Estrés en el embarazo

¿Puede afectar el estrés a mi bebé?

El estrés no es buen aliado durante el embarazo y puede perjudicar mucho la salud de la mamá, pero tampoco beneficia al bebé. Contamos qué efectos puede provocar.

embarazada estresada
Foto Istock

Tener dudas y miedos durante el embarazo es normal y ocurre en todas las gestantes. No olvidemos que es una etapa desconocida para la mayoría y el estrés fisiológico que se activa puede ser conveniente y no debe asustar a las futuras madres. “Un estrés leve o moderado es frecuente durante el embarazo y no tiene ninguna repercusión sobre su desarrollo. El estado de ánimo de las mujeres embarazadas está relacionado con los múltiples cambios hormonales. Estos aportan sensaciones nuevas que la mujer puede interpretar como señales de riesgo para el embarazo”, afirma el ginecólogo Jan Tesarik, de la Clínica MarGen en Málaga. Pero, ¿qué pasa cuando nos domina o nos vemos desbordadas?

Los tipos de estrés

Son muchos los que pueden resultar perjudiciales. Podemos diferenciar varios tipos:

- El intenso y prolongado por una fuerte presión laboral: miedo al despido, presión por consecución de objetivos empresariales y exigencias para no bajar el ritmo de trabajo tanto por superiores como por compañeros.

- Situación de inestabilidad emocional en la pareja: discusiones, miedo a ser abandonada por ella, falta de consciencia por la otra parte ante la nueva situación y falta de readaptación familiar.

- Falta de apoyo: tanto si se tiene pareja como si no, pues, como mujer embarazada, es necesario sentirse protegida.

- Acontecimientos vitales inesperados: muerte de un familiar, despido laboral...

- Preocupación excesiva por el embarazo: especialmente si existen pérdidas perinatales previas o vivencia de tratamientos de reproducción asistida y autoexigencia de perfección en el mismo.

“Todos ellos afectan al estrés de la mujer embarazada, que puede sentirse culpable por la situación original que le ha provocado esa ansiedad”, señala Silvia Gil, terapeuta de la Unidad Emocional de la Mujer del Hospital Quirónsalud de Málaga.

¿Qué complicaciones provoca?

La experta, haciendo referencia a una publicación de una revista americana, indica que “el 80% de las mujeres embarazadas sufren estrés durante el embarazo”. El retraso de la maternidad, evitar tener un hijo único, los abortos previos, los tratamientos de reproducción asistida y los diferentes consejos del entorno sociofamiliar llevan a la mujer embarazada a autoexigirse demasiado, a aspirar a ser una mujer perfecta. “Lo malo de esta situación es que diferentes estudios refieren que existe una relación entre el estrés perinatal materno y sus consecuencias en el bebé”, subraya la doctora. Además de las consecuencias para la madre, como hipertensión, los elevados niveles de estrés durante el embarazo se relacionan con que sus bebés tendrán un mayor riesgo de alteraciones del neurodesarrollo, asma, bajo peso al nacer, prematuridad, autismo e, incluso, un mayor riesgo de esquizofrenia en la edad adulta. “Esto es debido a que la hormona del estrés que segrega la madre puede llegar al bebé a través de la placenta. De hecho, se han encontrado concentraciones elevadas de una hormona relacionada con el estrés en las uñas de los bebés de madres que atravesaron por niveles elevados de estrés. La activación del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (HPA) ante un estímulo estresante aumenta los niveles de cortisol”, explica la ginecóloga Marta García, del Hospital Quirónsalud Málga. Como parte de la respuesta al estrés, el cortisol prepara al organismo para soportar y superar un estímulo estresante. En parte, debido a la presencia de la placenta, el eje HPA está profundamente alterado durante la gestación. La placenta, órgano endocrino de origen fetal, favorece la secreción de cortisol. Además, durante el embarazo aumenta de tamaño la glándula pituitaria y aumenta la producción de cortisol desde la glándula adrenal. “La hipótesis de la programación fetal o hipótesis de Barker establece que la estructura y función de diversos órganos y tejidos se “programan” o se ven alterados de forma permanente en respuesta a ciertos estímulos o agresiones durante períodos críticos del desarrollo fetal. Cuando la madre tiene que hacer frente a importantes peligros (que le producen estrés intenso), el bebé es programado para nacer en un mundo lleno de peligros, y ello puede provocar déficit de atención”, apunta la especialista.

Más propensos a enfermar

La ciencia lo avala. Por ejemplo, en la Clínica de Charité de Berlín se llevó a cabo un estudio de madres con vivencia de algún suceso traumático y de otras que no lo habían sufrido. El resultado de la investigación fue que los bebés de las gestantes con niveles de estrés tenían en su vida posterior reacciones anormales ante situaciones estresantes, así como alto índice de masa corporal, menor tolerancia al azúcar, sistema inmunitario alterado y dificultades para que operase la memoria funcional. Por otro lado, en la universidad de Basilea, Suiza, un estudio con embarazadas concluyó que los hijos cuyas madres habían sufrido estrés durante la gestación presentaban una mayor predisposición a sufrir enfermedades de las vías respiratorias, la piel y los órganos digestivos.

Cambios en el cerebro del feto

Durante la gestación se forman 250.000 neuronas por minuto, siendo susceptible de factores externos y ambientales. Los hallazgos en la Clínica Charité de Berlín, dirigidos por la neurocientífica Claudia Buss, reconocen que el estrés de la madre gestante puede afectar a la anatomía del cerebro del bebé. “El estrés durante el embarazo puede afectar el desarrollo del cerebro del futuro bebé y provocar un amplio espectro de problemas emocionales, cognitivos y de comportamiento después del nacimiento. Los problemas más frecuentes son depresión, ansiedad, trastorno por déficit de atención con hiperactividad y diferentes desordenes de conducta. En general, todos estos daños no son específicos y son impredecibles. No existe ninguna relación científicamente confirmada del estrés durante el embarazo y un problema neurológico concreto”, matiza Jan Tesarik.

¿Existe relación con el autismo?

La incidencia del autismo en la descendencia de las mujeres que han tenido altos niveles del estrés durante el embarazo es superior en comparación con las mujeres que no han vivido esta experiencia. “Esta conclusión fue confirmada por un reciente estudio realizado por los científicos de la Universidad de Granada. Sin embargo, el autismo no está específicamente relacionado con el estrés durante el embarazo y más bien forma parte de un amplio espectro de daños neurológicos que pueden resultar de esta condición. Muchas mujeres con niveles mantenidos de estrés durante el embarazo tienen niños sanos, y el desarrollo de una anomalía, neurológica u otra, está también condicionado por una predisposición genética”, recuerda el doctor Tesarik de la Cínica MarGen. Dato que confirma el doctor Rafael Montero Reguera, jefe de Servicio de Pediatría y de la Unidad de Cuidados Intensivos y Neonatología del Hospital Vithas Madrid Aravaca, quien sostiene que hay estudios en los que “se asocia el estrés con alteraciones neurológicas en el recién nacido como retraso psicomotor, problemas de comportamiento y autismo pero se necesitan más estudios y de mayor envergadura para confirmarlo”, concluye.

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