Hogar familiar

Carga mental: ¿por qué el reparto de tareas a veces no es suficiente?

La labor de planificación, organización y toma de decisiones muchas veces queda invisibilizada a pesar de que es fundamental para el buen funcionamiento del hogar. Una tarea que generalmente asumen las mujeres, de forma involuntaria, y que puede estar detrás de muchos conflictos en la pareja.

tareas domésticas
Fuente: Canva

Hacer la lista de la compra, poner lavadoras cuando el cesto de la ropa sucia está lleno, organizar el menú semanal, ordenar la despensa para saber dónde está cada producto, recoger a los niños del colegio y llevarles a las actividades extraescolares de turno, tender y planchar la ropa, limpiar los filtros de la campana extractora cuando haga falta, darse cuenta de que hay que purgar los radiadores, regar las plantas o comprobar que efectivamente han comido las mascotas, preocuparse de las citas médicas, revisar los recibos y las cuentas bancarias, tirar la basura cuando el cubo esté a rebosar… Parece que no, pero hay una lista infinita de tareas que, aunque aparentemente se den por hechas, recaen, sin estas darse cuenta, sobre la espalda de muchas mujeres. 

carga mental
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El concepto carga mental recoge esta idea, exponiendo la situación que se vive en muchos hogares, en los que a pesar de que “mi pareja hace las tareas que le tocan” es uno de los miembros el encargado de percatarse de que son necesarias, organizarlas y distribuirlas. Este sentimiento de angustia, agotamiento, estrés y agobio que puede producir esta muchas veces detrás de muchas discusiones, crisis y hasta rupturas en la pareja. Especialmente en momentos en los que se hace más evidente, como la llegada de los niños. 


Hace años, cuando las mujeres se ocupaban exclusivamente de las tareas del hogar, esta labor incorpórea recaía en ellas de manera natural, ya que sus parejas trabajan fuera de casa. Sin embargo, a día de hoy, cuando lo común es que ambos acudan a sus puestos de trabajo, esta pesada carga no se reparte por igual. Muchas veces, puede “esconderse debajo de la alfombra” contratando personal de limpieza que lidie con las tareas domésticas algunos días de la semana, aunque no cabe duda de que el problema no desaparece.

"Hay que saber delegar"

Cierto es que hay personas a las que les resulta complicado soltar el control, pero es mucho más común que la comodidad que supone no tener que dedicar tiempo y energías a la planificación y organización oculte la incapacidad, o falta de ganas, de ciertas personas de asumir determinadas responsabilidades que les corresponden. Incluso en un reparto equitativo de tareas, recae más peso sobre la persona que tiene que acordarse de qué hay que hacer, cuándo y cómo. 

"¡Hazte cargo!"

Lo primero que hay que hacer para que esta situación no se haga insoportable es detectarla. ¿Sobre quién recae la mayor responsabilidad? ¿Quién se encarga de la planificación y organización de la vida diaria? La propia persona debe darse cuenta de esta realidad, y la otra debe comprometerse a participar de forma activa en este plano. Un ejercicio para reducir el impacto de la carga mental es visualizar el hogar familiar como una empresa, dividirla en sectores: comida, ropa, limpieza, educación, ocio…, y asignar coordinadores para cada departamento que deben encargarse de la planificación de las tareas de esa área, y de su ejecución u organización de la misma con respecto a los demás miembros de la familia.

El proceso de adaptación puede ser complicado, probablemente haya fallos, equivocaciones y olvidos, pero hay que desterrar las críticas y las frases como “deja, que ya lo hago yo”, “si no sabes dónde está, dímelo” o “esto no se hace así”.  Es una oportunidad para estrechar todavía más los lazos y mostrarse más unidos, aprender los unos de los otros y valorar cada granito de arena que pone cada miembro de la familia. 

Laura Mora

Laura Mora

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