La dosis adecuada

Sal y niños: qué cantidad diaria se puede dar a los niños y por qué

Esta es una guía rápida sobre la importancia de reducir el consumo de sal en la alimentación y con herramientas para que puedas conseguirlo en casa.

La alimentación saludable es una cuestión que lleva ya tiempo en la agenda del debate público porque los estudios científicos, tanto nacionales como internacionales, están mostrando qué problemas relacionados con la nutrición como la obesidad infantil van en aumento.

Dentro de esta cuestión, además de las calorías y las grasas trans, tiene una cuota de atención muy grande el azúcar, uno de los ingredientes malsanos cuyo consumo medio en la infancia está muy por encima de la recomendación por parte de las instituciones sanitarias. Debemos dedicar tiempo a hablar del azúcar, y así lo hacemos los medios de comunicación especializados en la infancia, pero no podemos olvidar que no es el único problema en la alimentación de la población infantil. Hay otros a los que les dedicamos menos tiempo que también tienen un gran impacto en la salud. Es el caso de la sal. 

Desde hace varios años la evidencia científica al respecto es concluyente. Por ejemplo, ya en el 2015, un estudio de la Universidad Complutense de Madrid demostró que el 84,5% de los niños de 7 a 10 años dentro de la muestra analizada ingería más de 4 gramos de sal al día, cantidad que sobrepasaba los 5 gramos en el 66,7% de los niños mayores de 10 años que participaron en un estudio centro en la cantidad de sodio excretada en la orina en un plazo de 24 horas. 

Recomendaciones de los expertos

Estas cantidades, 4 gramos máximo entre los 7 y 10 años y 5 gramos de sal diarios en mayores de 10 años, son las cantidades recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS). En peques de 2 a 7 años, la cantidad máxima recomendada es de 3 gramos, y en los lactantes y menores de 2 años el consejo de la OMS es evitar la sal añadida y aquellos alimentos que la contengan en exceso.

La OMS, además, incide en la importancia de ajustar dichas cantidades a la baja todo lo posible.Y de hecho, existe un compromiso de los estados miembros de dicha organización de reducir el consumo de sal en un 30% antes del 2025. “La reducción de la ingesta de sal se considera una de las medidas más costoeficaces que los países pueden tomar para mejorar la situación sanitaria de la población. Las medidas principales de reducción generarán un año más de vida sana a un costo inferior al ingreso anual medio o al producto interno bruto por persona”, explica la OMS, cuya estimación es que “se podrían evitar 2,5 millones de defunciones si el consumo de sal a nivel mundial se redujera al nivel recomendado”.

Sobrepeso y consumo de sal

En el citado estudio elaborado en 2015 por investigadores de la UCM se demostró también que el consumo excesivo de sal en la infancia está vinculado al sobrepeso. El consenso médico al respecto es amplio.

Esto se debe a varios motivos. El más importante es un factor que pese a los esfuerzos que hace la comunidad de divulgadores especializados en nutrición en las redes sociales, no todo el mundo conoce: la mayor cantidad de sal ingerida por una persona al día proviene de alimentos procesados como los embutidos, las salsas industriales y la bollería, entre otros. En esta lista, que según algunos estudios supone más del 70% del consumo diario de sal de una persona, también se incluye el pan, por ejemplo, al igual que las galletas y cereales del desayuno, entre otros.

Del 30% restante, dos tercios del consumo de sal se debe a la que añadimos a los platos durante el cocinado o al servirlos, antes de comerlos. Y el otro tercio, aproximadamente, proviene de otros alimentos que la contienen.

Aunque no sea un ejemplo sobre la población infantil española, sirve como referencia el dato que aporta la CDC, la agencia estatal de salud de Estados Unidos, sobre los 10 alimentos que en el país norteamericano (es extrapolable a países con hábitos similares) suponen el 43% de la sal ingerida por la población infantil: “pizza; pan y panecillos; fiambres (carnes frías) y carnes curadas; sándwiches como las hamburguesas con queso; refrigerios como las patatas fritas en bolsa; queso; hamburguesas de pollo y trozos de pollo empanizados; platos con pasta, como espagueti con salsa; platos con comida mexicana, como los burritos y tacos; y sopas”, enumera.

Cómo reducir el consumo de sal

Por ello, y dado que las preferencias alimentarias se establecen sobre todo en los primeros años de vida (el paladar y el gusto se entrenan y acostumbrados en base a lo que le proporcionamos), la OMS recomienda lo siguiente para reducir el consumo de sal en el hogar:

  • No agregar sal durante la preparación de los alimentos.
  • Evitar los salero en la mesa.
  • Limitar el consumo de tentempiés salados.
  • Escoger productos hiposódicos, bajos en sal.

A estos consejos, la CDC, añade una serie de recomendaciones específicas para las familias con niños para limitar el consumo de sal en los más pequeños. Son las siguientes:

  • Ser un ejemplo de alimentación saludable para sus niños al comer gran cantidad de frutas y verduras sin sodio agregado.
  • Comparar las etiquetas nutricionales antes de comprar los alimentos para elegir la opción con menos sodio.
  • Solicitar la información nutricional en los restaurantes para elegir las opciones con menos sodio.
     

Y recuerda que no existe sal saludable por mucho que se haya extendido la idea de que la sal marina sea mejor por el hecho de ser natural. Para la salud, ninguna clase de sal añadida es beneficiosa, sino todo lo contrario. Del mismo modo que tampoco tienen por qué serlo los alimentos etiquetados como “bajos en sal”. Estos solo deben contener una reducción del 25% en su cantidad de sal con respecto a otro producto similar, pero eso no quiere decir que contenga poca sal ya que puede contener 0,30 gramos de sal por cada 100, que no es una cantidad pequeña tampoco. 

A modo de referencia, para que puedas interpretar de manera correcta la información nutricional del etiquetado de los productos envasados, un alimento con mucha sal es aquel que contiene alrededor de 1,25 gramos de sal por cada 100 (o superior). Por debajo de 0.0125 gramos de sal por cada 100 se puede etiquetar alimento como “sin sal”.

Rubén

Rubén García Díaz

Papá de dos niñas y periodista, la mejor combinación para que broten dudas, curiosidades, consejos efectivos (también otros que no lo son tanto) y experiencias satisfactorias que compartir en este espacio privilegiado para ello.

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