Nutrición Emocional

¿Qué alimentos ayudan a nuestros hijos a tener equilibrio emocional y a sentirse mejor?

Hay alimentos que, con solo con pensar en ellos, hacen que nos sintamos mejor. Nos transportan a nuestra infancia, nos recuerdan momentos de seguridad, de felicidad, meriendas en familia… No es casualidad en absoluto. La comida y las emociones tienen una gran conexión que es importante conocer y trabajar de forma adecuada desde la infancia.

Cuando educamos a nuestros hijos no deberíamos emplear la comida como recompensa y tampoco deberíamos dejar que la utilicen como ansiolítico, que se den grandes atracones de azúcares o productos ultraprocesados porque han tenido un mal día en el colegio. Lo que sí es muy interesante es que sepamos que determinados alimentos nos van a ayudar a mantener en ellos -y en nosotros mismos- unos niveles adecuados de todas las hormonas que nos ayudan a gestionar nuestras emociones.

Si la gestión emocional ya es una tarea complicada para un adulto, para un niño puede serlo muchísimo más, así que es muy aconsejable conocer qué elementos de la dieta pueden suponer un desequilibrio importante y perjudicar, no solo su salud física, si no también su desarrollo y su bienestar psicológico.

Nuestras emociones básicas (alegría, tristeza, miedo, ira y asco) se corresponden con diferentes niveles de neurotransmisores: la serotonina, dopamina, noradrenalina y GABA. Los alimentos que nos ayudan a sintetizar estos neurotransmisores pueden facilitar la expresión de esa emoción o, por el contrario, inhibirla. Alimentos ricos en azúcares y ultraprocesados pueden provocar subidas muy bruscas de algunas de estas sustancias, a las que seguirá un punto de irritabilidad, nerviosismo, insomnio, cansancio o tristeza.

Alimentos que harán a tu hijo sentirse bien

Seguramente el alimento favorito de niños y mayores cuando queremos sentirnos mejor es el chocolate. Pero es muy importante diferenciar y saber que todo lo bueno que nos ofrece el cacao lo podemos tener sin necesidad de consumir chocolates ultraprocesados (que están llenos de azúcares o edulcorantes, nada saludables). El cacao es rico en feniletilamina, una sustancia que promueve la liberación de endorfinas, responsables de las sensaciones de felicidad y placer. Un estudio reciente del University College London, la Universidad de Calgary y la autoridad sanitaria canadiense Alberta, demuestra que, gracias a su consumo regular, el riesgo de depresión es cuatro veces menor.

Además, el cacao contiene feniletilamina, una hormona natural de nuestro cerebro que provoca sensaciones de euforia, bienestar y exaltación. Tomar cacao hace que nuestro cuerpo segregue endorfinas y serotonina, dos hormonas relacionadas con la felicidad, la satisfacción y el bienestar que además ayudan a bajar los niveles de estrés. A estos componentes, hay que añadir también el triptófano, un aminoácido que provoca la liberación de serotonina, el neurotransmisor que da serenidad, calma y paciencia, además de ayudar a dormir bien, a relajarse.

Por esta razón, dar a nuestros hijos cacao, como nos dieron a nosotros en la infancia puede ser muy aconsejable siempre que escojamos alguna presentación sin azúcares ni edulcorantes. El cacao 100%, que tiene un sabor más intenso y quizá algo amargo para el paladar infantil, es ideal para incorporarlo en batidos y recetas. En tableta, hay chocolates que cuentan con fibra de achicoria para equilibrar el sabor y no llevan ni azúcares añadidos ni edulcorantes, así que podemos ofrecérselos a nuestros hijos con toda tranquilidad.

Los frutos secos son también ricos en triptófano y en vitamina B. Todos ellos aportan además minerales, como el magnesio y el hierro, que impiden la fatiga neuronal y los estados de ansiedad asociados a ese cansancio. Concretamente las nueces son ricas en selenio un mineral que influye positivamente en el estado de ánimo. Este mineral ayuda a tener la mente más clara, mayor confianza en uno mismo, menos ansiedad y menos confusión.

Hay que introducir cuidadosamente los frutos secos en la dieta de los más pequeños ya que son alimentos alérgenos: es decir pueden producir alergias y reacciones adversas en el sistema inmunológico. Si nuestros hijos los toleran correctamente, un puñadito de frutos secos es uno de los mejores tentempiés o meriendas que podemos darles.

Por supuesto, verduras y frutas no solo nos aportan energía, sino que también nos ayudan a sentirnos más relajados y felices. En el terreno de las verduras, son especialmente aconsejables las espinacas, ricas en magnesio, ayudan a eliminar la tensión muscular. Como además contienen ácido fólico, que aumenta los niveles de serotonina. Es cierto que a los pequeños no les resultan especialmente atractivos su aspecto o sus sabores, pero hay formas creativas que pueden ayudarnos, además de recurrir a personajes de ficción (recordemos como Popeye se volvía increíblemente fuerte gracias a las espinacas).

En el caso de las frutas, suelen tener mucha más aceptación entre el público infantil. Una de las más divertidas es el plátano, que además resulta un poderoso calmante del sistema nervioso. También están entre las favoritas de los pequeños fresas, frambuesas, moras, cerezas, granadas, arándanos y demás. Todas ellas son ricas en flavonoides y antocianinas, por lo que resultan muy beneficiosas para aliviar el estrés y la ansiedad. Además, los frutos rojos en general contribuyen a la producción de dopamina, que facilita las labores cognitivas y estimula un estado de ánimo equilibrado.

El pescado, especialmente el azul (caballa, la sardina o el salmón), es fundamental para el desarrollo de los pequeños, pero además, dado su alto contenido en ácidos grasos omega-3, ha demostrado contribuir a la estabilidad emocional y anímica. Si acostumbras a tus hijos a incluirlo en su dieta desde niños, te lo agradecerán de mayores.

Incorporar todos estos alimentos a la dieta de nuestros hijos, y a la nuestra, ayudará a gestionar mejor las emociones y hará que nos sintamos mejor, más equilibrados. Si además, desde la infancia, procuramos que la relación con la comida sea saludable y creamos esos momentos especiales alrededor de la comida -cocinando juntos, aprovechando la pausa para compartir conversaciones familiares, etc.- conseguiremos que tengan una relación sana con la alimentación y les ayudaremos a protegerse de posibles trastornos alimentarios en la adolescencia y la etapa adulta.

Artículo ofrecido por Niklas Gustafson, experto en nutrición y Chairman de Natruly

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