Comportamientos infantiles que los padres no deben ignorar
Los niños son inquietos por naturaleza pero, existen ciertos comportamientos a los que los padres debemos poner límites (sanos) y no pasar por alto. Te contamos algunos de ellos.
Vivimos en la época de la Disciplina Positiva, de los límites sanos, de la educación sin gritos y, sobre todo, de la crianza sabiéndonos poner en el lugar que ocupan nuestros hijos. Por suerte, el mundo de la crianza y de la educación en el hogar ha avanzado hacia nuevos horizontes mucho más sanos para la mente, las emociones y, en definitiva, para el correcto desarrollo psicológico del niño.
Pero, esos nuevos horizontes pueden ser un arma de doble filo para las familias que no están preparadas para lanzarse hacia ellos sin ningún tipo de formación. Tal y como nos comentaba el psicólogo infantil Rafa Guerrero en este artículo, para establecer una relación de apego seguro con nuestro hijo hemos de estar preparado. “De nada me sirve tener muchas ganas de conducir, si nunca he cogido el volante de un coche”, nos contaba. Y tiene razón: nunca podremos establecer una relación segura o unos límites sanos con nuestros hijos si no sabemos si quiera qué significa esto.
Así que, lo primordial es que tengas ganas de saber qué significa. Y después, que sepas distinguir si estás preparado para ofrecer a tu hijo una educación basada en la Disciplina Positiva y el apego seguro. De no ser así, te recomendamos que vayas a terapia e, incluso, te formes en el tema para que no te pille por sorpresa cuando tu hijo nazca.
Pues bien, en esta nueva sociedad en la que se busca, ante todo, el apego seguro y los límites sanos, las familias se encuentran, en ocasiones, con ciertos comportamientos infantiles ante los que no saben cómo actuar. “Ui, esto que ha hecho me parece que está mal pero… ¿está mal en realidad?”, “¿cómo se lo transmito?”.
Aunque sabemos que hay ciertos comportamientos normales, existen otros que las familias nunca deberíamos pasar por alto y que nos deben poner alerta. Hablamos, por ejemplo, de un niño con malas palabras, agresivo o demasiado egoísta.
Te contamos cuáles son los más comunes y cómo debéis actuar en cada caso. Os advertimos de antemano que los gritos, los castigos y, por supuesto, ningún tipo de violencia son una opción válida.
La agresividad nunca es buena, en ninguna etapa de la vida. Es normal, por ejemplo, que en medio de una rabieta el niño patalee o, incluso, quiera dar manotazos, pero todo lo que pase de eso, hemos de tenerlo en cuenta.Si insulta, pega a otros niños o, incluso, a los adultos o tira y rompe cosas a la mínima de cambio, hay que encontrar el origen de ese comportamiento. En este artículo te hablábamos de las causas más frecuentes que pueden llevar a un niño a ser agresivo.
Mentiras constantes
Las mentiras, hasta cierto punto, son normales. Ya que son una señal importantísima de que el niño está desarrollando otras habilidades cognitiva. Pero, si esta se convierte en persistente e, incluso, notas que está afectando a la capacidad de tu hijo a la hora de funcionar de forma efectiva en su día a día, deberías consultar a un experto sobre este comportamiento.
Finge no escucharte o indiferencia
Es una de las conductas más típicas y que más nos sacan de las casillas. Puede parecer algo normal pero, a la larga, puede convertirse en un problema más grave: que el niño no haga caso a tus consejos o a tus límites. Por eso, es necesario evitar esta costumbre desde primera infancia.¿Cómo? Evitando llamar al niño desde otra habitación, con voces o sin mirarle. Lo mejor será colocarse enfrente de él, agacharse y mirarle a los ojos cuando queremos algo. Así evitaremos que nos ignore y, además, el contacto visual directo te dará autoridad.
Triste constantemente
Es normal que los peques tengan altibajos; que algunos días estén más apáticos que otros. Pero si esa apatía se convierte en constante, tendremos que intentar hablar con él para averiguar dónde está el origen. Quizás se siente inseguro, ha tenido o tiene un conflicto mayor con otro niño, en el colegio…Podemos intentar ahondar por nuestra cuenta o, incluso, acudir a un profesional que pueda ayudarnos.
Se ríe del diferente
Educar en la tolerancia es un básico que todos tendríamos que tener como padres. Y, para conseguirlo, el mejor consejo es dar ejemplo: de nada sirve que queramos que nuestro hijo sea tolerante con los demás si nos escucha hablar mal de otras etnias o personas con condiciones sexuales diferentes a nosotros.Si le has inculcado una educación correcta en tolerancia y aun así sientes que se ríe del diferente, puedes escoger alguno de estos recursos para reforzar ese aprendizaje o acudir a alguien que pueda ayudaros.
Excluye a otros niños
En este artículo os hablábamos largo y tendido sobre los síntomas que pueden alertar de que tu hijo es un abusador o está haciendo bullying a otros.Como en el caso anterior, lo mejor es dar ejemplo y, después, hablar con el equipo de profesores para que puedan echaros una mano. O, incluso, con un psicólogo.
No es capaz de concentrarse en nada
Está claro que algunos niños tienen más dificultad para concentrarse que otros. Pero si observas que esa falta de concentración es permanente y muy intensa, quizás deberías ponerte alerta y echar un ojo a estos otros síntomas que pueden alertar de un problema de aprendizaje como TDAH.Existen profesionales que pueden ayudaros.
Tiene temor a separarse de su padre o de su madre
Si tu hijo muestra de forma persistente una ansiedad excesiva e inapropiada para su nivel de desarrollo cuando se separa o cuando se plantea separarlo de las personas más importantes para él, ponte alerta: podría estar sufriendo un ‘Trastorno de ansiedad por separación’. Solamente se presenta cuando se separa de sus figuras de apego o de su hogar y, unidas a ella, van una serie de síntomas que se suelen repetir. Patricia Pizzolante, psicóloga en Sens Centro de Atención Psicológica, nos los contaba en este artículo.
No quiere comer
La inapetencia infantil es otro de los quebraderos de cabeza de muchas familias. A veces, el niño no quiere comer porque no le gusta lo que ve o porque, simplemente, no tiene más hambre. Pero si esa inapetencia es prolongada en el tiempo, debes estar alerta para conocer el origen. Quizás hay algo que le está sentando mal o, quizás, existe algún problema psicológico detrás.
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