Motor

Mazda, la marca que abrió la puerta a los japoneses en Le Mans

La firma de Hiroshima ganó hace 30 años la mítica prueba de las 24 Horas de Le Mans, superando a Jaguar y Mercedes-Benz y convirtiéndose en primera marca japonesa en reinar en Francia.

La competición en el mundo del motor es mucho más que un mero divertimento para los seguidores. En campeonatos como MotoGP, la Fórmula 1, el TCR (turismos) o el WEC (resistencia), además de espectáculo y victorias, las compañías que participan destinan mucho dinero y recursos en evolucionar tecnología que primero, sí, les dará si tienen suerte la victoria, y después servirá de base para sistemas que incorporarán los coches del futuro. Por poner un ejemplo, en 2014 llegó la era híbrida de la F1, que ha sentado las bases de muchos sistemas híbridos en los coches de calle, como los motores E-Tech de Renault, por ejemplo.

Pero no estamos aquí para hablar de la Fórmula 1, sino de las 24 Horas de Le Mans, la carrera más importante y prestigiosa del año. Enmarcada en el WEC, una vez al año el Circuito de la Sarthe es el foco principal del mundo del motor. En esta mítica prueba de resistencia, mental y mecánica, se han dado grandes historias como la hegemonía de Ferrari, la venganza de Ford ante los italianos, la llegada de los japoneses al trono, la victoria de Alonso o la dinastía de Toyota. El pasado fin de semana, en su última edición, Toyota se alzó con la victoria por cuarto año consecutivo con Kamui Kobayashi, José María ‘Pechito’ López y Mike Conway a los mandos de su Hypercar. Tras ondear la bandera de cuadros, Mazda ha querido conmemorar que justo se cumplieron 30 años desde su primera victoria en Francia, en el que fue la primera de cualquier firma japonesa. Pero eso fue en 1991.

El motor rotativo por bandera

Mazda
Mazda

Mazda siempre ha estado ligada a la innovación. Con más o menos acierto, normalmente con más, la compañía de Hiroshima siempre ha sorprendido por sus propuestas tanto mecánicas como tecnológicas. Sin duda, una de ellas fue el motor rotativo, que mostró al mundo su potencial en el rápido trazado francés el 23 de junio de 1991, cuando Johnny Herbert cruzaba la meta al volante de su Mazda 787B, un coche de carreras con un motor rotativo de cuatro rotores y 700 CV de potencia.

En esas 24 horas recorrió 362 vueltas y demostró al mundo, sobre todo a Europa, que el motor rotativo no solo podía ser muy potente, sino que también era fiable. Paró en boxes 28 veces y solo se realizaron un cambio rellenado de aceite, un cambio de discos y la sustitución de la sección delantera de la carrocería. Pocas modificaciones para una carrera tan agresiva para los motores de los coches. Además, no fue una carrera plácida, sino que Herbert, Volker Weidler y Bertrand Gachot tuvieron que ganarse su posición durante la noche de Le Mans, llegando a la tercera plaza. La primera la consiguió cuando el Mercedes-Benz que iba liderando tuvo que retirarse por problemas, precisamente de fiabilidad.

Un año para recordar

Mazda
Mazda

No hubo, sin embargo, dinastía de Mazda, aunque todo apuntaba a ello, ya que la de 1991 fue la última edición en la que compitió. Herbert recuerda que los 700 CV de potencia jugaron un papel esencial, aunque fue la fiabilidad lo más importante, porque de nada sirve la potencia si no aguantará 24 horas al máximo. El piloto llegó a decir que el motor “fue suave como la seda, fiable y a prueba de balas”.

A este motor se le sumó un trabajo increíble en el chasis, firmado por el británico Nigel Srtoud, con la novedad, innovadora entonces, de los frenos de carbono. El 787B fue un coche icónico pese a su corto éxito en Le Mans. Su diseño, colores, sonido atronador y las llamas que expulsaban su sistema de escape enamoraron. Por cierto, el motor rotativo fue el elegido para coches de calle como el RX-7 o el RX-8.

Continúa leyendo