Motor

Alpine, datos, rendimiento y seguridad

La competición es el gran laboratorio de pruebas de las marcas de coche y la cuna de la mayoría de sistemas de seguridad que equipan hoy en día nuestros coches.

Alpine
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Hoy en día los vehículos que nos transportan de casa al trabajo o llevan a toda nuestra familia de vacaciones disponen de un arsenal de sistemas de seguridad muy interesantes y complejos. El sistema antibloqueo de frenos (ABS), el control de tracción (TRC) o el control de estabilidad (ESP) son quizá los más populares. Sistemas que facilitan mucho la conducción, eliminando la posibilidad de sufrir accidentes por un bloqueo de frenos o por la pérdida de la tracción, problemas bastante comunes hace décadas. Pero, de ¿dónde proceden estos avances? La respuesta es fácil, pero no siempre obvia: de la competición.

Y es que las marcas no se gastan millones de euros al año para competir porque les guste poner un coche en la pista, aunque sí, es otra forma de hacer publicidad y ganar popularidad, sino porque las carreteras son el laboratorio perfecto para el desarrollo de sistemas y componentes avanzados que montarán sus coches en el futuro. Sino, ¿por qué las firmas competirían en competiciones de menor popularidad, aunque igualmente interesantes si se les da la oportunidad? Si solo fuera por la imagen, todas buscarían la Fórmula 1.

Todo se basa en los datos

Alpine
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La competición también ha sido clave para desarrollar los sensores y radares que ahora trabajan para posibilitar sistemas más avanzados, como el control de crucero adaptativo, la suspensión variable con lectura de la carretera o la alerta precolisión. Estos sensores realizan miles de lecturas del entorno por segundo para proteger al conductor. En la competición, sin embargo, su uso va más allá de la seguridad, ya que, como bien explican desde el Alpine Elf Matmut Endurance Team, el equipo de resistencia de la firma francesa, sin datos no hay victoria.

Todo se basa en los datos. Pudiera parecer que ganar las 24 Horas de Le Mans depende de la fiabilidad, de la potencia, la aerodinámica y de la maña de sus pilotos, que son todos de altísimo nivel, pero no. Sin datos no hay paraíso podría concluirse. Alpine compite en la mítica prueba con el A480, un coche que manda datos al box continuamente durante los 13 kilómetros que dura una vuelta.

Caos organizado

Alpine
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Dentro del box, entre herramientas, sonidos mecánicos, gritos y discusiones, hay todo un equipo que trabaja para recopilar esos datos y tomar decisiones críticas para mejorar el rendimiento del A480 en pista. Según explica Thomas Tribotté, ingeniero de explotación del Alpine Elf Matmut Endurance Team, “en la cateogría Hypercar [la categoría reina del mundial de resistencia], la carrera no transcurre sin más, sino que se gestiona una impresionante cantidad de datos”. Según sus cuentas, “hay unos 500 parámetros a estudiar y el sistema de telemetría nos envía entre 2000 y 2500 datos de manera continua. Para analizarlos, somos ocho ingenieros en el stand y cada uno se encarga de una parte del coche. Para la potencia, por ejemplo, hay dos personas”.

Pero para qué quieren tantos datos. Los ingenieros pueden determinar si el coche está en perfecto estado para competir, con datos que se refieren a la fiabilidad, como las temperaturas de los frenos, del motor o de la caja de cambios. Además, pueden dar instrucciones al conductor si detectan que los neumáticos están demasiado fríos, con lo que podría perder agarre, para que intente calentarlos. Su participación es, clave para ganar y, como hemos mencionado antes, para desarrollar los sistemas que nos permitirán conducir cada vez con mayor seguridad.

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