¿Mito o realidad?

Todo lo que debes saber sobre la forma de tu barriga durante el embarazo

Las leyendas populares acrecentan pensamientos y dudas en las mujeres embarazadas, que ante el momento especialmente sensible que viven, no dejan de prestar atención a todo lo que sucede, incluida la forma de su tripa, pero la realidad es que esta pocas veces se debe a razones que tengan que ver con el feto al que da cobijo.

De un embarazo, sobre todo si es el primero, importa hasta el más mínimo detalle. El sexto sentido está pendiente hasta de la forma de la barriga, y ya no solo por hacer cábalas con la teoría popular de que si es redonda será una niña y si es picuda será un niño. Por esto también, es inevitable aunque se sabe que de científico tiene poco, pero también se atiende a ella por si esto significara alguna cosa más, generalmente para descartar cosas negativas. 

Es muy difícil, pero conviene no sacar conclusiones por lo que se ve de la tripa desde fuera. La teoría mencionada no es más que leyenda popular y tampoco hay nada especialmente determinante ni siquiera decisivo que tenga que ver con una tripa ancha, poco abombada, enorme o más o menos picuda. Lo más importante es que las estructuras interiores estén bien y funcionen correctamente para que el feto se forme y crezca, y eso lo ve bien el ginecólogo con las ecografías y las correspondientes exploraciones. La sabiduría popular poco tiene que decir aquí. Tan solo crear incertidumbres y dudas a partir de todos los mitos a los que da bombo, nunca mejor dicho. 

¿Qué influye en la forma de la tripa?

De entrada, además de no servir para predecir el sexo por mucho que tu abuela se empeñe en ello -igual acierta, pero en ese caso ya aguantarás el chaparrón como puedas…-,  el tamaño de la tripa no está implicado con el del bebé. La tripa muy exagerada suele darse por otros motivos, estos sí con cierta base científica: por ejemplo, que exista poco espacio para albergar al bebé, lo cual hace que la tripa crezca hacia fuera, o que sea un embarazo con mucha cantidad de líquido amniótico, algo que también puede ocurrir. Como es lógico, si el embarazo es múltiple, lo más probable es que la barriga también sea más voluminosa; en cambio, en mujeres con un peso superior al recomendado para sus características físicas, el embarazo suele pasar más desapercibido, siendo menos llamativa la forma de la tripa. 

Además, hay otros factores que también influyen en la forma de la tripa, que insistimos no tiene influencia directa en el feto, a excepción de uno que dejamos para el final del texto. La postura en la que suela caminar la gestante es una de ellas, sobre todo en los casos en los que la mujer camina con los brazos hacia atrás, lo cual marca más la tripa de embarazada. Del mismo modo, la tonificación de la musculatura abdominal puede provocar también que la tripa se vea más plana y elevada; esto es porque la tonificación de dichos músculos sujetan más arriba el peso de bebé. Ocurre justo lo contrario cuando el abdomen no está fortalecido, o cuando está más laxo por embarazos previos y más o menos recientes. 

La posición del bebé también cuenta

El único motivo que relaciona directamente al feto con la forma de la tripa es si este, ya cuando tiene un tamaño considerable, se coloca cerca de la cara posterior del útero, en cuyo caso la barriga sobresale menos. Cuando se coloca de forma transversal, ensancha la tripa, si está de pie acentúa la sensación de tripa plana y cuando se pone bocabajo, algo que se puede comprobar muy bien en la fase final del embarazo, esta parece más picuda y siempre más baja. El peso del futuro bebé, como decíamos al comienzo, no tiene por qué estar relacionado con la forma de la tripa, aunque puede tener que ver cuando su peso es muy elevado. 

Por último, por si te has notado de repente algunos bultos que han cambiado de posición a partir del ecuador de la gestación aproximadamente, no creas que te pasa nada raro: con toda probabilidad es el bebé que está empezando a dejarse notar, algo que ya no dejará de hacer nunca, tampoco cuando llegue el final de su vida intrauterina.

Continúa leyendo