Ciclo vital familiar

¿Cuáles son las etapas por las que una familia debe pasar?

Al igual que las personas experimentan cambios psicológicos durante su vida, las familias también. Son cambios que se producen a lo largo del tiempo y se ajustan a un patrón previsible que se puede describir en términos de etapas.

Las personas se desarrollan emocionalmente en función de sus relaciones con su círculo más cercano a lo largo de su ciclo vital, individual y familiar. Así, las familias también atraviesan un ciclo vital que es necesario atender para que sus miembros puedan desarrollarse emocionalmente de una manera sana. Para ello, es necesario que la familia pueda resolver adecuadamente las crisis asociadas a cada etapa del ciclo vital, realizando distintas tareas. Cuando no se solventa alguna de estas crisis, puede dificultarse la resolución tanto de esa etapa como de las posteriores.

Así, podemos clasificar las etapas del ciclo vital y las tareas que debe resolver una familia en las siguientes:

Individuación del joven adulto

Es la etapa en la que el joven adulto debe ganar en autonomía, consolidándose su identidad como persona independiente a sus progenitores. Durante este periodo, el individuo puede abandonar el hogar de los padres, buscar trabajo, relacionarse con una pareja, y/o ajustar la relación con sus padres a una relación de igual a igual.

La tarea principal a la que debe enfrentarse la familia en esta etapa es que el joven pueda diferenciarse de sus progenitores. Un proceso de desvinculación del hijo de la figura paterna y materna, pasando de la fusión inicial a la autonomía emocional de su familia de origen.

Formación de la pareja

Durante esta fase se produce la unión de dos personas que provienen de sistemas familiares diferentes, algo que supondrá aunar y negociar creencias, expectativas, valores y conductas, conformando una nueva organización distinta. El reto principal en esta fase es establecer el nuevo sistema.

Además, se consolidarán fronteras con el mundo exterior y, una vez más, se buscará un equilibrio entre la intimidad de la pareja y el contacto con este.

Nacimiento de los hijos y primera infancia

Algunas de las tareas que se deben resolver en esta etapa son el reparto de las funciones de cuidado del hijo y de las nuevas labores domésticas. Hay que buscar el equilibrio entre el mantenimiento de la función parental y la función de pareja, así como la adaptación al trato de cada hijo en función de su edad y necesidades.

Si los padres tienen más niños, el sistema familiar deberá reajustarse y manejar el nuevo subsistema fraterno, incluyendo aspectos como la rivalidad y la cooperación.

Es frecuente que en esta etapa las parejas entren en conflicto porque cada uno trae su propia maleta, es decir, su propia experiencia con su familia de origen en cuanto a valores, modos de crianza, etc. Esto implica que la pareja tendrá que renegociar estos aspectos y crear un nuevo modelo.

Por otro lado, cuando se accede a la maternidad y la paternidad a través de otras vías, como tratamientos de fertilidad o la adopción, existen especificidades y otras tareas a resolver como es el manejo del estrés que suponen situaciones asociadas.

Divorcio o separación

El divorcio es un estresor muy importante para las familias. Los hijos deben enfrentarse a un difícil duelo. Los padres, además de manejar su propio malestar, deben hacer frente también al de sus hijos. Se añaden además nuevas dificultades como las decisiones asociadas al divorcio (reparto económico, custodia, etc.).

El manejo que hagan los padres del divorcio afectará al desarrollo emocional del menor, por lo que gestionarlo de manera adecuada minimizará el impacto del mismo sobre los hijos. El principal reto en esta etapa es que los padres y madres puedan respetar la condición de niños o de adolescentes de sus hijos, protegiéndolos de las tensiones y decisiones de los adultos, sin que participen de las mismas.

Así, será fundamental que los progenitores entiendan que se divorcia la pareja marital pero nunca la pareja parental. Ambos tienen la responsabilidad de continuar su relación como padres, formando equipo, comunicándose y apoyándose en las cuestiones que afectan a la crianza de su hijo o hija. Es normal que haya desacuerdos, pero será clave la actitud de los progenitores y su flexibilidad para resolverlos, priorizando siempre los intereses del menor.

Adolescencia de los hijos

La adolescencia es una etapa de difícil manejo tanto para el propio adolescente como para los progenitores. El desafío más importante al que debe enfrentarse el adolescente es la búsqueda de su propia identidad, para lo que es necesario que pueda diferenciarse de sus padres.

