Toda la verdad

Falsos mitos sobre la educación en positivo

Repasamos las exageraciones y las afirmaciones infundadas más extendidas que tratan de desacreditar la forma de educar que defienden la mayoría de psicólogos y educadores en la actualidad.

Foto: Pexels
Foto: Pexels

La educación en positivo es mucho más que una tendencia en materia educativa ya que se trata de un concepto que sintetiza la manera más efectiva y responsable de educar según coinciden numerosos expertos, desde docentes hasta psicólogos, avalados por los avances y descubrimientos de la neurociencia.

Sin embargo, como toda tendencia en crecimiento, cuando adquiere notoriedad, conlleva el crecimiento paralelo de otra tendencia que reniega de lo que esta propone, y es lo que ocurre multiplicado por dos con la educación en positivo puesto que muchos de los consejos que ofrece chocan de lleno con la educación que nuestros padres y abuelos nos dieron a los padres de niños pequeños en la actualidad. 

Esto ha hecho que crezcan falsos mitos alrededor de la educación en positivo, tanto afirmaciones infundadas como exageraciones que están lejos de lo que defiende la educación en positivo. Estos son algunos de los más extendidos:

Construye personalidades débiles y caprichosos

La disciplina positiva defiende el trato amable y cariñoso con los pequeños, menos jerarquizado de la disciplina tradicional, y eso solo les aporta cosas positivas, como seguridad y amor, entre otros muchos factores, pero no debilidad porque es una educación que defiende la responsabilidad y potencia la cultura del esfuerzo, la capacidad crítica y la autonomía de los peques.

No pone límites

Todo lo contrario, ya que si bien se basa en cuestiones como la flexibilidad o la comunicación bidireccional, mal entendidos a menudo como libertinaje, la educación en positivo sí recomienda establecer límites en la crianza. Otra cosa muy distinta es cómo se deben gestionar dichos límites, sobre todo cuando el niño o niña los traspasa. Esto no quiere decir que peque de ser demasiado amable, ya que la disciplina en positivo contempla y recomienda que nos dirijamos serios a nuestros hijos cuando corresponde. Una cosa no quita la otra. 

No hay castigos, luego hacen lo que quieren

Para nada el objetivo final de la educación en positivo es que los niños y niñas acaben entendiendo que no hay límites ni normas. Como decíamos, se deben establecer límites, pero la forma de gestionarlos cuando se traspasan no es a través del castigo, sino de la enseñanza, de la comunicación, de la palabra y del argumento en primer lugar. Las consecuencias deben ser lógicas y naturales, no impuestas, y equivocarse siempre las conlleva. Es cuestión de hacer ver a los peques cuáles son y por qué ocurren. Se puede educar sin castigar.

Nunca hay un no por respuesta

De nuevo se trata de un mito falso porque la educación en positivo, al establecer límites, no puede rechazar drásticamente el no. Lo que sí defiende es que la crianza respetuosa no puede centrarse en el no como respuesta sistemática porque no es esta una manera de fomentar el razonamiento, la comprensión, la capacidad crítica o la asertividad en los niños.

Hace falta ser un profesional de la materia para educar en positivo

No es cierto porque son miles las familias que educan así y no hay padres ni madres en ellas profesionales de la psicología, la neurociencia o la educación en ellas. Lógicamente, es necesario un bagaje y un trabajo de documentación al respecto, pero está al alcance de cualquiera que muestre interés en ello. Libros, conferencias, estudios… y la forma en la que muchas veces se aprende mejor: preguntando a quien sabe -orientadores o profes del cole, por ejemplo-, son algunas de las maneras en las que uno puede aprender muy rápido las claves de la educación en positivo.

Es una moda pasajera

Nada más lejos de la realidad ya que las fuentes históricas demuestran que el origen de esta forma de educar se remonta a principios del siglo XX, cuando Alfred Adler, médico y psiquiatra, se dio cuenta de la necesidad del ser humano de pertenecer. A lo largo del siglo XX le dieron continuidad a su trabajo varios investigadores y de la mano de los avances recientes de la neurociencia, que nos ha permitido conocer mejor cómo funciona el cerebro en las distintas etapas de la vida, ha vivido el boom definitivo en la última década la disciplina de la educación en positivo.

Reniega de todo lo que hacían nuestros padres

Es quizá el falso mito con más porcentaje de verdad, pero es una exageración porque no reniega de todo y porque ese “nuestros padres” generaliza demasiado y no es justo tratar a todos por igual. Sí es cierto que la educación en positivo tiene unas líneas maestras muy diferentes de las que defiende la educación tradicional, empezando por la jerarquización de la relación padres-hijos y del sentido y aplicación del concepto autoridad. La mano dura no es el camino de la educación en positivo. Y no, no vale justificarse en frases simplonas como “pues yo no he salido tan mal”. Contamos con mucho más conocimiento científico a nuestro favor para entender que se pueden hacer mejor las cosas y eso es lo que intenta hacer la educación en positivo por el bien de los niños y su desarrollo.

Es pura teoría

Nadie dijo que educar fuera fácil y, desde luego, es mucho más sencillo que nuestros hijos nos hagan caso tirando de autoridad en un sentido agresivo que si tratamos de educar en base a la palabra como propone la educación en positivo. Es un trabajo más constante, más exigente, desesperante en algunos momentos incluso cuando parece que no cala, pero gotita a gotita deja un poso que es muy beneficioso para el menor.

También te puede interesar:
Rubén

Rubén García Díaz

Papá de dos niñas y periodista, la mejor combinación para que broten dudas, curiosidades, consejos efectivos (también otros que no lo son tanto) y experiencias satisfactorias que compartir en este espacio privilegiado para ello.

Vídeo de la semana

Continúa leyendo