Lucía, mi pediatra: “Para que nuestros hijos estén bien tenemos que estarlo también nosotros”

Hablamos con Lucía, mi pediatra sobre la maternidad, la importancia del autocuidado y otros muchos temas.

lucia mi pediatra
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SP: En este nuevo cuento vuelves a hablar de los niños con necesidades especiales y la importancia de aceptarlos con normalidad. ¿Qué errores cometemos más los que estamos a su alrededor?

Fruto del desconocimiento, del miedo a decir nosotros o nuestro hijo algo inapropiado o que pueda sentar mal al niño con necesidades especiales o a sus padres, tendemos a no hablar con ellos y a apartarnos discretamente. Aunque no exista mala intención por nuestra parte, ese niño y esos padres sufren al ver que les tratamos distinto. En muchas ocasiones no hablamos del tema con nuestros hijos, no les explicamos que cada persona es distinta y que son las diferencias las que nos convierten en seres extraordinarios. El niño del que hablo en mi cuenta es real, va a mi consulta y tiene 10 años. Con este cuento quiero normalizar la diversidad y transmitir a los padres que, desde que son pequeños nuestros hijos, debemos educarles en que todos somos diferentes y nos merecemos el mismo respeto, que todos los niños tienen el mismo derecho al juego y que, detrás de cada niño que se aparta para no jugar con otro, hay unos padres que sufren y que terminan evitando este tipo de encuentros. Normalicemos esos encuentros, tratemos a estos niños igual que al resto, no los excluyamos.

También has querido poner en valor a la pareja, la importancia de tener ratos exclusivos sin hijos. ¿Qué consecuencias puede traer el descuidarla?

Yo tengo un termómetro muy fiable en mi consulta porque veo cada día a muchas familias y soy consciente del porcentaje de separaciones y divorcios que se dan cuando llega un niño a casa. Detrás de estas rupturas hay madres o padres, sobre todo madres, que se vuelcan mucho en la maternidad y no saben gestionar el resto de su vida. Ponen a sus hijos en el centro sin darse cuenta de que se alejan de todo los demás: de sus amigos, sus aspiraciones laborales y su pareja. Entran en una rueda en la que, como se suele decir :“Los unos por los otros, la casa se queda sin barrer ”. El tema de la pareja es un capítulo que me pedían muchos padres que se sentían culpables por querer tiempo para ellos solos, para irse a cenar sin sus hijos. A los niños hay que dedicarles y educarles en un amor generoso, no exclusivo. Explicárselo a los niños es fundamental para que cuando quieras disfrutar de momentos sin ellos sepan encajarlo. Para que nuestros hijos estén bien, nosotros tenemos que estar bien. No nos olvidemos de cuidarnos a nosotros y a nuestra relación, porque si las cosas empiezan a ir mal en la pareja, los perjudicados también van a ser ellos.

El enfado en los niños es otro de los capítulos. ¿Por qué solemos gestionarlo tan mal?

Porque nadie nos ha preparado para ello y cuando llega nos pilla por sorpresa. El error radica en que intentamos gestionar los conflictos de niños con 2 o 3 años poniéndonos a su nivel y eso nunca va a funcionar. Tú eres un adulto y tienes los recursos para gestionar su rabieta, posees ciertas habilidades y, si no las tienes, debes buscarlas. No tenemos que tratar al niño como una persona adulta ni razonar desde nuestro yo adulto. Es fundamental saber cómo funciona su cerebro para intentar gestionar estos conflictos desde la calma y la madurez.

¿Cómo sacar a un niño del “no quiero” y el berrinche?

Depende de la edad del niño. Cuanto más mayor sea, más grande será su capacidad de racionamiento y más podremos hablar con ellos. Cuando son pequeños, debemos recurrir a nuestro lenguaje no verbal: intentar abrazarle, decirle frases cortas, como “Ahora no”, “Vamos a esperar”, pero siempre en un tono bajo y sereno. Cuanto más exaltados estén ellos, más tranquilos debemos mostrarnos. A veces tendremos que tomar distancia, porque su cerebro irracional está muy encendido y un poco de espacio lo agradecen. Esto no significa que les tengamos que encerrar en una habitación o llevarle al rincón de pensar, sino movernos unos pasos, distanciarnos y decirle: “Cuando estés tranquilo, hablamos”. Utilizar el lenguaje no verbal de la calma y la serenidad hasta que salgan de su irritación y vuelvan a su corteza prefrontal, que es la que permite controlar los impulsos y la autorregulación emocional. Es entonces cuando nos pueden pedir perdón y podremos cogerlos, hablar con ellos y explicarles las cosas. Solo una vez que el niño esté tranquilo. Nunca debemos abordar la rabieta cuando está en su momento de ira.

¿Cómo podemos mantener la calma los padres en situaciones en las que nuestros hijos nos sacan de nuestras casillas?

