Coronavirus

Errores comunes a evitar cuando llevas una mascarilla

Las mascarillas han pasado a ser obligatorias especialmente en aquellos espacios públicos donde no sea posible mantener una distancia social de al menos 2 metros, en particular cuando hay aglomeraciones. Te descubrimos algunos errores habituales que debes evitar siempre.

Desde el día 21 de mayo de 2020 es obligatorio el uso de mascarillas a partir de los seis años de edad, estando a su vez recomendado su uso en niños de entre 3 a 5 años de edad siempre que sea posible, y en particular cuando parece haberse convertido en un elemento de protección que ha venido para quedarse con nosotros, al menos, durante bastante tiempo, es fundamental saber cómo usarla de forma correcta. Y, especialmente, evitar algunos errores comunes que podrían terminar afectando a su efectividad real.

De acuerdo a la Orden SND/422/2020, de 19 de mayo, publicada en el Boletín Oficial del Estado (BOE), acerca de la regulación de las condiciones para el uso obligatorio de mascarilla durante la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19, su uso será obligatorio cuando nos encontremos “en la vía pública, en espacios al aire libre y en cualquier espacio cerrado de uso público o que se encuentre abierto al público, siempre que no sea posible mantener una distancia” de dos metros.

Dado que la disposición es obligatoria para “las personas de seis años en adelante”, afectará a alrededor de 45 millones de personas en nuestro país. Además, como te hemos comentado, su uso es aconsejable en menores a partir de tres años, lo que afectará igualmente a 1,3 millones de niños.

Aún cuando su uso sea obligatorio, es imprescindible usarlas correctamente para que sean cien por cien efectivas. Distintos estudios han demostrado que el nuevo coronavirus puede transmitirse con enorme facilidad a través de las pequeñas gotitas infectadas de una persona enferma, aún cuando sea asintomática o presintomática. 

Esto significa que una persona, que se encuentra en la calle porque no presenta síntomas de la enfermedad y cree -por tanto- estar sana (recordamos que la cuarentena es obligatoria tanto para quienes presenten síntomas de la enfermedad, para quienes tengan una prueba positiva, o para quienes hayan estado en contacto con algún enfermo con prueba positiva), puede contagiar a los demás con muchísima facilidad si no toma, al menos, medidas de higiene y seguridad como podría ser el caso de mantener una distancia social de 2 metros, y usar mascarillas.

Es más, como coinciden en señalar la mayoría de expertos, la mayor transmisión viral ocurre de forma temprana, cuando una persona es contagiosa incluso antes de empezar a mostrar síntomas. De hecho, de acuerdo a distintos modelos científicos publicados hasta el momento, sugieren que hasta el 80 por ciento de la transmisión de este virus proviene de portadores asintomáticos.

1. Usar una mascarilla no recomendada

Las principales recomendaciones sobre el uso de mascarillas pueden acabar volviéndose confusas con bastante facilidad, sobre todo si tenemos en cuenta que no todas las mascarillas faciales son iguales. Por ejemplo, se sabe que la mascarilla N95 previene eficazmente la propagación viral, dado que cuando se ajustan adecuadamente, filtran el 95% de las partículas de 0.3 micrones o más. Sin embargo, presentan un problema: su acceso es escaso, incluso para los profesionales médicos.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) no recomiendan el uso de mascarillas quirúrgicas para el público en general, dado que este tipo de mascarillas no se sellan contra la cara, aunque sí incluyen capas de polipropileno no tejido resistentes a la humedad. Se calcula que alrededor del 70% del aire exterior se mueve a través de la mascarilla, y cerca del 30% viaja a los lados. De ahí que no ofrezca tanta protección, en comparación con la mascarilla N95.

En el caso de las mascarillas quirúrgicas, son útiles para impedir que el agente infeccioso, desde una persona infectada a otra sana, se transmita, por lo que su uso sí estaría recomendado en personas enfermas, pero su eficacia a la hora de evitar el contagio a quien la lleva es más bien limitada.

