, bazo agrandado, hígado agrandado, convulsiones y anomalías óseas radiológicas.

Cuando la infección se produce después del quinto mes de embarazo, no provoca una malformación en el feto, sino una infección neonatal, lo que influye en que el bebé, en el momento del nacimiento, presente bajo peso, hepatitis, hepatoesplenomegalia (hígado y bazo agrandados), trombocitopenia, meningitis, encefalitis y anomalías radiológicas de los huesos largos.

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Contenidos en Gaia Media Magazines, especializado en maternidad, salud, ciencia y nutrición.

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