Entrevistas

Alberto García-Salido acaba de publicar ''Aprender a volar'', un homenaje a los deseos no cumplidos

Entrevistamos a Alberto García-Salido, médico intensivista que recientemente ha publicado su novela "Aprender a volar". Compartimos con él un rato muy agradable.

¿El médico residente Diego y su jefe Pedro tienen algo del Alberto García de antes y el de ahora?

La novela surge de la experiencia personal, es una especie de herramienta que he utilizado para saldar algunas cuentas pendientes, deseos o vivencias que he tenido a mi alrededor durante los 12 o 13 últimos años. Ha sido imposible desvincularme completamente de los principales protagonistas, sobre todo, de Diego, pero he procurado mantener cierta distancia para no escribir sobre mí ni para mí, sino de otros.

A medida que se cumplen años, ¿los médicos aprenden a pensar más con la razón que con el corazón?

En mi caso particular, el principal cambio que percibí en la forma de realizar mi trabajo fue al ser padre. No me considero ni mejor ni peor pediatra por ser padre, pero sí me ha influido a la hora de entender con más exactitud o cercanía lo que le pasa a los pacientes y a las personas que más les quieren, sus padres. No tengo más razón ni corazón, pero sí soy una persona distinta por mis vivencias personales y profesionales.

Alberto García-Salido
Foto: Twitter

Trabajas en la unidad de cuidados intensivos del Hospital Niños Jesús, ¿hay que estar hecho de una pasta especial para tratar con niños?

Yo creo que no. Es cierto que mucha gente comenta cómo es posible que los médicos soporten determinadas situaciones, pero, en realidad, se trata de un aprendizaje. Al final, estableces herramientas que te permiten seguir el día a día de tu trabajo haciéndolo con la mayor objetividad posible. Si no fuera así, si nos pusiéramos en el lado del paciente o de sus familiares, no haríamos bien nuestro trabajo.  

¿Cómo médico uno es más consciente de lo que realmente importa en la vida?

Por supuesto. Los sanitarios somos unos privilegiados porque la gente nos permite ver y acompañar en momentos de gran sufrimiento, en mi caso, con niños en cuidados intensivos y, anteriormente, en paliativos pediátricos. Ese privilegio que te otorgan las personas a las que cuidas y que te permite poner en valor desde el minuto cero todo aquello que te rodea.

¿Y se vuelve uno más protector con sus hijos?

Indudablemente, al trabajar en unidades pediátricas, yo tengo un sesgo que me influye. No me considero más protector, pero sí trato de evitarles riesgos innecesarios. No solo a ellos, a los hijos de mis amigos, de mis vecinos…

En tu libro, el protagonista es un adolescente enfermo de cáncer, ¿hay que tener un poco de psicólogo para llegar a estos pacientes?

Tenemos que respetar mucho la profesión de los psicólogos porque tienen un papel fundamental en el apoyo a los pacientes y a sus padres. No me gusta decir que hay que tener psicología porque es una profesión que hay que poner en valor, pero sí que, como médico, hay que tener empatía y unas herramientas diferentes para tratar a los jóvenes. El adolescente entiende lo que le ocurre y te obliga a dirigirte a él tanto o más que a sus padres. A veces nos cuesta dar ese paso de modificar la manera de abordar sus dudas con respecto a las de un niño, pero hay que hacerlo. En nuestro hospital existe una unidad de oncología del adolescente, porque ellos tienen otros problemas y otras necesidades diferentes. Igualmente, también existen en otras especialidades como Neumología.

La madre de Diego tiene un papel relevante en el libro, ¿el vínculo de una madre con su hijo siempre será especial?

Mi intención en el libro era hablar también de las personas que cuidan y quieren al protagonista en su casa. Es una especie de universo donde en el centro se encuentra el paciente y alrededor familiares, amigos y sanitarios. Me parece importante hablar de los padres, y de la madre en particular, porque nos dirigimos a ellos para explicarles cosas y, a veces, nos olvidamos de ellos cuando pasan cosas. El hecho de incluir a la madre es porque existe un vínculo bastante potente entre su hijo y ella y, en los hospitales, lo apreciamos, pero muchas veces no somos capaces de verlo con claridad. Depende de cada casa, el vínculo puede ser distinto, pero en el libro me parece sensato hacer ver a al gente que la enfermedad se sufre en el propio cuerpo y en el de las personas que te rodean.

Libro Aprender a volar
Portada: Penguin Random House

¿Qué mensaje te gustaría que le llegara al lector que se lee Aprender a volar?

Que la gente se entretenga, tenga una lectura agradable, le motive pasar páginas y que, a través de ellas, descubra una manera distinta de mirar la vida por la ventanilla. Que en su viaje de la vida aproveche el paisaje y las pausas en el camino. Lo importante es estar donde y con quién queremos estar sin preocuparnos por en qué momento ocurre. El libro pretende poner en valor el vivir, aunque apenas te quede tiempo para ello.

Como médico, ¿tienes algún consejo que dar a los padres?

Imposible. Soy padre de familia numerosa y pediatra, pero ser padre es muy complejo y el único consejo que puedo dar es que solo se aprende siéndolo y que hay que disfrutarlo.  Tener dudas está fenomenal porque te hace crecer como padre. Hay tantas formas de cuidar como hijos en el mundo.

Eres muy activo en redes sociales, ¿se acostumbra uno a que siempre haya algún indignado por cualquier cosa que se diga?

Yo intento ponerme límites en redes sociales. Con la pandemia aumenté muchísimo el número de seguidores que tenía y mucho el músculo de decir no a cosas. De no ir a programas a opinar ni a decir lo que hay que hacer. Esto me ha ahorrado muchos problemas a la hora de tener que manejar críticas porque todo ha adquirido un tono muy agresivo o despectivo. No hablo de lo que no sé y mi conciencia está mucho más tranquila. Utilizo las redes para aportar lo que pueda en positivo, no para ir contra alguien. Con el número de seguidores que poseo, tengo una responsabilidad. Si me insultas, intentaré mantener la educación e ir en esa línea. Al final, no estoy en ningún sitio para genera problemas a nadie.

¿Qué temas te entristece más que la gente los malinterprete?

Los de salud, sobre todo con la infancia. Te ataca gente que está en su casa sentada en el sofá y no dedicando su vida al cuidado de los niños. Es triste que te den lecciones cuando solo aportan insultos o lecciones personales, pero tienes que ser capaz de gestionar eso y quedarte con lo positivo.

¿Existen algunos asuntos para los que no debería haber diversidad de opiniones?

Cuando escribo sobre mi trabajo, mi experiencia, de la que puedo tener escrita, incluso, una publicación o un trabajo de investigación al respecto y lo meto en una coctelera para escribir un tweet. Se puede opinar sobre él, pero muchas veces no se hace desde el conocimiento, la experiencia o la investigación. A mí no me verás poniéndome a opinar sobre ingeniería o arquitectura.

Puedes seguir a Alberto García-Salido a través de su perfil oficial de Twitter @Nopanaden.

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