Un clásico delicioso

Formas originales para dar vidilla a una tortilla francesa que gusten a pequeños y mayores

En apenas unas líneas vamos a darte tantas ideas como dedos tenemos en las manos para que, sin complicarte la vida y sin dedicarle mucho tiempo, podáis disfrutar en familia de una cena rica, nutritiva y original, todo un lavado de cara a un plato que puede llegar a ser muy aburrido si se cocina siempre igual.

Para comer sano y de una forma divertida, alegre y variada, no hace falta ser cocinero profesional, ni tampoco tener mucho tiempo. Basta con querer, la actitud es lo primero en todo, y con tener suficientes ideas en la cabeza o en el cuaderno de recetas para conseguirlo. Y pensarás que ya estamos con el discurso que siempre sale de la boca de los nutricionistas y de los adultos que sí cocinan en casa para toda la familia rico y variado, pero que luego hacen falta muchísimas dotes, tiempo libre y una lista de ingredientes amplias para sacar adelante recetas que a una mamá o un papá novatos en los fogones les resultan muy complicadas de realizar. Pero no es así, y te lo vamos a demostrar con uno de los platos más rápidos, sencillos y que más gustan a los peques que hay: la tortilla francesa. 

Puede que te guste porque para gustos no hay nada escrito, y porque no está mala una tortilla francesa sin más, pero estarás de acuerdo en una cosa que no diremos muy alto por si alguien se molesta al leerlo: ¡qué cosa más aburrida es! Y, ojo, a cualquier huevo batido hecho a la sartén en forma de tortita enrollada se le llama tortilla francesa, pero no es lo mismo ese mazacote tostado por fuera y hechísimo por dentro que la fina película exterior amarillenta y más o menos lisa que al descubrir su interior jugoso se deshace en la boca. 

Pues ahora imagínate que a esta segunda versión -conviene calentar bien el aceite, que este no esté presente en abundancia, y hacerla a fuego medio bajo mientras remueves rápido el interior para que quede una especie de revuelto dentro de la película exterior-, la buena, le das una vuelta de tuerca más original y también más nutritiva si eliges los ingredientes adecuados. No hablamos de chorizo, un clásico muy nuestro que la verdad le da mucha vidilla a la tortilla que no es patata, pero que no es la mejor elección si buscas opciones saludables. 

El queso nunca falla

En cambio, unos champiñones picados o cualquier otra seta comestible si son una idea genial para rellenar una tortilla francesa. También lo son las hierbas, mucho mejor si son frescas; tanto las conocidas por todos y más suaves de sabor como el perejil hasta hierbas más potentes como el orégano o la albahaca, lo ideal es probar hasta encontrar la mezcla que más guste tanto a pequeños como a mayores. Ocurre igual, por otro lado, con los quesos, la opción favorita de muchas personas para darle vidilla a la tortilla francesa: el clásico queso de sándwich va fenomenal porque se derrite lo justo en el momento final del cocinado, pero cualquier queso ácido y lechoso como puede ser el de tetilla le da un toque riquísimo y extrajugoso a un plato que se cocina semanalmente en muchos hogares.

Una tercera opción entre los lácteos es el parmesano rallado -o pecorino en su defecto-, un manjar para aquellas personas que prefieran los quesos potentes, si bien puede que guste menos a los peques de la casa. Opcional en cualquier caso que se apueste por el queso es la de añadir también pavo, jamón york o lacón, que a los niños suele encantarles. 

Con verduras o pescado

Sin apenas complicarnos te hemos dado tres caminos por los que transitar e investigar opciones para mejorar tu versión de la tortilla francesa, pero hay más. En realidad, hay casi tantas como se te ocurran, aunque en estas líneas nos vamos a ceñir a aquellas versiones que nuestros paladares hayan aprobado exclusivamente. Un ejemplo muy original es rellenarla con salmón y, al gusto, un toque de queso crema, dos ingredientes que funcionan muy bien juntos en cualquier tipo de plato. Otra idea, pochar una mezcla de tus verduras favoritas, con un poco de cebolla, pimiento o calabacín, por ejemplo, como tres grandes opciones. En el caso del pimiento rojo, además, puedes añadirlo también asado a una tortilla francesa clásica y la mezcla no te defraudará. 

Cómo cocinarla

Y si nada de esto te convence, allá vamos con la apuesta más arriesgada: las conservas. Unos berberechos que te sobraron del aperitivo de la comida, unas anchoas o ese poquito del atún o bonito en aceite de oliva virgen extra que te queda en el tarro después de haber preparado una ensalada con él, son tres formas de tomar productos del mar en tortilla de chuparse los dedos. 

En todos los casos, lo ideal es poner los acompañamientos de la tortilla en el último momento, no cocinarlo todo junto desde el comienzo porque se perderá la forma ideal de la tortilla. Si los ingredientes ya están cocinados, basta con que se integre al final; si es queso, cuando tengas el punto del interior a tu gusto, baja el fuego al mínimo y añades en ese momento el lácteo, justo antes de cerrar; y si no están cocinados, como las verduras o las setas salteadas, hazlo aparte y lo añades abriendo con cuidado con un cuchillo la tortilla clásica cuando ya la tengas fuera del fuego. 

No te olvides del pan, y a disfrutar en familia una cena preparada en tiempo récord que es el mejor ejemplo de un plato humilde al que se le puede dar mucha vida sin necesidad de disponer ni de mucho tiempo ni de muchos conocimientos con los fogones. 

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