No ocurriría lo mismo con las mascarillas filtrantes o autofiltrantes, que poseen un filtro de micropartículas, útil para proteger a quien la lleva de la inhalación de agentes patógenos. Son especialmente útiles para personas sanas, pero no para pacientes con COVID-19, puesto que podrían transmitir el virus a través de la válvula. De acuerdo a su nivel de eficacia (existen distintos tipos de filtrado), se sabe que las FFP1 poseen una eficacia del 78%, los modelos FFP2 un 92% y las FFP3 una eficacia del 98%.

2. Colocarte la mascarilla incorrectamente

Quizá te sorprenda descubrir la cantidad de personas que tienden a colocarse mal la mascarilla desde el principio, lo que significa que, al final, no les ayudará verdaderamente a evitar la transmisión del virus, o a prevenir el contagio si están sanas. Para evitarlo, es fundamental saber cómo ponerse la mascarilla de manera adecuada:

  1. Antes de ponértela lávate las manos durante al menos 20 segundos con agua y jabón. Si, por ejemplo, te encuentras en la calle o dentro del coche, puedes optar por un desinfectante para manos a base de alcohol. Luego revisa si existen defectos o desperfectos en la mascarilla (como roturas).
  2. Colócate el lado coloreado de la mascarilla siempre hacia afuera.
  3. Asegúrate que la tira metálica que encontrarás en la mascarilla la colocas contra el puente de la nariz.
  4. Si la mascarilla presenta bucles de oreja (las más comunes), sostenla por ambos bucles de oreja y coloca un bucle sobre cada oreja. Moldea ahora la tira superior metálica a la forma de tu nariz, presionándola y pellizcándola con tus dedos.
  5. Luego tira de la parte inferior de la mascarilla, sobre la boca y el mentón, asegurándose que ésta se ajusta perfectamente.
  6. Recuerda: una vez colocada, no es aconsejable volverla a tocar de nuevo, sobre todo cuando ya te encuentras fuera de casa, puesto que lo más probable es que la ensucies o la contamines al tocarla con las manos.

3. Colocarte la mascarilla a la altura de la nariz, cubriendo solo la boca

Es bastante probable que ya en algún momento, al caminar por la calle o en el interior de cualquier establecimiento, te hayas encontrado a alguna que otra persona que utilizaba la mascarilla de manera incorrecta, cubriéndose solo la boca y dejando la nariz fuera (al aire libre).

Si es así, puede ser que haya sido por dos motivos: que justo en ese momento se descubriera la nariz (un completo error, dado que no es recomendable tocarse la mascarilla nuevamente una vez nos la hemos colocado), o bien que se la colocara mal desde el principio, pensando que la protección sería aparentemente la misma al cubrirse solo la boca.

Las partículas tanto del nuevo coronavirus como de cualquier virus o patógeno se transmite no solo a través de la boca, sino especialmente a través de la nariz. De ahí que el uso correcto de las mascarillas, cubriendo nariz y boca, es, cuanto menos, fundamental.

¿Cómo se propaga el nuevo coronavirus?

La forma principal en la que el COVID-19 se propaga es, principalmente, a través de gotas grandes que podemos encontrar en la tos o en el estornudo de una persona, o bien en superficies contaminadas por esas gotas. Dado que estas gotas son pesadas, y no poseen la capacidad de llegar muy lejos, las principales autoridades sanitarias del país han recomendado desde hace semanas mantener una distancia física de al menos 2 metros, para prevenir la propagación del virus.

No obstante, se sabe que el virus puede transmitirse por el aire durante algunas horas. Y, particularmente, se ha demostrado que esto ocurre principalmente en entornos de atención médica, cuando los pacientes se someten a tratamientos invasivos, reciben un tratamiento respiratorio o se colocan un respirador.

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Natursan.

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