Formar a familias, profesores y sanitarios, clave para un mejor abordaje del TDAH en la infancia

Durante el encuentro ‘Niña, Mujer y TDAH’, los especialistas pusieron el foco en la formación y la prevención de esta enfermedad.

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) afecta a entre un 2 y un 5 por ciento de la población infantil. Se trata de una enfermedad crónica, poco conocida y, sin embargo, según la Federación Española de Asociaciones de Ayuda al Déficit de Atención e Hiperactividad (FEAADAH) es uno de los trastornos más importantes dentro de la Psiquiatría Infanto-Juvenil, constituyendo cerca del 50 por ciento de su población clínica.

Formar a familias, profesores y sanitarios, clave para un mejor abordaje del TDAH en la infancia
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Por tanto, es “básico y necesario que el diagnóstico sea precoz, multidisciplinar y vaya acompañado de una intervención a lo largo de la vida”. Así lo apuntó Maite Urkizu, presidenta de FEAADAH durante el encuentro ‘Niña, Mujer y TDAH’, organizado por Takeda con la colaboración de Fundamed y Mujeres de la Sanidad. Y es que con un diagnóstico temprano se pueden evitar “riesgos posteriores” de niños que no han sido tratados como deberían y en la edad adulta aparece en un “TDAH encubierto por otro tipo de comorbilidades”. En este sentido, Urkizu abogó por trabajar tanto desde atención primaria como desde Salud Mental para “crear criterios unificados”.

“Los primeros años de la vida son los que nos definen: las heridas de los niños de la humillación, el rechazo, el abandono… eso va generando un posicionamiento en el mundo que da lugar a trastornos de personalidad o les convierte en personas diferentes”, señaló Juncal Sevilla, psiquiatra especializada en TDAH del adulto.

De este modo, Sevilla apuesta por la prevención: “En medicina hay que hacer prevención y esta empieza desde la psiquiatría infantil y desde los colegios, donde más se puede llegar a sentir frustrado un niño o una niña. Por ello, hay que focalizarnos en la formación del profesorado, que pasa muchas horas con nuestros hijos”, recalcó. Y agregó que la detección y la formación es crucial “primero en la comunidad educativa y luego en las familias”.

Asimismo, Laura Ferrando Bundío, presidenta de la Asociación Española De Psiquiatría Privada (ASEPP), considera que para lograr un diagnóstico adecuado desde la edad preescolar es fundamental “trabajar en la información” de los profesionales sanitarios. “Es importante que los médicos de atención primaria conozcan esta enfermedad para concienciar de que el TDAH puede presentar comorbilidades y para que puedan diferenciarlo de otros trastornos”, destacó.

Además, muchos casos de TDAH en adultos se diagnostican porque los padres se ven reflejados en los síntomas de su hijo. Por ello, “ayudar a las familias, padres y madres, a entender lo que les pasa a sus hijos también es muy importante”, aseguró Carlos Roncero, presidente de la Sociedad Española de Patología Dual (SEPD).

Roncero ve necesario trasladar a los afectados un mensaje positivo: “El TDAH bien tratado y abordado permite hacer una vida normal, una vida profesional, familiar y laboral sin grandes problemas”. Aun así, es consciente de que queda trabajo por hacer para romper el estigma que sufren los pacientes.

En este contexto, Abigail Huertas, presidenta de la Comisión de Publicaciones y Medios de Comunicación de la Asociación española de psiquiatría del niño y adolescente (AEPNyA), aseguró que se ha avanzado mucho: “Hay protocolos, ideas clínicas y, en muchos centros de Salud Mental, hay programas específicos de seguimiento para niños y niñas con TDAH”.

Asimismo, coincidió en que los profesionales deben estar bien formados y explicar de forma comprensible a los pacientes y familiares en base a qué toman las decisiones sobre el tratamiento, por ejemplo. “Los psiquiatras tenemos que ser personas responsables, accesibles, disponibles… para resolver las dudas de los padres, los maestros, etc. porque el TDAH es un trastorno que entra en nuestra la cartera de servicios y no se le debe quitar peso porque haya otras enfermedades mentales que, a priori, parezcan más graves: todos los trastornos son igual de importantes”, insistió Huertas.

