Los hijos llevan mi apellido, pero no me pertenecen

Para crecer bien, nuestros hijos necesitan un techo, un hogar y una familia, además de valores sociales, recursos emocionales y buenos ejemplos en los que fijarse en casa.

Si me estás leyendo supongo que es porque has experimentado la maternidad o te interesan los temas de crianza, tanto si tienes hijos biológicos como si son adoptados o de acogida, estoy segura que has experimentado ese amor incondicional que tan feliz nos hace a veces y que tanto duele otras, porque como les digo a veces a las madres que se emocionan contándome alguna situación familiar, “los hijos nos duelen nos guste o no”.

¿Nos pertenecen nuestros hijos?
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¿Recuerdas el momento en el que te pusieron a tu hijo recién nacido entre tus brazos? ¿Inolvidable verdad? Era un ser tan delicado, tan vulnerable, tan dependiente, no sabías lo que era el amor hasta tenerlo en tus brazos, en ese momento supiste que si por alguien darías tu vida era por ese ser tan hermoso que acababas de conocer sólo porque había nacido de ti. Y aquí llega el choque de realidad, “ha nacido de mí, pero no es mío”.

Los hijos no son nuestros, no nos pertenecen, no nos corresponden, pero sí están a nuestro cargo, bajo nuestros cuidados y responsabilidad, son un préstamo si lo quieres ver así, han caído en nuestra manos y tenemos el encargo de darles todo lo que necesitan precisamente para que no nos necesiten y lo más importante de todo, que sepan que la primera persona con la que pueden contar en este mundo es con ellos mismos y luego, si quieren contar con nosotros siempre estaremos dispuestos y agradecidos de que lo hagan, ayudar a un hijo no es un deber sino un privilegio.

Para crecer bien hace falta un techo, un hogar y una familia

Partimos de la base de que todos los niños necesitan tener sus necesidades básicas cubiertas, un techo y un hogar donde sus derechos sean garantizados, sobre todo el derecho a jugar, a la salud, a un nombre, a la educación y a no trabajar. Todos estos derechos les corresponden por el hecho de ser niños y por eso la comunidad adulta debe implicarse, siempre más con los que más cerca tenemos, pero sin olvidar a los que más lejos están.

A parte de estos derechos, lo que más necesita un niño para desarrollarse saludablemente son valores sociales, recursos emocionales, un buen ejemplo que le permita crecer sintiéndose amado. Cualquier niño debería llevarse algo bueno al juntarse con un adulto, un buen trato, una sonrisa, una atención puntual, etc. La mayoría de niños, por no decir todos, deberían sentirse seguros junto a nosotros, necesitamos que confíen en nosotros para que estén receptivos a lo que tengamos que decirles o enseñarles.

Conflictos en el parque
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A veces para explicar esta idea pongo el siguiente ejemplo. Si dos niños tienen un problema de convivencia en un parque y se acercan dos madres o padres a ayudarles con el fin de mediar y ayudarles a entenderse y coincide que yo estoy cerca observando la escena, no tendría que adivinar qué padre es de qué niño, simplemente tendría que ver que hay dos adultos intentando ayudar a dos niños que no saben gestionar un conflicto.

En esa intervención no tendría que ver a una madre o padre molesto porque se han metido con su hijo o hija y que está en modo “con mi hijo no se mete nadie”, porque más que el propio hijo necesitamos ver la interacción del hijo con el medio, si hay un conflicto, independientemente de quién ha sido, importa que reciban la ayuda que necesitan para convivir mejor.

Deja huella cuando te acerques a un niño, pero no lo pises

Cuando te acercas como adulto de referencia a un conflicto entre dos menores, esto es lo que tienes que dejar:

  • Una sensación agradable, el adulto no es alguien a quien haya que temer o de quien te tengas de proteger, debemos ser “lugares seguros”
  • Una experiencia positiva, ser disciplinado, amonestado o corregido es algo positivo, aunque no siempre agradable
  • Un aprendizaje valioso para la vida, ser escuchado o buscar los argumentos para defender una postura requiere de un trabajo de introspección importante.
  • No importa tanto lo que ha sucedido sino lo que vamos a hacer con lo que ha sucedido, el conflicto muestra la carencia de cada uno por eso la mediación permite entrenar distintas estrategias para la gestión del conflicto.

Haim Ginott en su libro "Entre padres e hijos”, uno de los primeros libros que leí hace años, dice "Los niños son como cemento fresco. Cualquier cosa que caiga sobre ellos deja una huella". Estas huellas tienen que ser aprendizajes, experiencias positivas, recuerdos agradables o sensaciones de cuidado, lo que no puede ser es que queriendo educar pisemos la autoestima, dañemos el autoconcepto y queden unas pisadas que nada bueno ofrezcan.

Leticia Garcés

Leticia Garcés

Pedagoga. En 2010 fundó Padres Formados, desde donde imparte cursos de  formación a familias y profesionales en temas relacionados con la Educación Emocional y la Parentalidad Positiva tanto presencial como online, a nivel nacional e internacional (Colombia y México).

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