Tendencia peligrosa

Por qué no deberías seguir la moda de apilar piedras en las playas con tus hijos

Parecía que esta moda dañina para el ecosistema de su entorno era algo del pasado, pero imágenes tomadas estos últimos días en la playa de Las Catedrales demuestran que todavía no hemos asimilado el riesgo que entrañan para animales y plantas.

Foto: Pexels
Foto: Pexels

En el último lustro, especialmente en el verano del 2019, donde alcanzó su punto álgido, se convirtió en tendencia construir pilas de piedras planas en las playas. De repente, estas esculturas efímeras poblaron Instagram y la costumbre fue a más.

Parecía que era cosa del pasado porque los expertos en cuestiones medioambientales y relativas a la fauna y la flora se apresuraron a informar del impacto negativo de esta moda, pero en los últimos días hemos visto que todavía se sigue haciendo en lugares tan emblemáticos como la playa de Las Catedrales.

Fotografías recientes de dicho espacio natural situado cerca de Ribadeo, en Galicia, nos han recordado que no hemos aprendido la lección y seguimos cometiendo una práctica que es dañina sobre todo para las plantas y los animales que necesitan el refugio de estas piedras con las que muchas personas crean mojones al apilarlas. Hasta tal punto sigue viva la cuestión que el propio alcalde de Ribadeo, Fernando Suárez, ha emitido un comunicado para informar de que se tomarán medidas para evitar que esta mala costumbre reciente se siga viendo en Las Catedrales, un paisaje protegido. 

Esta decisión de sancionar no es una novedad. Sin ir más lejos, también en Galicia, el año pasado tomó una decisión similar el ayuntamiento de Camariñas, municipio de A Coruña, para proteger el Cementerio de los Ingleses, espacio protegido por la Red Natura 2000 que se llenó de estos mojones o montículos de piedras apiladas -conocidos como milladoiros también en Galicia por su relación con un ritual propio del Camino de Santiago-. 

Apilar piedra en las playas tiene consecuencias negativas

Lo que a priori puede parecer un hábito inofensivo, de ahí que no sea extraño ver a familias enteras disfrutando de su construcción playera con piedras del entorno ajenos a las consecuencias en el medioambiente que ello tiene, conlleva una serie de riesgos de los que ya han alertado numerosos expertos en veranos recientes. 

Uno de los estudios al respecto más interesantes y fiables porque lleva el sello del CSIS (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) es el elaborado por un equipo internacional de investigadores que concluye que apilar piedras en parajes naturales -es todavía más dañino en aquellos espacios áridos, con poca vegetación, y las playas lo son- supone un “grave atentado” a la biodiversidad

El motivo es que estos montículos creados por el ser humano, a veces niños motivados a ello por sus propios progenitores, modifican el hábitat natural de especies animales y vegetales que utilizan las rocas como refugio o que son vitales para crear un microclima determinado en dicho paraje natural.

La investigación en cuestión, publicada por la revista científica Human-Wildlife Interactions, alertaba ya entonces de que esta moda afecta a zonas naturales de lugares muy diversas. En España, sin ir más lejos, a los archipiélagos canario y balear respectivamente, y no solo ocurre en las playas. En Tenerife, según detalla la investigación, se ha documentado esta práctica en el Parque Natural del Teide, otro paraje natural con escasa vegetación en su parte más elevada sobre el nivel del mar.

El daño no lo hacen los montículos de piedras apiladas sino que estas dejen de hacer la labor que llevan a cabo para la naturaleza cuando se disponen de manera aislada y natural sobre el pareja natural que ocupan. Al apilarse, dejan de crear las condiciones especiales de temperatura y humedad que insectos, arañas o caracoles, entre otros animales -también lagartijas en determinados lugares-, sufren sus consecuencias. De hecho, el estudio del CSIC explica que se ve alterada la dinámica entre depredadores y presas o competidores. 

Ni siquiera deshaciendo la pila de piedras -a veces lo hace el viento o el oleaje si el agua está cerca de los mojones- para conseguir la foto deseada se pueden evitar las consecuencias negativas descritas porque ya no tendrán su disposición natural, pero dentro de lo perjudicial que es esta moda que ya dura varios años, es mejor deshacer lo construido antes de abandonar el lugar, cosa que por cierto no suele ocurrir como se aprecia en las citadas imágenes recientes tomadas en la playa de Las Catedrales. 

Ojalá esta pieza sirva para concienciar acerca de un hábito extendido entre los turistas, también menores, para que disminuya su práctica. La divulgación es esencial para mejorar como sociedad y es imprescindible en materias como el cuidado del medioambiente, para el cual es perjudicial el hábito de apilar piedras en parajes naturales áridos, incluidas playas.

Rubén

Rubén García Díaz

Papá de dos niñas y periodista, la mejor combinación para que broten dudas, curiosidades, consejos efectivos (también otros que no lo son tanto) y experiencias satisfactorias que compartir en este espacio privilegiado para ello.

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