Ser Padres

Los padres perfectos no existen y esto tiene muchas ventajas

Naturalizar el error y darle visibilidad es una de las lecciones más saludables que un padre le puede dejar en herencia a un hijo

Los padres perfectos no existen y esto, lejos de ser un problema, ofrece muchas ventajas en la educación de los hijos. La primera de ellas, desmitificar la perfección y esa aspiración imposible de conseguir que muchas veces metemos en la cabeza de los niños casi sin quererlo.
Los padres, lógicamente, queremos lo mejor para nuestros hijos y en base a este leitmotiv tratamos de educarles lo mejor que podemos. Pero esto no implica que siempre se haga bien. A veces elegimos el camino equivocado, muchas veces sin ser conscientes de ello. Es el caso de la aspiración utópica de moldear niños perfectos, idea que en demasiadas ocasiones acaba repercutiendo de forma negativa en los críos.
Aspirar a querer ser la mejor versión de uno mismo es una forma de vida muy acertada, pero para que sea efectiva hay que partir de la base de que siempre se puede mejorar, y eso implica comprender que la imperfección forma parte del día a día. Nuestros hijos no solo deben saber que somos imperfectos, es que necesitan saberlo.

Naturalizar los errores

El miedo a fallar y a equivocarse, a decepcionar a sus padres, el exceso de exigencia o la incapacidad para tolerar, convivir y aprender de sus errores, el bloqueo, o la falta de autonomía, son algunas de las consecuencias en las que deriva a menudo el querer educar en la absoluta perfección. Y eso por no hablar del estrés que genera en muchos adultos que quieren ser el ejemplo modélico para sus hijos. Dar ejemplo y ser exigentes, sí, siempre, pero no de una forma mal entendida y mal aplicada. A veces dar ejemplo también puede ser enseñarles que no sabemos algo o que equivocarse es de humanos. Y otras veces puede ser, simplemente, dar un consejo, que no una orden, que ayude al menor a potenciar su talento en algo que él no es capaz de atisbar.
Naturalizar el error y darle visibilidad es una de las lecciones más saludables que un padre le puede dejar en herencia a un hijo. Porque somos humanos, no máquinas infalibles, y porque es parte del ser humano aprender en base a la experiencia, propia y ajena. Y no son las experiencias positivas las que suelen dejar siempre el mejor aprendizaje. De los errores se pueden sacar grandes lecciones para toda la vida. Pero es imposible aprender a reconocerlos y asimilarlos si se educa en un perfeccionismo que luego resulta ser un objetivo inalcanzable.
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