Es mejor ser un ''mal padre'' de vez en cuando, que pretender ser ''perfecto'' siempre

Cada vez hay más padres comprometidos con la educación “respetuosa”, lo pongo entre comillas porque en principio la educación sólo puede ser respetuosa, pero lo cierto es que no siempre ha sido así.

Desde que somos una sociedad más sensible con las necesidades de la infancia, hemos empezado a escuchar al niño, a considerar sus derechos y protegerlos con leyes. Hemos tenido que emplear adjetivos para diferenciar diferentes tipos de educación, por eso utilizamos términos como “educación positiva”, “educación emocional”, “disciplina positiva”, “educación consciente”, ”crianza respetuosa” o “parentalidad positiva”, siendo esta última con la que más me identifico yo por todo lo que abarca.

Consejos de paternidad
Foto: Istock

Ante esta avalancha de términos surge mucha confusión, hay padres que confunden la educación emocional con ser permisivos y no poner límites y es posible que haya padres que tiendan a ser más permisivos porque con ellos fueron muy autoritarios y que tengan dificultad para poner límites porque con ellos fueron extremadamente estrictos.

Pero esto no quiere decir que estén practicando la educación emocional, simplemente que lo que no quieren utilizar es la educación autoritaria que emplearon con ellos. Aquí surgen los problemas, cuando queriendo educar de una forma diferente a cómo fuiste educado, no pones límites porque no sabes ponerlos con “firmeza amorosa”.

Quizás surja la pregunta, ¿pero es necesario recalcar lo obvio? La educación debe ser respetuosa, positiva y afectiva. La respuesta es sí, porque cada uno educa desde el respeto y afecto que recibió en su infancia, por eso hay quien defiende “un tortazo a tiempo” para educar porque considera que si a él no le ha ido mal, a su hijo tampoco le hará daño, y lo cierto es que los titulares de prensa nos regalan continuamente noticias relacionados con el aumento de la ansiedad o depresión en la sociedad.

Un titular reciben que me ha llamado la atención precisamente es «Desde la pandemia se recetan ansiolíticos como si fueran chicles».

Por un lado vemos que es muy positivo que la familia, la escuela y la sociedad, (los tres agentes educativos), seamos más conscientes y sensibles con las necesidades afectivas de la infancia y que no demos tanta importancia a lo académico, ni a la “buena conducta”, entendiendo que los niños para desarrollarse de forma saludable necesitan moverse, hacer ruido y expresarse conforme a su edad y madurez.

Por eso lo importante es dotarlos de recursos emocionales para que adquieran la capacidad de autorregularse y así convivir en sociedad sabiendo dónde se puede hacer ruido, en un parque por ejemplo y dónde no, en una biblioteca o espacio de estudio. Pero esto también genera mucha ansiedad en algunos padres que no saben muy bien cómo lograrlo porque cuando nos convertimos en padres, todas las carencias de la infancia a nivel emocional se presentan de repente haciendo muy difícil la crianza.

Por eso, tal y como he titulado este artículo, “es mejor ser un “mal padre” de vez en cuando que pretender ser “perfecto” siempre”, creo que se entiende la idea pero la quiero desarrollar un poco.

Hay padres muy autoexigentes y perfeccionistas que viven con mucha culpa no saber educar a sus hijos sin recurrir al castigo y la amenaza porque de alguna manera ya han tomado conciencia de que este tipo de condicionamientos generan miedo y distanciamiento con sus hijos, el vínculo afectivo se ve dañado en más de una ocasión y para los hijos es muy difícil confiar en quien le hace sentir así.

Pero vivimos con tanto estrés y los días pasan tan deprisa que esa “buena intención” de educar con mayor paciencia y conciencia emocional se queda en eso, en intención.

Consejos de paternidad útiles
Foto: Istock

Para que la intención se convierta en acción, puedes tener en cuenta estas cinco reflexiones:

  1. A ser padre no se aprende pero a ejercer la paternidad positiva sí, cada vez que te perdonas por gritar a tu hijo, te das una nueva oportunidad de hacerlo mejor.
  2. Tu hijo también está aprendiendo a responder al amor y eso lleva más tiempo, obedecer desde el miedo es fácil pero no genera responsabilidad sino sometimiento.
  3. Si pretendes hacerlo siempre bien, vivirás el error como un fracaso cuando precisamente gracias a ellos tendrás la oportunidad de ver lo que puedes mejorar.
  4. Si después de corregir a tu hijo consideras que te has equivocado en la aplicación del castigo por su desproporcionalidad, (dejarlo sin tele una semana por reñir con su hermano por ejemplo), hablar de ello y valorar otro tipo de decisión es un gran ejemplo de autoanálisis, rectificar te hace sabio, como dice el refrán.
  5. Cuidar el clima familiar y el ambiente que generamos cuando corregimos es importante porque no se puede aprender mientras se respira estrés y ansiedad.

Para terminar quiero invitarte a que eduques sin culpa, sin miedo y sin prisa, estamos creciendo en familia, estamos aprendiendo a ejercer el rol de “padre educador” y nuestros hijos necesitan ser disciplinados con amor para desarrollar las competencias emocionales que tanto les ayudarán en la vida.

Seguiremos hablando de estos temas, si quieres, yo te acompaño en este maravilloso mundo de educar con amor y educar amando.

Continúa leyendo