¿Qué implica?

Verdeliss desvela que su hija pequeña tiene anquiloglosia

Te contamos en qué consiste y qué consecuencias tiene este problema de salud que afecta sobre todo a la lactancia materna.

La influencer navarra Verdeliss, madre de ocho hijos, ha confirmado que su pequeña Deva, nacida el pasado mes de febrero, padece un problema de salud que se conoce como  anquiloglosia o lengua anclada.

La empresaria descubrió hace tiempo que algo no iba bien con la lactancia de Deva, pero no ha confirmado que era lo que ocurría hasta no disponer de un diagnóstico médico definitivo. «Yo sabía que mi bebé tenía dificultad y que su succión estaba muy comprometida; tragaba mucho aire, hacía chasquidos y tenía atragantamientos. Se cansaba en cada toma y, por algún motivo, no sabía agarrarse cuando quería darle el pecho tumbada», ha explicado ahora en sus redes sociales. 

Por qué suede la anquiloglosia

Según la Asociación Española de Pediatría, la anquiloglosia “ocurre cuando el frenillo lingual es anormalmente corto y poco elástico y puede restringir los movimientos de la lengua”. Según los datos que maneja la asociación, “Se ha descrito en un 1,7-4,8% de los recién nacidos y es tres veces más frecuente en los niños que en las niñas”. Además, el componente genético parece que tiene influencia ya que existen casos de niños que tienen algún antecedente familiar con el mismo problema. 

Dentro de la anquiloglosia, existen diferentes cuadros médicos. El más frecuente de los tipos de frenillo sublingual, apunta la AEP, es "el que llega hasta la punta de la lengua". Este, sin embargo, no es el que le ha sido diagnosticado a Deva, la hija de Verdeliss. El suyo es un frenillo submucoso, tal y como su madre ha compartido con sus seguidores. “No se ve a simple vista pero que ancla la lengua al suelo de la boca y hace que la lengua tenga forma de cuchara”, señala al respecto la AEP.

Qué consecuencias tiene

Las consecuencias inmediatas de este problema médico en los recién nacidos tienen que ver con la lactancia. No siempre ocurre así, ya que “muchos bebés pueden amamantar bien por la elasticidad del frenillo o las características de la boca”, puntualizan desde la AEP, pero es común que aparezcan dificultades en la alimentación al provocar que el niño o niña no se enganche bien al pecho de su madre. 

Las dificultades compatibles y comunes con la anquiloglosia y la lactancia materna se producen tanto en el bebé como en la madre. En los primeros, es habitual que “el niño se suelte frecuentemente, que las tomas sean largas y cansadas, que gane peso con dificultad y que se escuche un chasquido lingual. Este, que según Verdeliss fue uno de los síntomas que noto en la lactancia de su pequeña Deva, se produce “por la pérdida del vacío”, señala la AEP.

En la madre lactante, por su parte, la anquiloglosia puede provocar dolor en los pezones y grietas  que pueden derivar en un cuadro de mastitis, sensación de baja producción de leche e hipogalactia, entre otros. Además, la AEP alerta de que existen casos de destete temprano por este problema de salud en el frenillo del bebe. Y a largo plazo, añade, “la anquiloglosia puede producir problemas con el lenguaje y la dentición, que deberán ser valorados cuando llegue el momento”. 

Diagnóstico adecuado

Para tratar la anquiloglosia de una manera eficiente es fundamental contar con el diagnóstico médico adecuado. De entrada, es recomendable poner en constancia de la matrona el problema porque te ayudará a buscar alternativas posturales en las que te sientas más cómoda y el bebe se enganche mejor, pero al mismo tiempo es importante trasladar tus dudas al pediatra para que pueda explorar y valorar al bebe. 

Una vez detectada la anquiloglosia, en el caso de que complique la lactancia y los cambios de postura no mejoren la alimentación del pequeño, la AEP señala que el tratamiento es quirúrgico. “El procedimiento se denomina frenulotomía (también llamada frenectomía, frenotomía, frenilectomía o frenulectomía) y consiste en cortar el frenillo con bisturí o tijeras (cirugía convencional) o láser”, explica. 

Esta, añaden desde la AEP, no se debe realizar en el caso de que el frenillo lingual presente “un efecto protector para que la lengua no caiga hacia atrás y ocluya las vías respiratorias, como en el caso de niños con la mandíbula muy pequeña (microretrognatia) o la lengua muy grande (macroglosia)”. 

En todo caso, debe ser un profesional médico cualificado el que explore, diagnostique y tome la decisión acerca del tratamiento adecuado de la anquiloglosia en función de las circunstancias del paciente. 

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