Comer en familia

Congelar: Una buena solución para padres muy ocupados

Congelar alimentos facilita la organización de la vida familiar: permite comprar con antelación, guardar las raciones que sobran para otro día o preparar el domingo la comida para toda la semana. ¿Cómo se hace?

¿Esconde esta opción algún peligro oculto?

Congelar es la mejor manera de conservar los alimentos durante más tiempo, al impedir que las bacterias se reproduzcan. Además, “no conlleva una importante pérdida de nutrientes”, asegura Gonzalo García de Fernando, profesor del departamento de Nutrición, Bromatología y Tecnología de los Alimentos en la Universidad Complutense y vicepresidente del Grupo especializado en Microbiología de los Alimentos, de la Sociedad Española de Microbiología.

Como nos explica Sancho Bañón Arias, profesor de Tecnología de los Alimentos en la Universidad de Murcia, “la congelación frena las alteraciones de microbios y enzimas. Sin embargo, las reacciones químicas no se pueden detener del todo, en especial, la oxidación. Las moléculas responsables del aroma y del sabor también se degradan lentamente. Algunos productos pueden perder textura, porque el proceso afecta a las proteínas y los carbohidratos”.

De todas maneras, a pesar de que los nutrientes y la calidad sensorial (color, sabor, textura) de los alimentos no queden intactos, merece la pena. Tanto desde el punto de vista de ahorro energético como del punto de vista de la comodidad, Sancho Bañón Arias no lo duda y aconseja “hacer comida de más, envasar al vacío, usando incluso uno de los aparatos domésticos que existen para ello, y congelar”.

 

¿Esconde esta opción algún peligro oculto?

“El único problema puede estar en el almacenamiento posterior. Por una parte, no es una manera de conservar los alimentos eternamente y, por otra, los cambios de temperatura en el electrodoméstico pueden romper la cadena del frío”, indica Bañón. “Tampoco es lo mismo guardar algo a -5º o hacerlo a -18º”, recalca.

 

Esta última, -18º o inferior, es la temperatura necesaria para una congelación óptima en casa y es la que alcanzan la mayoría de las neveras en el mercado. Asimismo, los resultados dependerán de muchas variables, como la calidad y frescura de la materia prima, la eficiencia de nuestro electrodoméstico o la higiene con que preparemos los alimentos antes de meterlos en el congelador.

 

Es recomendable limpiar bien la carne y el pescado crudos antes de congelarlos, porque sus despojos son más proclives a la contaminación microbiana. En cuanto al recipiente, las fiambreras herméticas o bolsas específicas para congelar son los más indicados, aunque para algunos expertos son preferibles los continentes de vidrio, porque en teoría algunos componentes del plástico pueden migrar a los alimentos, aunque en cantidades mínimas.

 

En todo caso, conviene evitar que tengan fisuras o no estén bien tapados, pues el aire frío reseca los alimentos y hace que pierdan en sabor y propiedades nutritivas.

 

Por su parte, José Fernández-Salguero, profesor de Tecnología de los Alimentos en la Universidad de Córdoba, nos recuerda que es mejor guardar unidades de pequeño tamaño. Así, podemos sacar las raciones que nos vayamos a comer, sin peligro de que sobre comida y se eche a perder parte del producto descongelado. Tampoco olvidemos esperar a que enfríe un guiso antes de meterlo a congelar, porque si está caliente afectará a la temperatura del resto de los alimentos guardados.

 

¿Es mejor congelar en casa o comprar congelado? Todo tiene sus pros y sus contras. “El proceso de congelación industrial es mucho más confiable que el doméstico, aunque no permite verificar la frescura del producto en el momento en que fue congelado. Pero, por ejemplo, si hablamos de un pescado congelado en ultramar, en el momento de su pesca, es mucho más recomendable que comprar uno fresco y congelarlo en casa”, asegura Bañón.

 

Otra regla que seguramente nos sonará es no congelar algo que ha sido descongelado previamente. No quiere decir que vayas a enfermar si te lo comes. Solo significa que los procesos de degradación del alimento se aceleran en la descongelación y, si lo congelamos luego, ya no estará tan fresco como la primera vez. Lo que sí podemos hacer sin miedo es congelar un guiso que acabamos de cocinar con materias primas antes congeladas (carne recién descongelada, por ejemplo), pues el proceso de cocción habrá eliminado el posible desarrollo de microorganismos.

 

Cuestión de tiempo

Que algo esté congelado, no quiere decir que se conserve bien para siempre. Cada alimento tiene su caducidad, por lo que es buena idea etiquetar lo que congelamos con la fecha. Para que nos hagamos una idea, en un congelador de tres o cuatro estrellas (alcanzan los -18º C), el pescado puede durar congelado en buen estado de 2 a 4 meses, las carnes rojas, de 8 a 12 meses, las verduras, unos 12 meses y el pan, 3 meses.

 

¿Y a la hora de descongelar?

Lo ideal es hacerlo con lentitud, en el interior del frigorífico. Así, se restaurarán mejor las propiedades del alimento fresco y será más seguro desde el punto de vista microbiológico”, explica Francisco Javier Mérida, profesor de Microbiología de los Alimentos en la Universidad de Alcalá de Henares. Para que nos hagamos una idea a la hora de planificar la cocina: un kilo de carne tarda unas 8 horas en descongelarse en el frigorífico y la mayoría de productos descongelados deberían consumirse antes de 24 horas.

 

 

 

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