Educar las emociones

Las emociones como brújula interna

Aceptar las emociones desagradables y aprender a regularlas nos puede ayudar a entendernos de una manera más profunda, a tomar mejores decisiones y a tener una vida más auténtica.

La emoción es una reacción subjetiva que influye sobre nuestro pensamiento y conducta y que tiene un alto porcentaje de influencia en nuestra forma de tomar decisiones, por lo que es importante aprender a regularlas.

Como individuos somos organismos relacionándose con el ambiente en una constante búsqueda de equilibrio. En esa búsqueda constante mis necesidades fluyen y cambian y, a su vez, el ambiente que me rodea está siempre en constante cambio y movimiento. El equilibrio emocional viene cuando soy capaz de ajustar mis necesidades cambiantes al ambiente en movimiento.

¿Cómo puedo saber si estoy más cerca o más lejos de lograr ese equilibrio? La naturaleza y la evolución nos ha dotado de unos indicadores, unos sensores, una especie de brújula interna que son los que me van a dar información sobre si ese ajuste entre mis necesidades y el ambiente es correcto o no. Esos indicadores son las emociones.

Desde este punto de vista, las emociones no son positivas o negativas. Las emociones son agradables o desagradables y ambas son muy necesarias. Cuanto más desagradable es una emoción, más requiere nuestra atención para que hagamos algo al respecto. Cuando soy capaz de regular mis emociones correctamente y prestarles la debida atención más capaz soy de adaptarme al ambiente. Por el contrario, cuando no soy capaz de regularme emocionalmente no soy capaz de interpretar su información y más me cuesta adaptarme.

La naturaleza ha dotado a todos los mamíferos de cinco emociones básicas para facilitar esta regulación. Estas emociones son: el miedo, la alegría, la tristeza, la ira y el asco. También se habla de la sorpresa como de una sexta emoción.

Cada emoción nos da un mensaje para hacer un ajuste entre mis necesidades y el medio ambiente. Por ejemplo, el miedo nos avisa de un posible peligro. El miedo es la emoción más desregulada en la actualidad. Puede que la ansiedad sea miedo desregulado o preocupación constante, por eso podemos replantear la afirmación de: “tengo ansiedad” por la de: “estoy muy preocupado”, para después tratar de averiguar qué motiva tanta preocupación.

  • La tristeza me da el mensaje de me falta algo. Cuando estás triste, estás sintiendo que te falta algo. El proceso consistirá en averiguar qué es lo que falta y cómo puedo encaminarme para conseguirlo del medio ambiente. Cuando sentimos la emoción de la tristeza podemos preguntarnos ¿qué me falta?
  • La ira o el enfado me energetizan para la acción cuando me siento invadido o cuando no estoy sabiendo poner límites para cumplir mis necesidades. Algunas emociones son tan fuertes que nos cuesta sostenerlas, por ello, algunas personas prefieren sentir tristeza o miedo antes que el enfado.
  • El asco puede relacionarse con algo que he probado y que me sienta mal. Psicológicamente puede experimentarse ante situaciones o personas que nos resultan desagradables, ante situaciones que nos vemos obligados a soportar o personas que nos vemos obligados a tolerar por las circunstancias ambientales. Tiene que ver con aguantar de más, con tragar demasiado.
  • La alegría se puede traducir por así sí. Es un claro indicador de que nuestras necesidades se encuentran en armonía con el ambiente que nos rodea.
  • La sorpresa se puede traducir por ¿esto qué es? Tiene que ver con estar abierto o no al cambio, con dejarse llevar.

¿Cómo se pueden regular las emociones?

Regular las emociones no es lo mismo que controlar las emociones. El control emocional distingue entre emociones buenas y malas, desde la regulación emocional se distingue entre emociones agradables y desagradables. No tenemos una cultura emocional que nos permita aprender a regular las emociones.

El juego infantil sirve para aprender herramientas que luego van a ser necesarias en la regulación emocional. Los niños van a ir pasando por las cinco emociones básicas. Un aprendizaje regulado se aprende con unos adultos con sus emociones reguladas que puedan acompañar al menor de forma tranquila, estable, en forma de contención de la emoción, que le da legitimidad y normalidad a la misma.

Cuando la figura de apego tiene un problema con esa emoción que manifiesta el niño no va a poder sostenerla ni va a poder ayudar al niño a regularla. Cuando hay ese tipo de experiencia el niño va a intentar evitar ese tipo de emociones o va a tender a volverse rígido en ellas, dejando la emoción desregulada. Desde esta perspectiva es fácil que algunas emociones sean identificadas como malas desde pequeños.

Es importante que cuando aparezcan las emociones desagradables podamos hacer una buena gestión ajustando nuestra experiencia emocional y su expresión a cada situación para que pueda satisfacer nuestras necesidades. Las emociones desreguladas pueden boicotearnos y perjudicarnos en las relaciones personales. Afrontar nuestras emociones desagradables puede ser una ventaja para enfrentarnos a conflictos interpersonales, ayudándonos a afrontar situaciones complicadas. Cuando experimentamos una emoción desagradable en relación a otros, tenemos las opciones de expresarla o reprimirla. La represión emocional puede llevarnos a la desregulación, por lo que la mejor opción sería expresarla de forma asertiva.

Las emociones desagradables son difíciles de afrontar. Muchas personas tienden a evitarlas buscando así una salida. Las emociones desagradables tienen un principio, un medio y un final, al igual que las emociones agradables. Cuando entramos en una emoción desagradable pensamos que esa emoción no se va a acabar o pensamos que si entramos en la tristeza nos vamos a deprimir, por lo que puede suceder que acabemos evitándola. No nos damos cuenta de que en algún momento esa emoción, igual que el resto, acabará y que aprender a sostener lo desagradable forma parte de vivir. Aprendemos de lo positivo que nos sucede en la vida, pero también podemos aprender de lo negativo.

Para regular las emociones podemos:

  • Practicar el tener más conciencia emocional.
  • No reprimir las emociones y una vez identificada la emoción reflexionar sobre qué quiero decir para poderlo hacer de una manera asertiva dependiendo de mi objetivo.
  • Tener en cuenta que si la expresión de la emoción es desproporcionada puede generar un conflicto en vez de satisfacer una necesidad.

Si somos capaces de regular las emociones, aceptándolas en vez de rechazándolas, sosteniéndolas en vez de dejarnos desbordar por ellas y expresándolas de forma asertiva seremos capaces de entender su significado y el mensaje que nos transmiten, ayudándonos a tomar decisiones adecuadas para satisfacer nuestras necesidades. 

“La profunda aceptación de todas nuestras emociones, incluso de las más complicadas y difíciles, es la piedra angular para una duradera, próspera, verdadera y auténtica felicidad.” Susan David, psicóloga y autora de Emotional Agility.

Artículo elaborado por Noa Sánchez-Cabezudo, Psicoterapeuta de Adultos, Pareja y Familia en Psicólogos Pozuelo.

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