La perspectiva de género en el diagnóstico

El TDAH está “infradetectado, infrarreconocido e infratratado”, tal y como afirmó Juan José Carballo, de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental, psiquiatra adjunto del Servicio de Psiquiatría del Niño y del Adolescente y coordinador del programa de Neuropsiquiatría infantil del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Gregorio Marañón.

Este problema se acentúa más en las niñas. Y eso se debe a que, a pesar de que “la sintomatología es la misma en niños que en niñas, los síntomas se pueden expresar de diferente manera”, señaló Abigail Huertas. Ese infradiagnóstico, afirmó, puede deberse a que “las niñas tienen un perfil inatento y pasan más desapercibidas”, mientras que los niños, normalmente, tienen una mayor tendencia a presentar “sintomatología hiperactiva e impulsiva”. Sin embargo, se debe tener en cuenta que no todas las niñas son así: “También hay niñas con TDAH hiperactivo o mixto, con el mismo perfil que los niños”, aseguró Huertas.

TDAH en la infancia
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“Cuando las niñas llegan a la edad adulta o se convierten en madres, pasan más tiempo en el pediatra y en los servicios especializados. Por eso la ansiedad y los trastornos depresivos son más prevalentes en la mujer, porque transita más por dispositivos donde se diagnostica”, matizó Juncal Sevilla.

Además, se debe tener en cuenta que, a pesar de que la afectación fundamental del TDAH es la disfunción ejecutiva, es decir, el déficit de atención, “en el caso de las mujeres la sintomatología puede variar por cuestiones hormonales”, explicó la psiquiatra. Asimismo, mencionó el entorno social, cultural o estadístico, como factores condicionantes.

Por otro lado, las comorbilidades –o “compañeros de viaje” no deseados, como lo llama Juan José Carballo en sus consultas–, pueden confundir el diagnóstico. “Pueden no recibir el diagnóstico del trastorno por déficit de atención y se quedan en un diagnóstico primario de trastorno de ansiedad o depresión, también con conductas que intentan compensar ese malestar: dificultad de regulación emocional, conductas autolesivas, aparición de trastornos de conducta alimentaria, etc.”

Ahí entra en juego también el problema de las adicciones. “El mundo de las adicciones en la adolescencia es un poco distinto al de adultos”, aseveró Carlos Roncero. “En adultos hay muchos más hombres que mujeres que consumen con un patrón problemático, mientras que, en los adolescentes, las drogas legales las consumen más las chicas que los chicos”, explicó.

Juncal Sevilla comparó esas comorbilidades con los siete pecados capitales y recalcó que “los síntomas se asocian a conductas sociales cuando, en realidad, son alteraciones neurológicas”. “Nadie quiere ser impulsivo, adicto o tener fracaso académico, no es algo buscado”, añadió.

Acompañar a los niños en la transición a adultos

Durante el encuentro, los especialistas también hicieron hincapié en los programas de transición y en la importancia de no perder a los niños que están diagnosticados cuando den el paso a la vida adulta. “Los programas de transición, a veces, ayudan a los pacientes y las familias a hacer el cambio de modelo asistencial que van a recibir”, afirmó Carlos Roncero. Para Maite Urkizu es “básico” ese acompañamiento e instó a realizar un “protocolo firme a nivel nacional”.

En este sentido, Mercedes Navío, coordinadora Regional de Salud Mental y Adicciones en la Comunidad de Madrid, abogó por “ir hacia un modelo híbrido en la transición, donde se comparta, se simultanee o se solape durante un tiempo la atención infanto-juvenil y la atención adulta”. En este sentido, recalcó que desde el punto de vista de la Administración no han dejado de trabajar desde 2018 en la priorización de objetivos y en la inversión de recursos humanos para lograr todos los objetivos y retos mencionados.

Carmen Montoto, directora médica de Takeda España, subrayó que es cierto que se han puesto más medios, se han conseguido esos programas de transición que ayudan a pasar desde niño hasta adulto, pero “todavía queda mucho por hacer y hay que seguir poniendo recursos y seguir dando conocimiento. “El buen conocimiento ayuda a mejorar el diagnóstico y el abordaje”, concluyó.

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