Trabajándolo. El adulto nunca se puede escudar en el “yo no puedo”. Yo no podía tampoco en la primera rabieta , pero se va trabajando. Si ves que estás desbordado y afecta a tu convivencia familiar es necesario acudir a un psicólogo, para eso están los profesionales. Desde un punto de vista objetivo y basado en la ciencia, el psicólogo guiará a la familia para abordar los conflictos poco a poco.

En Instagram, cada viernes abres una ronda de preguntas para tus seguidores. ¿Cuáles son las que te divierten más?

Cuando las madres te cuentan experiencias personales como si te conocieran de toda la vida. A veces las escribo por privado diciéndoles: “¿Pero eres consciente de lo que me has contado?” . Entonces me responden que, aunque yo no las conozca, para ellas es como si me conocieran de toda la vida. Me cuentan intimidades de pareja o asuntos que solo conocen ellas. Aunque la mayoría de las preguntas son anécdotas divertidas de la crianza, lo que dice la suegra o su madre… Preguntas que sirven para desmitificar temas, meter un zasca a la suegra y normalizar. Al final se trata de poner un poco de sentido del humor y acabar con los mitos existentes en torno a la maternidad.

¿Y las que te crean más impotencia o te dejan dándole vueltas a la cabeza?

Esto me pasa habitualmente cuando algunas mujeres te cuentan situaciones desesperadas de las que no son capaces de salir, como de violencia de género, situaciones límites de problemas de salud mental, cuando no tiene un acceso ágil y rápido a unidades de salud mental públicas y no se pueden permitir las privadas, hijos con enfermedades graves y sin buen pronóstico… Escriben para desahogarse y lo que me apetece es cogerme un tren y darles un abrazo por lo menos. Pero el hecho de que utilicen una plataforma como la mía y lo puedan verbalizar ya es un paso, aunque me genera mucha impotencia.

¿Qué temas preocupan más a los padres?

Depende de la edad de los niños. Cuando son bebés, el tema del síndrome de la muerte súbita del lactante, el bienestar en general del bebé y el “¿esto es normal o no?” ocupan los primeros puestos. A medida que cumplen años, el gran mundo de la alimentación, cómo y cuándo empezar. También el miedo a que el niño pueda atragantarse, que hace que algunos padres retrasen la alimentación complementaria; pero no podemos transmitirles esos miedos a nuestros hijos. Cuando empiezan el cole, las dudas giran en torno a las infecciones y a los dolores en general, cuándo acudir al médico, las rabietas... En la adolescencia surgen otras dudas… ¡Esto no para! (se ríe).

Cuentas con varios centros de pediatría, los Centros Creciendo, ¿qué crees que les diferencia del resto?

El abordaje integral que damos a los niños y a sus familias, tanto de la salud física como emocional. Contamos con todas las subespecialidades pediátricas, pero también de salud mental: Psicología, Logopedia, Nutricionista infantil, Psiquiatría …Además, tenemos unidades específicas para adolescentes y para sus padres. Por ejemplo, si hacemos un diagnóstico de TEA, los padres también van a necesitar ayuda y les damos soporte.

Se te ve una persona muy optimista, ¿te esfuerzas por ver siempre lo positivo o esta personalidad viene de serie?

Siempre he sido una niña muy sonriente y felizona pero en parte ha sido gracias a mis padres, que he tenido unos maestros de vida que han visto siempre el lado bueno de la vida. Y en las crisis y dificultades he visto que desde el optimismo todo se vive y afronta mucho mejor. Desde el vaso medio lleno es más probable pensar que las cosas se van a solucionar. Es una combinación de genética, aprendizaje de mis padres y del mío propio a través de las crisis que he pasado.

¿Qué valores te gustaría haber inculcado a tus hijos?

Mis hijos son ya adolescentes y empiezo recoger lo sembrado. Es ahora cuando tienen un criterio propio. Estoy en un momento dulce porque lo empiezo a ver. La empatía y la sensibilidad hacia el sufrimiento ajeno lo he trabajado mucho con mis hijos. También, la capacidad de sacrificio y la cultura del esfuerzo. Por último, la resiliencia, la capacidad de superar las adversidades desde un punto de vista optimista y esperanzador, porque todos vamos a pasar por malos momentos, pero la actitud con la que nos enfrentemos a ellos marca la diferencia. Por supuesto, la honestidad, el ser buenas personas, genuinas, con la verdad por delante, aunque sea su verdad, pero que la peleen, que la defiendan, así conseguirán ser personas de bien.

¿Dónde te ves dentro de 20 años?

Disfrutando de una vida mucho más tranquila y sosegada de la que tengo ahora, viendo todos mis proyectos en floración continua y sintiéndome orgullosa de ese legado. Disfrutando de mis hijos en su etapa más adulta y viajando. Me veo trabajando menos y viajando más .

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