Durante esta etapa surgen tensiones que una vez más habrá que negociar. Las normas familiares utilizadas hasta el momento ya no sirven, pues el adolescente necesita mayor autonomía, a la par que seguir manteniendo el contacto y apoyo afectivo de sus progenitores. Estos tendrán que flexibilizar los límites para permitir al adolescente explorar y experimentar, pero contando con su apoyo cuando tenga dificultades.

Asimismo, deberán facilitar la búsqueda de su identidad fomentando sus habilidades e intereses.

Abandono del hogar de los hijos

Actualmente, la emancipación de los hijos se ha retrasado principalmente por causas socioeconómicas. Esta situación puede generar fricciones en las familias puesto que se mantiene una convivencia que no corresponde a la etapa vital de los progenitores ni de los hijos.

Si los hijos se independizan, los padres deben reencontrarse como pareja. Al perder su función parental, se puede producir el conocido “nido vacío” que hace referencia al sentimiento de vacío que experimenta la madre y/o el padre cuando pierden su rol parental o marental al abandonar sus hijos el hogar. En ocasiones, se encubren conflictos de pareja no resueltos mediante este rol.
El principal reto es que los progenitores puedan percibir esta situación como una oportunidad para poder recuperar sus espacios de pareja e individuales. Los hijos, por su parte, deberán enfrentarse a una nueva vida totalmente autónoma de sus padres, desarrollando todas las habilidades necesarias para ello (afrontar el pago del alquiler, comprar, cocinar, limpiar, lavar la ropa, etc.).

Familia en la tercera edad

Durante esta etapa, los padres (quizás ya abuelos) deben gestionar muchos duelos, como son la pérdida del trabajo con la jubilación, declive de la salud física y de la energía, fallecimientos de personas queridas, etc. En esta etapa deberán gestionar dichos duelos, encargarse del mantenimiento de la pareja y de la reorganización familiar.

Por otro lado, actualmente es muy común que los abuelos ejerzan como cuidadores principales de los nietos y participen activamente en su crianza al tener los progenitores largas jornadas laborales. Esta situación puede generar conflictos entre abuelos y padres por disparidad de criterios en la crianza y someter a los primeros a un gran desgaste.

Por último, existen nuevas realidades familiares que pueden coincidir con algunas etapas del ciclo vital de las familias tradicionales y atravesar otras muy diferentes debido a sus propias características, como son:

  1. Familias monoparentales: formadas por un progenitor y uno o varios hijos. La vía de entrada a este tipo de familias es a través del fallecimiento de uno de los progenitores, el abandono de uno de ellos, separación o divorcio, así como por elección propia. La principal tarea será que el progenitor pueda manejar las dificultades y el estrés asociados a ejercer la paternidad o maternidad en solitario.
  2. Familias reconstituidas: formada por una pareja en la que al menos uno de los dos adultos aporta uno o más hijos de relaciones anteriores. En estas familias existen muchos estresores y retos que afrontar como pueden ser el rechazo de los hijos a la nueva pareja y otros problemas de relación familiar y convivencia.
  3. Familias homoparentales: los estudios realizados con trabajo de campo empírico con niños viviendo con padres y madres homosexuales ponen de manifiesto que no existen diferencias sustanciales en su desarrollo personal, social, intelectual y psicoafectivo frente al resto de menores criados en otros tipos de estructuras familiares. Sin embargo, las familias homoparentales siguen teniendo que demostrar constantemente su aptitud parental. Deben enfrentarse a estresores como la homofobia que, sin duda, les afecta en el plano individual y familiar. 
  4. Familias transnacionales: se trata de aquellas familias en las que al menos uno de los miembros sea migrante. Arrastran una historia de emigración, con sus dificultades asociadas (abandono de sus país y pérdida de sus personas queridas, adaptación a un nuevo país con un idioma y cultura diferente, etc.). Se enfrentan a difíciles retos como realizar el duelo por las pérdidas (su país, familia, amigos, trabajo…) y construir su pertenencia en el contexto de destino

Artículo elaborado por Cristina Botella, psicóloga General Sanitaria, terapeuta familiar e infantojuvenil de Psicólogos Pozuelo

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