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Aprende a comer

5 recursos para mejorar la alimentación en casa

Compartimos contigo una serie de consejos de sencilla aplicación para conseguir un cambio con efecto inmediato que repercuta en la salud tanto de los pequeños como de los adultos de la casa sin necesidad de volverse locos en el intento.

comer en casa
Comer en casa (Foto: depositphotos)

Una de las cosas más apasionantes de la educación de los hijos es su aplicación bidireccional. Poder aprender al mismo tiempo que se enseña es abrir de par en par las puertas a un horizonte de oportunidades para crecer como persona y cambiar hábitos en tu vida que no son los más indicados desde el punto de vista de la salud. Siempre se habla de dejar fumar, pero hay muchos más detalles que se pueden cambiar con el empuje extra que da el hecho de dar ejemplo a los pequeños de la casa.

La alimentación, sin duda alguna, es uno de los prioritarios puesto que su impacto es enorme. Mejorarla no implica complicarse la vida; no hacen falta recetas de estrella Michelín ni llenar el carro de los famosos “superalimentos” que muchas veces no son tal. Con cinco recursos sencillos de aplicar se puede conseguir un cambio de forma inmediata. 

Planificar

Qué importante es la previsión cuando se trata de mantener un objetivo constante y diario como es el de la alimentación saludable. Esta requiere de la variedad y del equilibrio, dos factores que son mucho más accesibles si se buscan de forma planificada. Evitar improvisaciones y asaltar la despensa donde guardes los productos industriales nada recomendables y no repetir demasiado los mismos ingredientes son tres pilares fundamentales para alimentarse bien en casa. Por eso conviene pensar en un plan de comidas y cenas semanal. No tiene por qué ser fijo, pero sí se debe respetar en la medida de lo posible porque es la guía que te permitirá mejorar la dieta en tu hogar. Para elaborar el plan, lo más indicado es hacerlo según las recomendaciones de los expertos en salud alimentaria, dando absoluta prioridad a las frutas y las verduras y reduciendo todo lo posible el consumo de carnes rojas y productos industriales ultraprocesados. 

Implicar a los niños

Mete a los niños en la cocina
Mete a los niños en la cocina (Foto: depositphotos)

La cocina es una actividad que cambia completamente su cara si se hace en familia. Pasa de ser una obligación a, en muchos casos, un hobbie. Y si esto último ocurre, se convierte en un factor muy poderoso para mejorar la alimentación en casa. Por eso, involucrar a los peques de la casa en la tarea de hacer la compra y de preparar la dieta de la semana, tanto a la hora de pensarla como de cocinarla -aquellas recetas que no conlleven un riesgo para los niños y siempre de forma muy controlada por los adultos de la casa-, es tan positivo. Además, estarás sembrando semillas excelentes en la educación alimentaria de tus hijos, que adquirirán los buenos hábitos en el mejor momento de su desarrollo para asimilarlos. 

Batchcooking

Este anglicismo se hizo viral hace ya algunos años, cuando la divulgación sobre cómo mejorar los hábitos alimentarios en casa tomó otra dimensión. Y es uno de los mejores consejos que pueden seguir para conseguirlo. El batchcooking no es otra cosa que adelantar las comidas de la semana cocinando lo máximo posible en el espacio más corto de tiempo que puedas. De esta forma evitarás que la pereza y la falta de tiempo se impongan en tu dieta casera. Un congelador bien organizado es el mejor aliado para poder aplicar este método a la hora de cocinar, en el que también es útil pensar antes qué recetas puedes desarrollar a la vez con los medios con los que cuentas en tu cocina. 

Ser original

Pasar de comer carne roja tres días a la semana y una pieza de fruta a semanas en las que la primera no aparezca por tu cocina y la segunda vea su consumo multiplicado por tres no es tarea fácil, y el que diga o escriba lo contrario miente. Los cambios se aplican paso a paso, con paciencia, dando tiempo al cuerpo a asimilarlos. Un buen truco para ello es no variar en la primera fase demasiado la tipología de las recetas, pero sí buscar una forma alternativa para prepararlas de un modo mucho más saludable. Sin renunciar al sabor, por supuesto. Las hamburguesas de legumbre -garbanzos, lentejas…-, las croquetas con rellenos alternativos -salmón, gambas, queso y nueces...-, o las tortillas que incluyan pescado o verdura son tres ejemplos fantásticos.

Buscar la alternativa más saludable

Además de variar el ingrediente principal de una receta sin cambiar el concepto, también se puede aplicar otro recurso que apunta en la misma dirección: intentar cocinar más con las técnicas más saludables. Un ejemplo es el de hacer empanadillas o fingers de pollo, dos clásicos que a los peques les gustan mucho, al horno. Los rebozados, además, pueden ser también más ligeros, utilizando por ejemplo copos de avena. Y también se puede reducir la cantidad de sal en beneficio de otros condimentos que no son perjudiciales para la salud como las hierbas aromáticas. El azúcar también se puede -y se debe reducir-, y una de las mejores formas, cuando se trata de recetas dulces como bizcochos, es aprovechar ingredientes que tienen un alto contenido en ella de forma natural como los dátiles o el plátano. 

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