La opinión de UnPapáEnPrácticas

Campamentos de verano o la paradoja de la conciliación estival

¿Cómo conciliar cuidados y trabajo remunerado durante los tres largos meses de vacaciones estivales en la España de hoy? Adrián Corbellat, autor del blog UnPapáEnPrácticas nos cuenta cómo le gusta cada vez menos el verano: la falacia de la conciliación, campamentos de verano...¿dónde se ha quedado las tardes de bajar a la calle a jugar horas y horas?

Siempre me ha encantado el verano. ¿A quién no? Tengo que reconocer que me empezó a gustar un poco menos desde que me mudé a Madrid y las playas de Valencia, mis queridas playas, me empezaron a quedar demasiado lejos.  Desde que soy padre es escuchar la palabra “verano” y me tiemblan las piernas. Literalmente. Porque el verano, y las vacaciones escolares que llevan asociadas, son sinónimo de locura a 40 grados a la sombra, de desorganización y de caos absoluto para compaginar el trabajo con el tiempo que requieren y demandan nuestros hijos; de niños que se vuelven locos con el calor y con los que no sabes bien qué hacer en esos mediodías eternos, infinitos, en los que el sol cae a plomo y salir a la calle es una heroicidad, cuando no una locura;. ¿Dónde estás conciliación?

Hay quienes con toda la pena del mundo llevamos a nuestros hijos a campamentos de verano. Y digo con toda la pena del mundo porque el curso ya se les hace suficientemente largo como para tener que alargárselo forzosamente para que sus horarios se adecúen a los nuestros. Y sí, podemos autoconvencernos con que en ellos se lo pasan bien, con que van a tener la diversión que nosotros no podemos darles, pero sinceramente, ¿dónde y con quién creéis que preferirían estar vuestros hijos? Mi hija lo tiene claro: en casa y con nosotros.

La gran falacia de la conciliación

Los campamentos de verano se han convertido en la medida de conciliación estrella de los padres del siglo XXI. A falta de medidas gubernamentales, la falacia de la conciliación nos la tenemos que pagar de nuestros bolsillos. Quienes podemos, creando una nueva desigualdad desde la infancia. O quienes tenemos que renunciar a otras cosas para poder trabajar, que es la perversión máxima del capitalismo, la paradoja de las paradojas: trabajar para ganar un dinero que das a otra persona para que cuide a tus hijos. Ahí lo dejo.

Pienso mucho en esa paradoja últimamente. La rumio en busca de una solución que no encuentro. Seguramente, porque no existe. ¿Cómo conciliar cuidados y trabajo remunerado durante los tres largos meses de vacaciones estivales en la España de hoy? Viajo entonces a mi infancia, una infancia en la que no hubo campamentos. Apenas existían. Uno municipal a lo sumo. Entonces las familias aún no se habían dispersado y existía una tribu que hacía de sostén. Tampoco solían trabajar los dos padres. Ni falta que hacía. Y los niños jugábamos solos en la calle, en la que de alguna forma la crianza se socializaba.

Recuerdo mis veranos. Levantarme tarde, liberado por fin de los horarios escolares, desayunar sin prisa, bajar a la calle a jugar con los amigos, dormir la siesta con el aire acondicionado puesto (y con el Tour como sonido de fondo), merendar, volver a bajar a la calle con los amigos. Y así día tras día. Sinceramente, me gustan más mis veranos de la infancia que los que les esperan a mis hijos. Por más bien que me vendan los campamentos. Por más originales que sean cada año. De momento, sin embargo, es lo que les espera. A menos que encuentre solución a la paradoja con las que nos enfrentamos los padres de hoy para conciliar durante las vacaciones escolares.

Adrián Cordellat es autor del blog unpapaenpracticas.com. Periodista, padre de una niña de 4 años y un niño de 2 años, tiene 33 años y es valenciano. Desde 2012 vive en Madrid, donde ejerce de padre y de periodista.

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