Ser Padres

Nunca obligues a tu hijo a dar besos: si no quiere, déjalo

¿Cuántas veces no habremos (y nos habrán) dicho aquello de ‘pero da un beso a tu tío/primo/abuelo/abuela…’ de pequeños? Si tienes hijos, no vuelvas a decirlo nunca: no debes obligar a que dé besos si no quiere hacerlo.

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Imaginemos que un día vas a trabajar. Y llega a la oficina un compañero que no ves desde hace mucho, pero a ti por lo que sea, ese día no te sale de dentro ir como un eufórico a tirarse a sus brazos para darle un beso o un abrazo. Ese día te has levantado un poco apático y solo te apetece saludar y ser cortés con esa persona.
Pero viene tu jefe y te dice: ‘¡pero bueno! ¿Qué manera de saludar es esa? ¿Es que no vas a dar ni un beso ni un abrazo a tu compañero? ¡Lleváis meses sin veros!’. Y, tras ella, se queda enfrente de ti a ver cómo le das un beso y un abrazo, obligándote a hacerlo si después quieres salir pronto para ir a casa.
O, vamos un paso más allá: ¿qué pensarías si fuera ese compañero al que llevas tanto tiempo sin ver el que te está obligando a que le des un beso?
Una situación un poco embarazosa, ¿no? Quizás, muchos la calificaríamos, incluso, como acoso hacia nuestra persona y nuestra integridad. Nuestra primera reacción sería, seguramente, ponernos nerviosos y, acto seguido, sentirnos vulnerables al ver que nos están obligando a hacer algo que a nosotros no nos interesa en ese momento. Incluso, puede darse el caso de que alguien llegase llorando a su casa de impotencia ante tal atrocidad.
Ahora imagina que en vez de que ser tú el protagonista de la historia, fuera un niño o una niña. La cosa cambia, ¿no? En ese supuesto somos capaces de imaginarnos la situación y no nos parece nada raro; ¡quién no ha mandado a un niño en algún momento a besar a algún familiar o a alguien conocido y él se ha negado! Pues la misma reacción que tendría una persona adulta, tendrá un niño. Eso sí, con una particularidad: en su caso están formando la personalidad y este tipo de reacciones no son nada beneficiosas para ese desarrollo.
Y es que, si estamos tan concienciados con la educación en la tolerancia y el respeto al prójimo, ¿por qué no respetamos primero a nuestro hijo?

No obligues nunca a un niño a besar

“El ser humano merece respeto independientemente de la edad que tenga”, nos contaba la psicóloga María de la Cruz Salazar Bello. “Las personas deberíamos poder elegir la manera en la que queremos relacionarnos con los demás y muchas veces enseñamos a nuestros menores de manera directa; debemos enseñarles, más bien, desde el respeto a ellos mismos”, explicaba.
Y es que, si en vez de discutirle si se niega a dar un beso con alguien, tú apoyas su decisión y asumes la responsabilidad diciendo a la persona en cuestión que tu hijo en ese momento no quiere dar un beso o un abrazo y que prefieres que no tenga que hacerlo si no quiere, el pequeño verá que sus sentimientos son escuchados y validados y que decir ‘no’ también forma parte de sus derechos.
Si, por el contrario, le obligamos a dar un beso o un abrazo en un momento en el que no quiere hacerlo, estaremos dejándole claro que no tiene potestad para decidir sobre sí mismo y que, por tanto, no puede decidir sobre su cuerpo. ¿En qué puede desencadenar esto? En que sea más vulnerable a cualquier tipo de abuso (incluido el sexual).
Eso sí, no debemos confundir esa negativa con una mala educación: obviamente, hemos de enseñar en casa buenos modales y a mostrar afecto pero, eso sí, también deberemos dejarle claro que ese afecto han de demostrarlo a su manera y a su propio ritmo, no por imposición.
Incluso, podemos ofrecerles otras alternativas para saludar: si no quiere dar un beso o un abrazo, quizás una sonrisa sí puede espetar. O, incluso, puede dar la mano.
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