Empresaria de éxito

La historia de la niña australiana de 10 años cuya empresa de juguetes y complementos para el cabello factura 120.000 euros al mes

Pixie’s Bows es el nombre de la compañía de esta pequeña cuyo caso recuerda a otros niños que empiezan su carrera profesional mucho antes de llegar a la vida adulta.

Foto: Pixies Pix
Foto: Pixies Pix

Con 10 años, a excepción de algunos casos muy concretos que se dedican sobre todo a la televisión o alguna profesión de nuevo cuño como la de youtuber (es el caso del niño que se ha hecho de oro probando juguetes, Ryan Kaji), los niños están pensando en jugar, divertirse y, en definitiva, vivir la infancia en su máxima expresión. No es normal que facturen con dicha edad 120.000 euros al mes, ¿verdad?

Por eso es excepcional el caso de Pixie Curtis, una niña australiana cuya historia se ha hecho viral al ser contada en un reportaje por el diario británico The Sun. A sus 10 años, Pixie tiene su propia empresa, Pixie’s Fidgets, creada con la ayuda de su madre Roxy, que es un negocio de juguetes que arrancó en mayo con una facturación que alcanzó ese mes los 123.000 euros. En 48 horas todos los juguetes, entre los que no faltan aquellos que están de moda, como es el caso de los famosos pop it en la actualidad, se agotaron por completo.

La pequeña, que sigue yendo a la escuela primaria (ahora está de vacaciones, como ha mostrado al mundo en Instagram, donde tiene más de 90.000 seguidores), también creó junto a su progenitora una empresa que vende accesorios para el pelo, Pixie’s Bows, que completa la venta complementaria con la comercialización de ropa también.

Al parecer, según cuenta su madre al periódico inglés, todo lo que se vende bajo sus sellos tiene la aprobación de su Pixie, de la que su madre pone en valor su espíritu emprendedor: "Lo que es lo más emocionante para mí es el espíritu emprendedor que tiene a una edad tan joven. Yo nunca lo tuve, aunque me inculcaron que tenía que triunfar", dice la madre a The Sun. Bien es cierto que Pixie lo ha tenido más sencillo para emprender que la mayoría de los niños y jóvenes porque sus padres son exitosos empresarios dentro del sector de las relaciones públicas.

Al final, la historia de Pixie no es más que una anécdota a la que no hay que dar más importancia de la que tiene. Los expertos en educación se hartan de explicar que el éxito no debe ser el objetivo principal en la manera en la que criamos y educamos a nuestros hijos e hijas, entre otras cosas porque este es un concepto muy relativo: quizá no queráis que tu hija sea empresaria de éxito a los 10 años como Pixie sino que sea simplemente una niña feliz, y hacéis muy bien en pensar así. 

Todo puede ser compatible, también ser empresaria siendo menor de edad y ser muy feliz, pero ejemplos como este no pueden hacer que cambiemos el orden de las prioridades. Dedicarles tiempo de calidad es la base de todo: cómo se invierta es secundario aunque en el caso de Pixie y su madre haya sido en una idea que les reporta tantos beneficios económicos. 

Las prioridades, en lo que respecta a los niños y niñas, están muy claras: una niñez feliz vale más que todo el dinero del mundo y desgraciadamente no todas las personas pueden decir que su infancia fue feliz cuando llegan a adultos. 

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