Ser Padres

¿Diestro o zurdo?

Aquí encontrarás algunos juegos que definirán sus habilidades y te darán pistas sobre qué lado de su cuerpo domina.

Ser Padres

Autor: Carlos Cabrero

Hasta los tres años los niños utilizan las dos manos indistintamente. Es de los seis a los 12 cuando se independizan totalmente las manos izquierda y derecha.

Que unas personas sean diestras y otras zurdas se debe a la lateralización, es decir, al predominio de utilizar una parte del cuerpo frente a la otra. Un niño estará lateralizado a la derecha y será diestro si usa reiteradamente el lado derecho de su cuerpo. Será zurdo si la parte que usa sistemáticamente es la izquierda.

Normalmente, la preferencia lateral se determina por la supremacía de un hemisferio cerebral sobre el otro (está genéticamente determinada), pero la presión social puede contrariar o confirmar esta disposición.

Evolución de la lateralidad

La organización de los movimientos exige que un lado tome el dominio sobre el otro. De hecho, la lateralidad cruzada puede ser causa de desajustes y la ambidextreza tampoco parece ser la fórmula ideal.

Estos juegos dejarán ver la preferencia lateral de tu hijo, aunque por sí solos no son suficientes para establecer de forma rotunda una dominancia lateral. Habría que completarlos con otras pruebas y con un cuestionario sobre la lateralidad en otras actividades habituales del niño.

Hablan los ojos

Haz un agujero de la dimensión de una moneda de dos euros en el centro de una cartulina tamaño folio. Pide a tu hijo que sujete la cartulina con los brazos extendidos y, siempre con los dos ojos abiertos, mire a través del agujero un objeto determinado. Sin perder de vista el objeto dile que vaya acercando, despacio, la cartulina a la cara.

Con un folio o un rollo de papel higiénico terminado haz un catalejo. Juega con tu hijo a ver paisajes lejanos. Podéis imaginar que estáis en el desierto, en un safari con montones de animales o disfrutando de un día en la montaña.

En la mayoría de los casos, el ojo que mira por el agujero y por el catalejo es el dominante.

Fíjate en sus pies

Recorta varios círculos del tamaño de un CD, de unos 12 centímetros de diámetro, y espárcelos por el suelo separados unos de otros. Se trata de andar hasta uno de ellos, pararse y recitar: «Soy un elefante grandón y piso este círculo marrón», y a la voz de ¡Plash!, darles un fuerte pisotón. Primero haz tú de elefante; los más pequeños se desternillarán de risa. Después pasáis al siguiente círculo.

Este juego es muy sencillo. Se debe hacer en el parque o en cualquier lugar donde no se pueda romper nada. Consiste en colocar al niño frente a un balón como los de fútbol, pero más ligero. Le pedimos que le dé una patada, que corra tras él dándole puntapiés y que lo patee cuando se lo lancemos.

Normalmente elegirá el pie dominante para dar patadas y para pisar los círculos.

Uso de las manos

Dibuja sobre un trozo de cartón la silueta de una figura. Haz agujeros bastante grandes a lo largo del contorno. Pasa por uno de los agujeros un cordón de zapatos con uno de los extremos anudados –el nudo queda en el reverso del cartón–. El niño tiene que pasar poco a poco el cordón por todos los agujeros. La mano que lanza la pelota, que maneja las tijeras y que cose suele ser la dominante.

Coloca sobre la pared un blanco de 30x30 cm a la altura del pecho de tu hijo. Sitúa al niño, de pie, frente al cuadrado, a unos dos metros de distancia de él. Debe lanzar una pelota de tenis (o similar) e intentar tocar el cuadrado. No se permite tener los pies juntos. Es indiferente que dé en el centro o en los lados. No es una prueba demasiado fácil, así que reduce la distancia si el blanco se resiste. Puedes usar una diana de verdad o fabricar un cuadrado de cartulina y pegarlo en la pared.

Necesitas unas tijeras de punta redonda (para que el niño no se lastime) y una figura (puedes dibujar esta casita, por ejemplo) que ocupe, más o menos, medio folio. Estará delimitada por una línea separada de la imagen un centímetro. Dibuja tú el contorno y deja que él acabe y coloree el resto. Una vez terminada la casa, explícale: «Vamos a cortar el dibujo; tienes que recortar entre estas dos líneas (se las señalamos), sin tocar ninguna de las dos».

Carlos Cabrero es pedagogo.

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