La hora de la comida es una tortura

Mi hija tiene 21 meses y no quiere comer más que biberón, natillas, yogur de chocolate y, a veces, un poco de pescado. La hora de la comida se ha convertido en una tortura para todos. La niña está estupenda, pero nos torea y no sabemos qué hacer. ¿La dejamos sin comer hasta que tenga hambre? ¿Le damos en la merienda lo que le toca o lo que no ha querido en la comida?

El experto responde:

Entiendo su preocupación por lo que nos cuenta de su hija. Puede llegar a ser desesperante. Y sin embargo, se trata de una niña sana. Ahora mismo se han juntado varias cosas: por un lado es una niña de poco comer, pero es que además ahora está en una edad muy especial.

Ya no quiere hacer lo que le digan o comer de lo que le ofrecen, es ella la que quiere llevar la voz cantante. Decimos los pediatras que esta etapa es muy importante: es la etapa del afirmación del yo y la batalla puede plantearse muchas veces a lo largo del día. Y como comer hay que hacerlo varias veces a lo largo del día...

Creo que lo exponen muy bien en su carta:"nos torea". Pero vuelvo a decirle que no es que quiera "fastidiar": es una fase de su desarrollo. Pero quien tiene que tener las riendas de la comida son los padres.

Es decir,los papas deciden qué es lo que hay que comer y, en parte, cuando.Pero la cantidad, el cuánto, está en manos del niño.

La tarea no es sencilla pero se puede conseguir. Los resultados no son inmediatos pero se consiguen.La hora de la comida es una torturaUnos pocos consejos, espero que útiles:

La comida del niño no pude ser el centro de lo que ocurre en el día:cuánto más importancia le demos, peor. Por tanto, debe perder esa trascendencia que parece que ahora tiene.

Sentarse a comer cuando toque, la comida que hayamos preparado-sólo hay una comida, si no la quiere no hacemos otra distinta-,sin castigos, ni vocesni sensación de fracaso. Y cuando hayan pasado, digamos 20 minutos, y se ha convertido en un juego, sin más terminamos la comida y a la siguiente actividad: la siesta, salir a la calle, etc.

Si lo ha hecho muy bien podemos, a lo mejor, hacerle notar que eso nos alegra, por ejemplo contándole un cuento o una canción. Pero si es lo contrario, no hacer comentarios o castigos... Y así un día tras otro.

Cuando su hija vea que no han perdido los nervios, que no merece mayor atención, irá disminuyendo la tensión en la comida. No digo que vaya a comer mucho más pero será de otra manera.

Como ya sabemos qué comidas o quéalimentossonmenos problemáticosusaremos de ellos con más frecuencia, pero como alternativa: cuando toca, toca.

Yo no soy partidario de ofrecer en al merienda lo que se dejo en la comida. Más bien de "ahí tenemos otra oportunidad", perolas normas, repito,las ponen los papás.

Losbiberonespueden servirnos para complementar lo que es probablemente insuficiente, perono se trata de ofrecer un biberón si no ha comido nada. Si tocaba biberón, por ejemplo por la mañana o después de la cena, adelante.

Respondido por Dr. José Manuel Moreno Villares

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