Entrevista a Marián García

“Cuando alguien ha leído algo falso en internet es difícil convencerle de que no es real”

6 minutos

Hablamos con Marián Garcia, la autora de «Boticaria García», un blog que recibe más de 500.000 visitas al mes, y del libro 'El paciente impaciente'.

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Boticaria García

Creció entre medicamentos, en la botica de sus padres, que estaba debajo de la vivienda familiar, y aunque le gustaba mucho escribir, estudió Farmacia y Nutrición Humana y Dietética. Internet le brindó la oportunidad de unir sus pasiones: en su blog boticariagarcia.com escribe sobre medicamentos, salud y nutrición con rigor, como no podía ser de otra manera, y sentido del humor. Es madre de dos niños, Carlos, de seis años, y Carmen, de casi cinco.

Empezaste a escribir un blog en el embarazo de tu hija, ¿por qué?

Cuando iba a nacer mi hija, buscando información sobre carritos en internet, llegué al blog de Sara Palacios «Mamis y bebés».Vi que esta madre contaba sus cosas y hacía recomendaciones a otras madres, entonces empecé a cacharrear en otros blogs de madres, que eran muy divertidos y muy irónicos y dije «yo también quiero». Así empecé «Mi gremlin no me come».

«Mi gremlin no me come» era un blog personal. ¿Por qué en «Boticaria García» has preferido hacer divulgación?

El primero es un blog personal en el que contaba mis experiencias, pero mis hijos empezaron a ir al colegio y, aunque era anónimo, temía que en el cole supieran quienes éramos y contaran alguna anécdota. No me sentía cómoda, y comencé «Boticaria García». Este es un blog de divulgación pero intenté mantener el sentido del humor.

El contacto en la farmacia con muchas madres te ha proporcionado material para el libro El paciente impaciente (ed. La esfera de los libros).

En Cuenca trabajé en un pueblo de 500 habitantes y allí nacía un niño al año o ninguno: no había madres. Cuando me trasladé a Mejorada del Campo, en la periferia de Madrid, hace tres años, todo cambió, porque aquí hay mucha gente joven. Antes de venir pensaba que el paciente pensionista era el más complicado porque es una persona mayor que a veces tiene dificultad para entender las cosas, pero cuando llegué aquí y encontré a la madre primeriza, me di cuenta de que es un paciente infinitamente más complicado.

¿Por qué es la madre primeriza un paciente difícil?

Yo digo que las madres primerizas son seres hormonados generalmente irracionales que tienen mucho tiempo libre para estar en la farmacia y preguntar todo lo que se les ocurre. Son gente que no está preocupada por sí misma, sino por su bebé. Sacar a un niño adelante es la responsabilidad más difícil a la que se han enfrentado nunca, y son muy demandantes de información. Y si juntamos a madre primeriza con el paciente Google, que antes de venir a la farmacia lo ha consultado todo en internet y cuando te pregunta ya sabe las respuestas, tienes que tener mucha preparación para atenderle. Pero la madre primeriza es quizá el paciente más gratificante y el más agradecido, porque le solucionas un problema que le preocupa mucho.

¿El "doctor Google" desinforma?

Completamente. Una de las razones por las que yo empecé «Boticaria García» fue porque estaba cansada de que la gente viniera a la farmacia y dijera: «He leído en internet que para las encías lo mejor es poner al niño un collar de ámbar». Yo les razonaba y me rebatían: «Ya, pero es que lo he leído en internet, y hay un foro de madres donde se dice eso y además hay una página web que la firma Tal doctor». Claro, en internet puedes poner que eres doctor de lo que quieras o cualquier empresa puede decir que el doctor Tal afirma no sé cuál.

¿Y los consejos de la vecina?

Cuando empecé a trabajar en 2005 con las madres primerizas, «el enemigo a batir», eran la cuñada y la vecina (Me decían: «Ha dicho mi vecina», «ha dicho mi cuñada», «ha dicho mi suegra») y me resultaba relativamente sencillo desmentir («Tu vecina te dice que tienes que poner a tu niño esta crema del culito que tiene corticoides y antibiótico, pero tu vecina desconoce que tu niño no tiene infección por hongos, tu vecina no es médico»), y así podía reconducir aquello. Pero cuando alguien ha leído algo en varios foros, es mucho más difícil convencerle de que eso no es real.

La madre primeriza es una tipología de pacientes en tu libro.

Sí. Mi libro es amable con todos los pacientes y especialmente con la madre primeriza. Primero, porque yo he sido madre primeriza y he tenido las mismas dudas que cualquiera y, luego porque en la farmacia se genera una relación estrecha con las madres. Vienen todas las semanas a pesar a los niños, aunque no haga falta porque ya van al pediatra, y te preguntan de esto y de lo otro. Con una madre primeriza sabes cuándo empiezas a hablar pero no sabes cuándo terminas.

A propósito de eso haces una broma muy graciosa.

En el libro ponía que el truco con la madre primeriza era hacerle preguntas cerradas. Porque tú le preguntas qué tal fue el parto, y aunque haya durado 24 horas, puede estar una semana y media contándote desde que rompió aguas hasta que el niño se enganchó a la teta. La broma es: a una madre primeriza hazle preguntas cerradas: «¿Qué día fue el parto?», para que te conteste: «El 28 de octubre»; «¿Cuánto pesó el bebé?», «Tres kilos y medio». Si tienes prisa, no puedes preguntarle qué tal duerme su hijo por la noche porque está deseando contarle a alguien que duerme fatal. Hace falta una dosis extra de paciencia con la madre primeriza, porque hay una línea roja muy fina entre lo que es una preocupación razonable y la obsesión provocada por el exceso de información o porque ahora se tienen los hijos más tarde.

¿Has hecho ya una tipología de madres?

Sí, pero de momento solo está en mi mente, porque es un asunto muy sensible. Ahora estoy escribiendo un libro sobre temas de niños, divulgativo y con humor. Va a tener cosas de mis dos blogs.

Te gusta romper mitos. ¿Cuáles son los tres que más te rabia te dan?

El que me molesta especialmente es el del collar de ámbar, que la gente crea que por poner a su hijo un collar, aunque sea de ámbar báltico, que la mayoría son de plástico, van a dejar de dolerle los dientes. El gran mito es el de la cebolla [colocar cebolla cortada en el dormitorio por la noche] para quitar la tos. Pero que alguien ponga la cebolla no me preocupa porque no es dañino, pero el collar de ámbar sí es peligroso, porque puede romperse y el niño puede atragantarse con las cuentas o puede engancharse en los barrotes de la cuna. Y luego los mitos que hay con respecto a la alimentación, sobre todo los mensajes negativos en torno a la leche o al gluten. Estos hacen daño.

Etiquetas: madres primerizas

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