Dificultades de la paternidad

Tener un hijo actualmente: un acto de fe

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La falta de conciliación, los sueldos tan bajos y la ausencia de ayuda familiar hacen muy complicada la tarea de ser padres y, sobre todo, de más de un hijo.

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Tener un hijo actualmente: un acto de fe

A veces, aún hoy, que nos acercamos al ecuador de nuestro segundo embarazo, me sorprendo preguntándome que en qué demonios estábamos pensando cuando decidimos buscar a nuestro segundo hijo. No porque no sea un hijo querido y deseado, ni mucho menos, sino porque a menudo, cada vez más, tengo la sensación de que tener un hijo en España hoy en día, en la coyuntura actual (al menos en la nuestra, que seguro que es la de muchos), es todo un acto de fe, quizás uno de los mayores que llevemos a cabo en nuestras vidas.

Primera razón: economía

Y lo es principalmente por tres motivos: en primer lugar porque sobrevivir económicamente en una gran ciudad (incluso en un pequeño pueblo), con los sueldos irrisorios que rigen en la actualidad, es caminar indefinidamente sobre el alambre. A modo de funambulistas. Y sí, está claro que donde comen tres, comen cuatro; y que, como siempre digo, un niño no precisa de tanto gasto como hacemos… Pero aún así es inevitable no sentir angustia, porque al convertirte en padre dejas de pensar en ti como unidad para hacerlo en plural y pensar en tu familia. Y si hay alguien a quien no quieres fallar es a esa familia, a esos niños indefensos a los que has traído al mundo. ¿Podremos? ¿Llegaremos a final de mes?

Segunda razón: la ausencia de tribu

En segundo lugar por la ausencia de tribu. Recuerdo cuando era pequeño que en casa de mis padres nunca faltaban manos. Tías y tíos pasaban las tardes con nosotros y aligeraban en cierto modo el día a mis padres. Hoy, en plena era de la globalización y en un mundo totalmente móvil, vivimos la paternidad/maternidad muy solos, sin una red de apoyo alrededor, sin ese hermano, esos padres o esos vecinos en quien poder descargar la responsabilidad en un momento dado para atender cualquier imprevisto. Y eso, a largo plazo, desgasta y es agotador, porque no te permite bajar la atención ni un segundo.

Tercera razón: la falta de conciliación

Y por último porque no existe la conciliación. Que tampoco es nada nuevo, vaya, porque nunca ha existido, pero antes se podía vivir con un sueldo y había una tribu (otra vez la tribu) que te cubría las espaldas. Ahora ni se puede vivir con un sueldo ni existe esa red de apoyo, con lo que la ausencia de medidas de conciliación para facilitarnos nuestra tarea como padres ha adquirido una mayor importancia, ya que nos obliga a vivir haciendo malabares para cuadrar horarios y llegar a todo (a nuestro trabajo y a nuestros hijos).

La fe por tus hijos

Imagino que la suma de todos estos factores, de vez en cuando y, de forma especial, cuando estoy muy agotado/agobiado, me hago la pregunta con la que he empezado este artículo. Entonces, como notándolo, mi hija siempre me hace alguna monería con la que consigue hacer desaparecer todo síntoma de duda: como cuando besa la barriga de su mamá o habla con su hermanito a través del ombligo de ésta y me recuerda, casi sin quererlo, que no hay mayor motivo para tener fe que ellos.

Adrián Cordellat es autor del blog http://www.unpapaenpracticas.com/

Etiquetas: paternidad

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