Aprende a evitarlos

Los errores más frecuentes en la alimentación infantil

Es prácticamente imposible intentar inculcar buenos hábitos en los peques a la hora de comer si no se hace el esfuerzo por reconocer qué estamos haciendo mal al respecto.

Errores de la alimentación infantil
Errores de la alimentación infantil (Foto: depositphotos)

Uno de los problemas a la hora de intentar cambiar hábitos tan arraigados como los alimentarios es intentar saltar tres o cuatro pasos de un proceso que sería mucho más fácil de completar de forma progresiva. Pero para poder aplicar ni siquiera el primer paso con los más pequeños de la casa es necesario reconocer en primer lugar cuáles son los errores más habituales que se cometen y así corregirlos contigo mismo y al mismo tiempo evitar que tu hijo los asimile como correctos cuando en realidad son perjudiciales. 


Estos son los diez que más se repiten en los hogares con niños: 

Creer que un zumo equivale a una pieza de fruta

No, un zumo de naranja o de otra fruta no es lo mismo que tomarse la pieza del que se extrae dicho zumo. De hecho, no se parece en nada porque se pierde la fibra y el azúcar presente de forma natural en la fruta se dispara. Evidentemente hay peores bebidas que un zumo natural -uno industrial, por ejemplo-, pero no se le puede etiquetar como alimento saludable al mismo nivel que la fruta entera.

Consumir más de tres raciones diarias de lácteos

Los lácteos son buenos y necesarios en los más pequeños según los expertos, pero es una creencia equivocada pensar que si un niño no come pero toma dos biberones de leche hasta arriba y dos yogures al día estará bien alimentado. Todo en exceso deja de ser saludable y, lo que es peor, por tomar más de su alimento favorito, dejará de tomar seguramente otros nutrientes necesarios para su organismo. 

Desayunar cereales cuya composición es un peaje para la salud

Sí hay cereales saludables, y afortunadamente cada vez en los supermercados habituales, pero siguen siendo minoría. Es fundamental leer el etiquetado para comprobar que no tienen azúcar añadido en primer lugar -hasta los copos de maíz no azucarados de toda la vida llevan productos edulcorantes-, y en segundo lugar que el porcentaje de cereal es lo más alto posible. 

Abuso de productos ultraprocesados en distintos momentos del día

Que si unas galletas en el desayuno, un zumo o batido en la merienda con un sándwich de pan industrial, lasagna precocinada para comer, y unas natillas industriales de postre en la cena. Solo son ejemplos, pero si se suman productos ultraprocesados a lo largo de todo el día, la cantidad de azúcar y demás ingredientes malsanos que un niño ingiere es totalmente excesiva.

El pan industrial

El pan es una excusa muy recurrente en niños que comen mal, ya que es un recurso que se considera mucho más saludable que otros snacks. El problema con el pan es que se generaliza demasiado, ya que no tiene nada que ver un pan hecho sin aditivos y con harinas integrales de calidad que cualquier versión ultraprocesada que lleve conservantes y harinas de dudosa calidad. Que las dos cosas se llamen pan no quiere decir que sean igual de sanas. Es importante además limitar la cantidad diaria de pan a la recomendada. 

Abuso de carnes rojas y déficit de verduras

Un filete de ternera para cenar, que se hace en cinco minutos, o de lomo, incluso de pollo, es un recurso extendido en muchos hogares con niños. No tienen por qué ser malos siempre y cuando no se abuse de ellos, sobre todo si son de carnes rojas, pero el gran inconveniente es que no se acompañan casi nunca de forma adecuada. Muchas patatas, muy pocas verduras, y a veces ni siquiera se acompaña con nada, ni siquiera una cremita de verduras de primero. Menos carnes rojas y más verduras, por favor. El equilibrio es fundamental.

Cocinar demasiados fritos

En la cocina hay técnicas muy sencillas de utilizar que son más saludables que la freidora o la sartén: el horno, el vapor o cocer en la cacerola son tres de ellas. Una dieta saludable es la que da prioridad a estas por encima de los fritos, que además en el caso de la alimentación infantil suele ir acompañada del rebozado.

Cantidades excesivas

Para que un niño no se agobie y acabe comiendo peor, es recomendable poner cantidades conservadoras. Si le llenamos el plato y le exigimos que se lo coma todo, lo más probable es que esa presión se vuelva en contra de los adultos y el pequeño deje de comer. Es importante ayudarle con la presentación y con la cantidad, que le entre por los ojos. 

Menús repetitivos y poco variados

Tanto en aquellas familias que aceptan concesiones; es decir, que sus hijos elijan qué comer si lo que hay en el menú no les gusta, como en las familias que no las dejan, un error habitual es repetir siempre los mismos platos. El recetario es amplio, tanto como ingredientes frescos se pueden comprar, y solo es necesario documentarse un poco y tener ganas de probar no ya cosas nuevas, sino los ingredientes de siempre cocinados de otra manera. Lo agradecerán los peques, pero también los adultos de la casa.

Comer con refrescos

Este error se comete de forma muy habitual y como es un hábito arraigado en muchos adultos, resulta imposible que los niños no lo aprendan. Lo cierto es que es uno de los peores hábitos que les podemos inculcar a los pequeños; pocas cosas más perjudiciales para su salud hay que las bebidas azucaradas. Para comer, el agua, pero para que ellos la tomen deberán tener ejemplo a su lado en la mesa. 

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