Ser Padres

“La alimentación no debería ser un premio o un castigo para los niños”

Sin duda alguna, si queremos educar en una alimentación saludable desde la infancia, es necesario que hagamos hueco a nuestros hijos en la cocina y prediquemos con el ejemplo. Aquí os damos unos cuantos trucos para convertir a nuestros hijos en 'pequeños realfooder' para siempre.

Autor: Niklas Gustafson
Aromas, texturas, herramientas… ¿existe alguna otra actividad que lo aglutine todo y que, además, nos haga disfrutar de su sabor y sentirnos mejor con nuestro cuerpo? El proceso de cocinar puede ser tan apasionante y divertido como el de comer, y la atracción de los niños por ella es instantánea y natural: todos hemos hecho flanes de arena, hemos jugado haciendo esos potingues al mezclar restos de bebidas sobre la mesa o hemos experimentado derritiendo chocolate; todos hemos querido ayudar a nuestros padres a pelar, cortar, colocar… ¿Por qué entonces no lo fomentamos más?
Vivimos en una sociedad en la que los índices de obesidad infantil siguen aumentando, así como la incidencia de enfermedades que se relacionan con ella, como diabetes, problemas cardiovasculares o incluso articulares. No es baladí, y mientras que la nutrición y la cocina no sean una materia principal en los centros educativos no conseguiremos que nuestros hijos aprendan que alimentarse bien es mucho más que una necesidad, es también un compromiso con nuestro futuro y con el planeta (alimentos ecológicos, de temporada, evitando químicos cuya fabricación no solo contamina el aire, sino también nuestro cuerpo).

Trucos para inculcar una alimentación sana desde la infancia

Mientras tanto, ¿por qué no empezar en casa? No les hacemos ningún favor si atendemos a su interés por las golosinas sin control, o a su deslumbramiento por el marketing alimentario de los productos más ultraprocesados. Si los adultos no consumimos bollería industrial o refrescos, ¿por qué dejar que nuestros hijos lo hagan? Mucho mejor educarles desde pequeños en una alimentación variada y saludable, y para ello podemos, ¡debemos!, hacerles un sitio en la cocina familiar. Aquí os dejo algunos trucos que podemos utilizar para atraer su interés y lograr el objetivo:
  • Ir a la compra juntos: Ir al mercado puede ser toda una aventura para ellos, y mucho más si les dejamos elegir algunos de los productos. Es el mejor sitio para que perciban la variedad, puedan comparar productos e incluso probarlos. Si hemos planificado el menú con antelación, podemos convertir la compra en una búsqueda del tesoro para reunir todos los ingredientes.
  • Enseñarles a leer las etiquetas: Los colores y mensajes del empaquetado les deslumbrarán, contamos con eso. Por ello es importante que, desde que puedan asimilarlo, les enseñemos a distinguir qué es ‘cuento’ y qué realidad (como la cantidad de carne o fruta que lleva un producto o su procedencia para saber si es realmente ‘eco’).
  • Dejarles escoger: Nuestra guía es importante, pero imponerlo todo no suele dar buenos resultados. Cuando planifiquemos el menú semanal podemos dedicar un día a cada miembro de la familia, donde esa persona escoge, por ejemplo, el elemento principal: pollo, huevo, pescado, tomate…, o la forma de elaboración. Aquí debemos estar preparados para hacer algunas concesiones y, como decíamos, no prohibir. Si el niño elige el chocolate, ¿por qué no preparar unos dados de calabacín con salsa de chocolate? O si quiere nuggets de pollo, ¿por qué no hacerlos en casa en lugar de que sean ultraprocesados?
  • Vestidos para la ocasión: ¿A quién no le gusta disfrazarse? La forma también es importante, y si queremos que el acto de cocinar sea un acontecimiento en nuestra casa, preparémonos para la ocasión. De este modo les estaremos enseñando también a protegerse (con un delantal o unas manoplas para los recipientes calientes).
  • Manipular de acuerdo con su edad y sus capacidades en cada momento. Los más pequeños podrán lavar la verdura, algo más mayores podrán cortarla y a partir de diez años ya pueden saltear en la sartén o guisar con supervisión.
  • Ofrecer variedad, mucha variedad: Mientras más variedad haya en los componentes que conforman el plato de los niños, mejor estaremos asegurando un mayor consumo de todos los nutrientes que necesita para su crecimiento; además, lo ayudará a familiarizarse mejor con ellos, evitando su rechazo a futuro. Esta regla hay que seguirla en casa, pero también cuando salimos fuera. Por mucho que les gusten las pizzas o las hamburguesas (que también pueden ser de calidad en un momento dado), acostumbrémosles a probar la gastronomía de distintas regiones y nacionalidades, a que hay todo un mundo más allá de ‘las lentejas de la abuela’.
  • No olvidemos la bebida: Para educar el paladar de nuestros hijos y que rechacen ‘naturalmente’ productos ricos en azúcares como refrescos y zumos, podemos enseñarles a preparar en casa aguas saborizadas con frutas o infusiones naturales y así brindar más opciones de bebidas.
  • También con invitados: Se sentirán muy importantes si participan en la preparación de la comida cuando recibimos en casa (estas brochetas las ha elaborado Álvaro) o incluso diseñan el menú (María pensó que os gustaría tomar una crema de aguacate de aperitivo).
Todo lo que los niños aprendan durante sus primeros años de vida quedará grabado en sus cerebros y lo repetirán durante toda su vida de forma inconsciente. Así que, como norma general, acostumbrémosles a llenar su plato de frutas y vegetales, acompañados de proteínas y lácteos y un buen aporte de fibra. Y, si bien es importante que mantengan un peso saludable, no nos obsesionemos con ello, ya que esto podría provocarles problemas de autoestima. La alimentación debe ser un placer y nunca un premio o un castigo. Prediquemos con el ejemplo y llevemos en familia una vida activa, social y al aire libre, lo demás vendrá solo.
Artículo elaborado por Niklas Gustafson, experto en nutrición y CEO de Natural Athlete
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